viernes, 8 de marzo de 2013

DISCO DE CONVERSACIONES: ALLKÜTUWAYIÑ


ALLKÜTUWAYIÑ 1

Erwin Quintupill

Este disco de Alan Paillan Manquepillan fue seleccionado y financiado por Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (2010). En él podemos escuchar conversaciones en que los narradores cuentan distintos momentos vividos en familia y/o en comunidad. En la actualidad – a través de este disco – ellos/as cumplen el rol de ser transmisores de la memoria, a Alan Paillan primero, y a través suyo, a nosotros.

Los relatos/conversaciones son en castellano y en mapuzugun.

He aquí un fragmento del relato de don Emilio Paillan:

“Feley may. Iñce ta Emilio Juan Bautista Paillan Coñoepan pigen. Jeqvrken ta Wapi mapu mew. Comuna Saavedra, pi ta wigka. Femjemay, fey... mvley ta kiñeke bafkeh pigekey; Lago Budi, pigekey. Feyci mapu xemvn iñce. Piciwenxugerkegun ka. Wecewenxugefun, piciwenxu. Piciwenxu reke xiparken. Xipan ti ci ruka mu... ñi caw ñi ruka mew. Caw ñi ruka mew. Cew ñi xemvn, cew ñi jeqmun. Amurken ta ka mapu.”

Traducción:

Está bien. Yo me llamo Juan Bautista Paillan Coñoepan. Crecí en Huapi. Comuna de Saavedra le llaman los wigka. Pues, allí hay un lago. Lago Budi, se llama. En esa tierra crecí. Allí fui niño y también joven; pero, era niño cuando salí de allí. Salí de la casa de mi papá, en donde nací, en donde crecí. Me fui a otra tierra.

A continuación, la continuación del relato, traducido al castellano:

“A mí me mandaron. Siendo niño, me mandaron. Mi padre trabajaba bien en ese tiempo o no, no lo sé. No tenía muchos hijos. Tenía sólo tres. El mayor, José Carlos; yo, el segundo; y el último, Jorge.

Yo tendría unos diez años. Mi padre parece que era materialista. No conozco bien ese asunto, el cómo era él. Me llevó a otro lugar, semejante a éste. Ahí llegué. Ahí me fue a dejar mi papá. Allí fui mozo, mandado. Cuidaba chanchos, ovejas… Por todas partes andaba; pero, era niño, pues tenía diez años.

Me dejó mal mi papá, en ese tiempo. Solía sentir rabia; pero, qué se le va a hacer, así es la vida me solía decir. Siendo niño me fue a tirar a otra tierra. Se entristeció mi corazón y solía andar llorando. Si era niño, por eso solía llorar. La mamá está en otra parte; padre, no tenía. ¡Cómo me dejó solo!, solía decirme. Me dejaron solo y solía andar llorando. Dormía en el campo, a orillas del bosque. No comía…

Cuando llegaba a la casa en que era mozo, te has portado mal, me decían. Me retaban. Mandaban a un mozo grande y ese me retaba. Yo solía llorar. Tan mal que dormía, ni comía siquiera.

Cuando llegaba la noche, como no me daban comida, solía entrara donde estaba el pan, la harina tostada, la comida. Solía entrar… Entonces, iba a buscar tortilla. Traía una y me la comía. Más o menos a la medianoche me levantaba y entraba a la cocina para sacar pan, comida. Después dormía debajo de una cama y allí también comía.”

Continúa don Emilio narrando otro momento de su vida y finaliza cuando se traslada a Santiago, teniendo aproximadamente 13 años de edad.


Irma Cayun resume parte importante de su vida cantándole a otra mujer. Entonando una melodía cuenta que salió en carreta desde su lugar de origen. Ya lejos, cuando llegaba la noche solía pensar y su pensamiento le hacía darse cuenta de que estaba sola. Agrega que tenía trece años cuando emigró. Después cuenta que se casó y que tuvo cinco hijos (tres hombres y dos mujeres). Ahora tiene nueve nietos. Finaliza diciendo “así es la vida del mapuche. ¡Qué le vamos a hacer!, siendo así la vida mapuche”.

Lamento que el disco esté editado en una sola pista, de modo que si es usado como material pedagógico presenta alguna dificultad, sobre todo al reproducirlo en un equipo de música. Digo esto porque es para escucharlo muchas veces, fragmentado, o sea, por informante. Quisiera saltarme de una pista a otra, alterar la secuencia.

Tampoco hay información precisa para identificar a cada una de las personas que “conversan” a través de este disco. Incluye un folleto en el que se muestran fragmentos breves del relato de sólo cinco informantes; pero, parecen ser más. Interesante sería conocer la edad, el lugar de procedencia y el sitio en que cada uno de ellos vive en la actualidad. La conversación mapuche tiene origen, no surge de la nada.


Este disco hay que escucharlo en silencio, sin interrupciones… Luego, sin lugar a dudas, es ideal conversarlo, comentarlo. Encontrará relatos de experiencias que se complementan. Fácilmente se distinguen los distintos modos de abordarla existencia. Esto permite ver el enorme valor de su contenido, al llevarnos a un tiempo lejano y devolvernos al presente; pues la memoria sirve para viajar al pasado antiguo y por medio de ese ejercicio hallar los elementos que permitan transformar lo actual y con ello intervenir el futuro. De ese modo intervenimos, somos protagonistas, autónomos de pensamiento y de acción. Relatos como los que encontramos en este trabajo sirven para fortalecer la identidad, sin lugar a dudas, aunque sean desparejos en cuanto a la importancia que uno pueda signarles.

Se habla de los orgullos, de las vergüenzas, de la miseria material y humana, la relación con los muertos, la vida social, las costumbres, el valor de la conversación, las enseñanzas… y mucho más. Se habla como a orillas de un fogón, fijos en el pensamiento, sujetos a la memoria.

Los relatos fueron enlazados con sonidos naturales recogidos en diferentes momentos. Una caminata; sonidos de agua, de algún trabajo, de aves del campo y otros le dan a este trabajo una ambientación que intenta aproximarnos a los orígenes.

Para bien o para mal, escúchelo. No lo deje pasar.


ALLKÜTUWAYIÑ 2

A continuación entrego la transcripción del relato entregado por Mariano Calfuqueo. La mayor parte de dicho en mapuzugun, es traducido por el mismo Mariano inmediatamente después de lo dicho.


“En esto de la vivencia del nvxam y todo lo que se hacía cotidianamente, antes -como el pentukuwvh, peñi-, eso está en que nosotros conversemos con nuestros hijos y le volvamos a hacer saber la simpleza de ser mapuche, porque nosotros - lo nuestro -tampoco vamos a decir que es una religión y tenemos que llevarlo -poco menos- como una secta. Si nosotros sabemos reírnos, somos libres… Nosotros tenemos la picardía como mapuche. Sale a flor de labios. Nosotros nunca hemos sido tristes tampoco, como muchos lo han querido hacer (creer).

“Entonces, si todo lo combinamos, esto no puede ser tan lejano. Solamente que a nuestros hijos (tenemos que) inculcarles el mapuzugun. Kintuaymi ta mapuzugun. Kintuaymi ta cumgeci ñi gijatukefen ta kyufi. Entonces, los niños aprendiendo a hablar en mapuzugun, es un gran rescate. Está en nosotros como hoy día estamos los mayores, y no pasar lo que pasó en el tiempo de la “Pacificación”. Por eso es tan importante que (a) nuestros hijos hay que ir de chiquititos metiéndoles ese autoestima, para que ellos en el día de mañana no se avergüencen delante de una papay. Y si la kuze papay, kvme zuwan califi ti pici wenxu, el niño que devuelva también cordialmente el saludo. Y si la papay entabló una conversación con él, el niño tiene que entablar también una conversación con ella. Eso se puede ir dando. Se va a dar. Se va a dar; pero, con la cuestión que nosotros tengamos que decirle a nuestros hijos “así es la cosa”. Así de esa forma tiene que ir dándose la cosa.

“Yo tuve la fortuna de vivir en ruka, peñi. Tuve la fortuna de vivir en ruka y andar a pie descalzo. Anduve a pie descalzo por dos motivos: uno, porque me gustaba andar, y otro porque no había como comprar zapatos, ni nada de eso. Lo otro, cuando me compraron zapatos, para mí fue super incómodo, así que vxvfilfiñ, lo boté, no me acostumbré. No sé… mis pies… estaban mejor así.

“Debido a que la ruka no es tan grande, pero el kvxalwe siempre era de ponerlo en medio. Femgeci ta mvlekefuy em, alrededor del kvxalwe, xvlke. Xvlke kujiñ ta mvlekefuy. Generalmente, xvlke ufisa, donde podíamos sentarnos. Feymu elukunekefuiñ kofke. Nos daban un pedazo de pan a cada uno en la noche y femgeci nvxamkangefuiñ. Así nos llevan a conversar. De repente, en la conversación nos tiraban, nos daban como el gvbam. Gvbamtugekefuyiñ. No era una conversación a tontas y a locas, que el vecino esto para allá. Feyci nvxam ta mvten mvlekelafuy. Era de… Por ejemplo, la abuela contaba lo que le había pasado a su abuela antes. Todo ese nvxam era largo y extenso. De repente, nosotros si bien decíamos, pero… ¡cómo no se quedaban dormidos!, porque ahora los niños -imagínese- ya están durmiendo. Pero, era tan amena la conversación de la papay, de la abuelita que nosotros estábamos ahí, pendientes qué otra vivencia, qué más tenía por contar. Y, aparte de eso, venía el gvbam. Feymujemay ta eymvn ta femgeci yekeaymi ta nvxam, nos decían. Por eso, ustedes, de esta forma tienen que llevar el nvxam. Y esperábamos que la abuela terminara de hablar. Nadie interrumpía (a) la abuela. Ningún niñito le preguntaba o “Iñce kay, iñce zuguan”. No como ahora, “yo, yo quiero hablar, señorita”. No pues. Era de mala educación hacer eso. Entonces, cuando terminaba de hablar la abuela, ahí uno podía hacer la pregunta o cualquier cosa; podía entrar también en la conversación. Pero, antes de eso, se dejaba hablar (a) la abuela.

“Feymujemay ta ka femgeci ta ka yenekefuy ta pentukuwvn. Así mismo era el pentukuwvn. Siempre se dice que hasta el estornudo de la persona de al lado podría ser una falta de respeto para los que estaban haciendo el pentukuwvn. ¡Era tan extenso!, por eso, de repente, conversaban y les llegaba la noche. Umakonkvlefuy ta wixan, o sea, llegaban los wixan y se quedaban hasta el otro día, porque había harto que conversar. Eran largas (las conversaciones). Así mismo, como le digo, hablaba mucho rato uno, y el otro estaba todo el rato esperando; por eso era tan extensa la conversación, por eso eran tan largas y pasaban horas y horas, porque el otro no interrumpía la conversación. Entonces, era ameno.

“Ahora andamos viendo la hora. ¿Qué hora será? Estamos todos sometidos al horario wigka. ¿Será las 12 de la noche, ya? Mañana tengo que levantarme a la seis de la mañana, por eso no puedo seguir conversando. Pero, kuyfi em ta femkelafuiñ ta iñ pu ceyem. Eso no existía dentro de nosotros, antes.

“Así, tuve esa vivencia. Así alcancé a escuchar. Así también como relato, epew, cuentos que había. Esos epew eran para que… con ellos nos iban educando, a nosotros. Debido a todos esos cuentos y relatos que había, nos iban educando a la vez. Tampoco nos contaban cuentos por contarnos nomás, sino para que tú te fueras formando derechito. Eymi kam, femlayaymi, no?, fey ta, epew reke. Tú no vas a ser como el zorro. Eymi kay weñelayaymi, no? ¡Tú no vas a meterte a robar! Todo era una conversación, pero (era) una conversación educativa. Por eso, no necesitamos ni siquiera aprender a escribir. Porque antes que nos conversaran también, nos decían: Logkotukupuafimvn ta ci nvxam. Ka antv, feypifeypigeaymvn ta eymvn, nielumetulmun ta yal, nos decían. Así que nos hacían poner harta atención por la conversación; porque un día –nos decían- vayan a decirle, si es que algún día llegan a tener hijos. Femgeci ta yegeaymi ta nvxam. Así tienes que llevar tu conversación. Esas son las ideas que uno va sacando y cuando crece uno: Ah, feymuama; femgeci zugugekefun. Ah, por eso a mí me hablaban esto.

“Feymujemay, femgeci yekefuy ñi nvxam ñi kukuyem. Así llevaba la conversación mi abuela. ¡Era por esto! Porque yo no puedo desviarme de ese lado, sino que tengo que siempre ir. Y no ir aparentando. No tener esa apariencia de un día decir una cosa y al otro día –a la escondida, estás metiéndote en otra. Eso siempre fue un reglamento que hay”.

1 comentario:

Alan Paillamanke dijo...

Quienes se interesen por el Disco escriban a:
talladosaliwen@gmail.com
o bien a la cuenta Facebook:
Arte Mapuche Aliwen
Debo mencionar que todos los elementos y la información dispuesta en ésta creación Vol.1, responde a una intencionalidad meditada por largo tiempo, por tanto no hay ningún elemento que sobre ni falte, al respecto como autor, no comparto que en éste comentario público se transcriba y traduzca una parte importante de las conversaciones sostenidas solo en mapuchezungun. No obstante creo entender la lógica que motivo tal acción, pero reitero, no la comparto.