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martes, 28 de octubre de 2014

RELATOS ORALES MAPUCHE en la Comunidad de Saltapura


 Afiche
Diseño: Marcelo Flores Quintupill

Erwin Quintupill
quintupillerwin@gmail.com

Los relatos orales mapuche, en general, tienen la función de comunicar ideas y sentimientos, las impresiones personales y colectivas. En resumen, constituyen una muestra de lo que entendemos por cosmovisión mapuche, abarcando diversos tipos de discursos.

Algunos, como los epew[1] poseen claramente una intencionalidad pedagógica. Constituyen, ellos, un constructo del colectivo de otros tiempos con el fin de instruir a los picikece[2] en los valores y principios que sustentan el Azmapu[3]. Son al mismo tiempo, altamente lúdicos, de modo que es común que los jóvenes y adultos los disfruten de igual manera que lo hicieron en su infancia, aunque ahora desde el rol de adultos. Otros, poseen una función más inmediata, como por ejemplo, las conversaciones de lo cotidiano, aunque en ellos puede estar el germen de lo que se instala en la memoria individual primero y en la colectiva después.


Afiche
Diseño: Centro Cultural Curarrehue

Algunas generalidades de la cosmovisión mapuche

La vida mapuche transcurre en directa relación con las normas que rigen a la naturaleza. El hombre y la mujer entienden que sus existencias están ligadas a todo lo que le rodea. Visto desde las ciencias naturales, la vida mapuche se conecta con los componentes bióticos y abióticos[4]. La intensidad de estas conexiones es variable y depende en gran medida del comportamiento humano. Así, entonces, se asumen como igual de importantes que ellos y su relación con el cosmos ocurre de modo horizontal[5].

A modo de muestra, las personas mapuche “hablan” o se comunican con lo demás. Por ejemplo, con las plantas para tomar parte de ellas - ya sea la corteza, ramas, hojas, frutos o flores - cuando éstas son requeridas de modo especial, para curar una enfermedad o para participar en ceremonias. Desde el conocimiento occidental, se puede decir que la gente mapuche entiende que su energía – la propia, la que le da vida – permanentemente está conectada a las demás energías, es decir, a la de los demás cuerpos, sean estos vivos o no[6]. Sin embargo, esta conexión está sujeta al devenir de las demás energías, de modo que se establece una especie de red invisible que tiende a un equilibrio, lo que se manifiesta a través de los estados de salud y enfermedad, teniendo en consideración que entre ambos estados existe una secuencia de estados intermedios que se ordenan cíclicamente.

En este contexto, los distintos componentes del cosmos juegan su propio rol en conexión con lo demás. El mapuche aprendió, antes que Occidente a través de los evangelizadores y la escuela chilena lo dijera, que el sol y la luna influyen en la vida del planeta que habita. Antes que la ciencia occidental creara la rama de la Ecología, los mapuche entendían con absoluta claridad la existencia de un frágil equilibrio cósmico, y como respuesta a esa realidad establecieron el azmapu y el gijatun[7].

Es esta realidad o parte de ella la que los diferentes tipos de relatos, creados por la gente mapuche de otros tiempos y del presente, pretenden dar a conocer.


Autor de imagen: Fernando Raguileo Canales

Los tipos de relatos

  1. Relatos de tipo literario

-          Epew: Relato de estructura simple que se inicia con la presentación de los protagonistas y de la situación que les convoca, continuando luego el desarrollo y finalmente el desenlace. Protagonizado por animales, recrea la cultura mapuche en todos los ámbitos en que transcurre la vida. Asume un rol fundamental en la formación de las personas en la primera etapa de su vida.
-          Vl (Ül): Canción o relato con forma de canción. Antecesora de la actual poesía mapuche, abarca todas las temáticas (históricas, cotidianas, amorosas, lúdicas, picarescas, piam, etc.). No posee rima y en numerosas ocasiones es improvisada.
-          Kohew (Konew): Adivinanza. Microrrelato lúdico, cuyo rol es ejercitar la reflexión y contribuir a la formación de un pensamiento complejo, como el de los adultos, o sea, su función es esencialmente pedagógica[8].

  1. Relatos históricos: Tratan asuntos relativos a la historia local y/o de la Nación Mapuche. Una de las diferencias con los demás es que son completamente comprobables.

  1. Piam: Tratan asuntos no explicables con la lógica o que no poseen antecedentes totalmente objetivos, como los siguientes:

o   Kuyfi gvxam (Kuyfi nütram): Explican o recrean el origen de algo. En la cultura occidental se les llama relatos mitológicos. Como el de Xeg Xeg y Kay Kay que se sitúa en los tiempos originales y en situaciones de catástrofe provocadas por el agua (lluvia e inundación).
o   Perimontun: Narran hechos que escapan a la cotidianidad, una especie de “avistamiento”.

-          Animales encantados, que viven en sitios de agua o de difícil acceso (estero, mar, río, quebrada, pantano, cordillera, bosque).
-          Cumpaj (chumpall): Sirenas o sirenos con forma totalmente humana que viven bajo el agua y buscan unirse a los humanos a través del casamiento forzado.
-          Seres vivos ocultos y/o peligrosos: Cuero vivo, Culebrón, Concon (chonchón), Jepv (llepü) o Cinifilu (chinifilu), piwcen o piwucen (piuchen o piguchen).
-          Aparición de personas fallecidas (alwe).
-          Luces de comportamiento inusual[9].
-          “Fantasmas”[10]: Wixanalwe, ancimajeñ, cewvrfe y otros[11].

  1. Relatos de kalku: Narran asuntos tomados de la realidad, tanto así que en varios de ellos es posible reconocer a los protagonistas. También existen otros en los que no es posible hacerlo, pues con seguridad pertenecen a tiempos antiguos.

Dicho en lengua castellana son relatos de brujería; pero, es sólo una aproximación inadecuada. Los kalku son parte de la realidad mapuche. Podría asegurarse que son necesarios para equilibrar las energías, ya que la reacción de la comunidad no es el aislamiento de ellos, sino – más bien – de resguardo.

e. Relatos de la cotidianidad: Aquellos que tratan de asuntos diarios como el trabajo y la convivencia humana.



Bibliografía:

Quintupill, Erwin (inédito).   En Saltapura, junto al fogón.

-------                           Adivinanzas. (http://mingakokultural.blogspot.com/search/label/Adivinanzas)



ANEXO: MUESTRA DE RELATOS

Relato de tipo literario

Ver en http://mingakokultural.blogspot.com, la etiqueta Epew.

Relato histórico

Ver http://mingakokultural.blogspot.com/2011/09/saltapura-lof.html

Relato de piwcen (Piam)

Se trata de que en un lugar había un laurel grande, un roble, en el que había unas plantas en la parte alta; de esas parecidas a los chupones; pero, más pequeñas. Entonces, se creía que en ese lugar había piwcen. Es un animal con forma de pájaro habitualmente. La mayor parte de las veces se presenta con forma de gallina. Pasaban cosas, por eso la gente tomó esa idea. Los animales se morían y la gente se enfermaba, sin explicación.

Un día, un hombre que no era del lugar se presentó diciendo que él podría sacar el problema, echando abajo el árbol. La gente sabía que de ese modo podía eliminar al piwcen; pero, no sabían cómo hacerlo. Ese hombre les pidió comida, harto ají y alcohol, o sea vino. Cuando tuvieron todo listo, el hombre se puso a cortar el laurel. Se detenía a cada rato para comer ají y beber, y a lo lejos algo de comida; sin embargo, no se emborrachaba ni se sentía mal por la cantidad de ají que ingería.

Habiendo pasado varias horas, porque el árbol era grueso, logró botarlo. Entonces, la gente se allegó al lugar y se encontraron con que en la parte alta del laurel el piwcen había construido su nido, y… allí estaba, borracho, atontado. No ven que se dice que estos pájaros chupan la sangre de la gente a la distancia; entonces, lo que le pasó fue que se tomó el vino y el ají que el hombre tomaba y comía. Por eso se emborrachó… En esa situación, la gente mató al piwcen y también a sus crías.


SEÑOYKAWE
(Ricardo Loncon – Lefhueluan – Traiguen)

A veces la olla se subía
desparramando el jugo de la carne
y un olor a grasa se levantaba de las brasas.
Mi abuela Elisa decía que Señoykawe,
el alma alegre del fogón,
estaba probando el sabor de la comida.

Señoykawe es pequeñito como tú,
pero mucho más travieso, mucho más.
¡Mira, él ya probó este alimento! me decía
extendiéndome un trozo de carne.

Señoykawe, diminuto remolino,
emergía desde el centro de las brasas
levantando una nube de cenizas
y desaparecía,
seguramente en dirección a otro fogón
donde se estuviera cocinando carne.

Fuente: Huenún, Jaime. (2011) Ragengey ti dungun. Pichikeche ñi mapuche kumwirin. La palabra es la flor. Poesía Mapuche para Niños. Mineduc.





[1] Epew: Relato protagonizado por animales que recrean las características y problemáticas importantes que acontecen en el mundo mapuche.
[2] Picikece (Pichikeche): Personas pequeñas (niños y niñas).
[3] Azmapu: Conjunto de normas que orientan la existencia de todos los componentes del Cosmos.
[4] Lo biótico está constituido por los componentes vivos. Lo abiótico, por los componentes inertes (suelo, agua, aire, fuego y otras expresiones como la luz, el sonido, la energía…).
[5] Este modo de conectarse al cosmos está experimentando cambios acelerados con la intromisión de los conocimientos académicos y los modos de vida no mapuche que llegan a ser conocidos – principalmente – a través de los medios de comunicación masiva (televisión y radio, en particular), aunque el rol de las diferentes iglesias y de la institucionalidad chilena es igualmente importante en dicho proceso.
[6] La Física asegura que la energía está presente en todos los cuerpos, ya sea en el modo de energía cinética o potencial gravitatoria.
[7] Gijatun (Nguillatun): Ceremonia en que el colectivo mapuche pretende conectarse a las energías, para restablecer y/o mantener el orden cósmico. En ella, se solicita y da, pues el principio básico de la reciprocidad universal está en sus fundamentos. Erróneamente, se le ha traducido como “rogativa”, queriendo significar que el pueblo mapuche “pide o ruega” del mismo modo que la cristiandad.
[8] Se hace necesario destacar que los epew y los kohew, fueron creados por la cultura mapuche para contribuir en la formación de las personas. Así, entonces, se puede afirmar que los mapuche se adelantaron siglos al actual constructivismo pedagógico que considera las experiencias previas, el aprender haciendo, las áreas de desarrollo próximo y lo lúdico como recurso didáctico fundamental.
[9] ¿Foo Fighters?
[10] Entre comillas, pues no se me ocurre asignarles nombre en mapuzugun y son próximos a los denominados fantasmas de la cultura occidental.
[11] Ricardo Loncón, de la zona de Traiguen, ha escrito un poema a Señoykawe que vive en el fogón. (Ver anexo)

lunes, 12 de noviembre de 2012

EL ZORRO

Los epew del compadre zorro son varios y entre las familias se cuentan de diferentes modos. A veces, los epew se superponen, es decir, se enlazan y son narrados como si de un solo relato se tratara; pero, éste es único y no lo he escuchado en otro lugar sino que junto al fogón en mis años de infancia y después en torno a la mesa. Yo mismo me regocijo de darlo a conocer cuando la ocasión lo permite, cualquiera sea el sitio.

Pici epew (cuento breve), más parece un chiste.

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Hubo una ocasión en que el zorro fue a tomar agua al estero, después de haberse comido una gallina que se había robado. Hacía calor ese día, además. Era como mediodía y no había casi ningún ruido en el bosque, todo estaba en calma.

Tomó harta agua el cochino y después se fue por un caminito que había en el bosque; cuando de repente escucha como un silbido al mismo momento en que él daba sus pasos. Se detuvo y se quedó escuchando; pero todo estaba en silencio.

-          ¡Bah! ¿Será mi imaginación?, se dijo.

De nuevo empezó a caminar; pero, otra vez sintió como un silbido. Se detuvo de improviso y de nuevo NADA.

-          ¿Qué será entonces?, se dijo.

Empezó a ir un poco más rápido. Se preocupó, porque no sabía de qué se trataba; pero, al apurarse escuchó de nuevo el silbido, al mismo ritmo que él se apuraba. Se molestó y se detuvo de un repente… y de nuevo lo mismo: todo estaba en silencio, ni los pájaros se escuchaban, todos estaban callados a esa hora, ¿no ven que hace calor?

-          ¿No será que alguien se está riendo de mí?, pensó.

Y reanudó su marcha. Empezó a trotar. ¡Se escuchaba lo mismo!; pero, más rapidito. Otra vez se detuvo de un solo golpe.

-          ¿Qué porquería me estará bromeando?, pensó. ¿Dónde estará escondido? Pero…

Se enojó el zorro.

-          Me están remeando, pensó, y más se enojó.
-          ¡Pero… me voy a dar vuelta bien rápido pa pillarlo y ahí vamos a ver!, pensaba.

Entonces, empezó a caminar rápido y se escuchaba:

-          Fiu-fiu, fiu-fiu, fiu-fiu, despacio…

Apuró el pasó y más rápido se escuchaba el silbido… Empezó a trotar y más rápido salía el silbido…

-          Ya. Me voy a dar vuelta bien rápido, se dijo…

Y el zorro da la vuelta bien rápido.

-          Fiuuuuuuuuuuuhhhh… se escuchó.
-          ¡Ah! Eymi ta ñi weza kvciw anfe, pi ta gvrv[1].

Es que como había comido tanto y con tanta agua que bebió… Se llenó de gases y se les iban saliendo.

Fey ka mvteh. Ahí se termina el cuento.

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Fuente: Mi familia de todas las épocas (Raguileo Ñancupil, de Saltapura)
Mi mamá me lo contaba en mapuzugun. ¡Era bellísimo escucharla! No parábamos de reír, cuando lo hacía. Era estar viendo al zorro en el bosque que hay detrás de la casa y que en ese tiempo estaba un poco más tupido que ahora.


[1] ¡Ah! ¿Eres tú mi poto bromista, entonces?

LA VÍBORA

LA VÍBORA[1]

Se trata de un viejito y de una viejita que vivían solos, y que no tenían hijos. Un día, el viejito - que andaba en el campo - escuchó un llanto de guagua. Buscó y buscó, hasta que la encontró; pero, se trataba de un culebrón que lloraba como guagua. El viejito se lo llevó para la casa, y allá - con su viejita - lo criaron.

El culebrón empezó a crecer, y como si fuera un niño, también aprendió a hablar. Cuando ya era grande, el culebrón le dijo un día a su papá que se quería casar, y que quería que fuese a pedirle la mano de su hija al rey.

El viejito y la viejita se entristecieron, porque no habían pensado en eso; pero, como el culebrón insistió, al final el viejito fue donde el rey a pedirle la mano de la princesa para su hijo culebrón. El rey se enojó, porque lo vio tan pobre. Que ¡cómo su hija iba a casarse con el hijo de un hombre tan pobre! Así que le dijo que bueno; pero, con la condición de que le transformara las paredes que rodean el palacio en oro.

El viejito se regresó triste y le dijo a su hijo lo que había pasado. El culebrón le dijo que no se preocupara, y al otro día las paredes aparecieron convertidas en oro. Entonces, el rey, dijo que no era suficiente, que ahora tenía que transformar a todo el palacio en oro. El viejito volvió triste otra vez; pero, el culebrón le dijo de nuevo que no se preocupara. Al otro día el palacio apareció convertido en oro. Pero, el rey dijo que no era suficiente, que tenía que convertir toda la quinta en oro, los árboles y los frutos incluidos. Apareció la quinta convertida en oro. Entonces, el rey no pudo seguir poniendo obstáculos, así que aceptó dar la mano de su hija.

Se preparó el casamiento. Los viejitos estaban tan preocupados, porque pensaban en lo que ocurriría cuando supieran que su hijo era culebrón. El día del casamiento llegó el culebrón y toda la gente se asustó. La mamá de la princesa le decía que ¡cómo se iba a casar con un culebrón! Todos le decían lo mismo. Pero, la princesa dijo que se casaba, no más. Le dijo a su papá que si habían hecho el compromiso había que cumplirlo.

Así que el cura, todo asustado, les casó, y cuando dijo que el novio podía besar a la novia, el culebrón se enrolló en la princesa, y al momento de besarla, se convirtió en príncipe. Nunca antes habían visto a un príncipe más hermoso que ese.

Ahí quedaron todos contentos, y los príncipes se fueron a vivir al palacio. Pero, cuando se transformó en príncipe, el culebrón perdió la piel. El príncipe dijo que guardaran la piel, y le encargó a la princesa que nunca le hiciera nada, que tenían que mantenerla. Pero, un día, después de mucho tiempo, la princesa estaba aburrida con la piel, así que la echó a la chimenea: Se quemó.

El príncipe se enfermó: quedó casi ciego. Se convirtió en paloma y así llegó a la casa de los viejitos (sus papás). La princesa le salió a buscar, y cruzó un río para pasar donde una maci[2] para pedirle un remedio. Ella se lo dio. Con ese remedio llegó a la casa de los viejitos, y encontró al príncipe ciego. Entonces, ella le echó el remedio en los ojos, y de a poco, el príncipe volvió a ver.

Después regresaron al palacio y allí vivieron.
 


[1] Narrado por Andrea Raguileo, en 1992. Al parecer, lo aprendió de su tía Isabel Melillán.
[2] Machi.

jueves, 7 de abril de 2011

EPEW: PUZU EGU XAPIAL


Me comprometí con algunos de mis sobrinos/as que estuvieron en Saltapura, durante el Mingako Kultural, a compartir con ellos relatos, a través de los cuales puedan conocer algo del Saltapura pasado. Comienzo con este epew y seguiré con otros que tratan de distintos asuntos. La idea es iniciar una conversación a través de los sucesos que les vaya dando a conocer.

Todos estos relatos son parte de un proyecto largamente acariciado por mí, consistente en editar un libro con parte de la historia de Saltapura.

PUZU EGU XAPIAL

Había un hombre que tenía una huerta y un día se dio cuenta de que le estaban robando. Todos los días, por la mañana, faltaban repollos, lechugas. En fin… No hallaba cómo hacerlo para encontrar al ladrón, así que decidió poner waci.

Era el venado el que iba. Esa noche fue otra vez a robar verduras; pero, al entrar quedó cazado con el waci. Ahí se quedó. Tiró y tiró; pero, nada. Así llegó la mañana y lo encontró el dueño de la huerta.

- Aquí te pillé, le dijo. Menos mal. Ya me tenías cansao. Un poco más y me terminas el huerto. Pero, vas a ver, no más. ¡Te voy a matar! Pero, como es temprano, primero voy a tomar desayuno

Así que lo amarró, bien amarrao y ahí lo dejó. Se fue a desayunar. Ahí se quedó el venado, asustado, diciendo:

- ¡Pucha! Aquí me llegó. ¿Qué hago ahora? ¿Cómo me escapo?

De repente, se le ocurrió una idea y se puso a gritar:

- ¡Me van a matar porque no me quiero comer una vaca asá! ¡Me van a matar porque no me quiero comer una vaca asá!

Él calculó que por ahí andaba el león. Lo había sentido. El león escuchó, paró la oreja y dijo: ¿Qué es lo que dice? Cuando escuchó bien, partió buscando al que gritaba. A la voz de vaca asá… El venado gritaba: ¡Porque no me quiero comer una vaca asá, me van a matar! Allá llegó el león:

- ¿Qué te pasa, hombre?
- Es que me van a matar porque no me quiero comer una vaca asá. Aquí me tienen amarrao. Otro rato van a venir. Yo, como puro pastito. ¡Cómo me voy a comer una vaca asá!
- Bah, dijo el león. Yo me la como. A mí me gusta la carne. ¿Qué tengo que hacer?
- Tenís que ponerte en lugar mío.
- Ya, puh.

El león soltó al venado y le dijo que lo amarrara. El venado lo dejó bien amarrado y se despidió. Se fue contento y el león también quedó contento, esperando a que llegaran con la vaca asá. En eso llegó el hombre y cuando lo vio le dijo:

- Así que te convertiste en león; pero, igual no más te voy a matar.
- No, si yo me como la vaca asá, decía el león.
- Ah, ¿sí?, le dijo el hombre, y le manda con un asador al rojo que traía. Lo había tenido en el fuego mientras desayunaba.
- ¡Ay!, gritaba el león, y el hombre le seguía dando con el asador al rojo.
- ¡Ahí tenís vaca asá!, le decía.

Con el dolor, el león se revolvía hasta que logró soltar las amarras y se escapó todo quemao. ¡Pobre león! Se fue mal herido, jurando que el venado se la habría de pagar.

- ¡Donde lo pille, me lo voy a comer!, decía.

Un día supo del lugar en que el venado iba a tomar agua y se fue pa allá, a esperarlo. Se metió dentro del agua y allí, sumergido, lo esperó. Con una pajita en el hocico, pa respirar. En eso llegó el venado; pero, nada de leso, tuvo dudas. Así que por si acaso, pa salir de la duda, dijo de lejitos:

- ¿Por qué será que mi agüita no me dice ¿Ven a tomarme?.

El león que estaba allí escuchó, así que dijo: “Ven a tomarme”, con voz bien ronca. El venado dijo: “Nunca se ha visto que el agua hablara”, y partió hecho una flecha. Se escapó. Hicieron tonto al león. Ahí se quedó el león, enrabiao.

Otro día, el venado supo que andaba cerca el león, así que empezó a juntar piedras. Juntó hartas y se subió con ellas arriba de un avellano. Ahí estaba el venado comiendo avellanas, al lado de un mallín, cuando llegó el león. El león de repente lo ve y se fue despacito, y se tira al agua pa pescarlo; pero, agarró pura agua. Salió todo mojado, sin entender nada. En eso, el venado que estaba arriba se puso a reír.

- ¿Qué está haciendo compadre?, le dijo.
- ¡Ay! Yo pensé que se estaba ahogando y por eso me tiré a salvarlo. ¿Qué está haciendo allá arriba?, le dijo.
- Comiendo avellanas. ¡’Tan ricas! ¿Quiere unas pocas?
- Ya, güeno, dijo el león.
- Abra bien la boca y yo le voy a dejar caer varias.¡Ábrala más, puh!, le decía.

El león abría el hocico lo más que podía, mirando pa arriba. Así estaba, cuando el venado le lanza rapidito todas las piedras. Le tiraba y le tiraba. El león no alcanzó a cerrar el hocico, se le llenó de piedras y se ahogó. Se murió el león.

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Este epew me fue narrado muchas veces en mi infancia. Esta versión corresponde a la de mi hermana Flor (Saltapura, julio de 1992).

Imagen:Nalca en la casa en que vivo
Fotografía: Erwin Quintupill. Cunco, marzo 2011.

domingo, 26 de septiembre de 2010

LA GALLINA, SU FAMILIA Y EL ZORRO

Había una gallina vieja y medio lerda que tenía doce pollitos, porque ellas pueden empollar bien esa cantidad de huevos; si les ponen más puede que alguno se eche a perder. Ella solía salir pa todas partes con sus crías y sobre todo iba pa las orillas del monte, porque allí hay más comida: toda clase de bichitos y semillas que encuentra cuando se pone a escarbar. En eso se lo pasaba.

Pero, también había un zorro que la andaba mirando y que la quería cazar; pero no se atrevía, porque la casa estaba cerca y ya conocía al hombre y a los perros. Así que pensó en la forma de poder hacerlo sin correr peligro. Así estuvo varios días, cateándola, hasta que una mañana – cerca del mediodía – se le presentó de un repente.

- ¡Buenos días!, le dijo – claro que todo en mapuzugun, porque esto ocurre en el tiempo antiguo.

La pobre gallina quedó muda y pensando por donde podía arrancar; pero, se había alejado mucho de la casa y nadie la estaba viendo. Los pollitos se asustaron mucho y se escondieron por donde pudieron: entre medio del pasto, detrás de la mamá o donde fuera. Tampoco atinaba – la pobre – a otra cosa. También estaba confundida de que el zorro le hablara y no se le hubiera tirado encima.

- Güeno día, dijo con un poquito de voz que alcanzó a sacar.
- ¿Cómo está usté?, le preguntó el zorro.
- Yohhh… Toy bien, respondió muerta de miedo y más extrañada aún.
- Y sus chiquillos ¿cómo están?
- Ehh… Ellos… Ellos, tamién tan bien
- Mmmhh… y ¿cómo se llaman?
- ¿Llaman?... ¿Cómo ese?
- Le digo que cómo se llaman, que nombre tienen.
- Ehh... No, no tienen na…
- ¡Cómo! Pero, ¡cómo puede ser! ¡Si eso es un pecado muy grande!
- Pecao… Pero, si yo no sé… ¿qué e’ese pecao?
- ¡Buh! ¡Es una cosa muy mala!

Y de ahí, el zorro se puso a explicarle a la gallina acerca de cómo se le pone nombre a los niños. Le habló del bautizo, del cura, de los compadres, de Dios… de todo eso. La gallina estaba asombrada, hasta se le había quitado un poco el miedo.

- Pero, ¿cómo puede hacer ese yo? Tengo que hablar con mi marío, explicó.
- Mire, le dijo el zorro, yo que usted no esperaría nada más y lo hacía altiro. No ve que es una cuestión muy seria; si se trata de sus chiquillos.
- Pero, ¿cómo puede hacer ese yo? No ve que ¿de dónde sacó un cura?
- Yo sé hacerlo, dijo el zorro. Yo puedo ser el cura.
- ¡Ah…! Usté haría ese… Usté sabe.
- Claro, pues.
- Pero, y ¿el compadre?. ¿De dónde sacó un compadre?
- Yo también puedo ser su compadre, pues. Si, ¿para qué estamos?
- …
- Mire, le dijo el zorro. Cómo aquí mismo pasa un chorrillo, hasta tenemos el agua. Si le parece, podemos hacerlo ahora mismo.
- Pero, y ¿mi marío?
- No importa. Después le cuenta. Si total no es nada malo lo que va a hacer, ¿no? ¿O prefiere que sus chiquillos sigan en ese pecado tan grande?
- No… yo no quiero na ese.

Los pollitos se habían ido acercando. Entonces, el zorro se aproximó al chorrillo y le dijo a la gallina que fuera acercando a sus pollitos.

- Ya niñito, vengan, dijo la vieja.
- ¿Qué es este?, preguntó el zorro. ¿niñito o niñita?
- Niñito…
- Ya. ¿cómo se va a llamar?

La gallina dudaba. Total que el zorro hizo todo. Ella lo seguía. Estaba como atontada todavía. Siempre había sido medio lerda, también. ¡Vieja lesa!

- Ya. Este se va a llamar Juan, entonces. ¡Juanito: Yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo…! Y le echó el agua por la cabecita al pollito. ¡Acvcvy!, dijo el chiquitito.
- Kuanito, dijo la vieja.
- Ya. Otro ahora… Y este ¿qué es?
- Niñíta, dijo la vieja.
- María se va a llamar, entonces. Yo te bautizo en el nombre…

A otro le puso Kosé. Otro se llamó Carmencita. Otro se llamó Pewro, y así… A todos los fue bautizando: echándoles agua por la cabeza y poniéndole nombre. Cuando estuvieron todos bautizados, el zorro felicitó a su comadre y le dijo que estaba muy contento por todo. Antes le había explicado el significado del ser compadres. Le había dicho que los padrinos son como el otro papá y que tienen que hacerse cargo de ayudar a criar a los ahijados, etc. La gallina estaba contenta, ya ni se acordaba de lo asustada que se sintió cuando apareció.

- Ahora que somos compadres, yo quiero cumplir con lo mío, comadre.
- ¿Cómo qué será?
- Quiero que le dé permiso a uno de mis ahijaditos para llevarlo a mi casa. Allá, yo tengo de todo. ¿Qué cosa le gusta comer a los niñitos?
- ¡Ah! Güeno, a ello le gusta la semillita, lo pastito… todo ese.
- ¡Ah! ¡Buh! Allá, yo tengo de todo eso y harto. Tengo huerta con harta verdura pa los amigos. ¿Les gustarán las lechugas, los repollos?
- Sí, pero no pueden…
- (Sin dejarla terminar) Ya pues comadre, no se hable más. Usted le da permiso a mis ahijaditos y se van a pasear para allá, y mañana se los traigo de vuelta.
- No compadre, tengo que avisarle a mi marío primero.
- Pero, comadre, si el compadre se lo pasa por otro lado, trabajando siempre. De ahí le cuenta. Si él no va a decir nada. Además, si le parece, mañana hablo con él. Dígale usted, para que hable conmigo.
- ¡Ay!

Se quejaba la vieja tonta, mientras el zorro insistía. ¡Qué pues! Si él la había palabreado de lo mejor y ya la estaba convenciendo. Y tanto insistió, de tantas formas que la vieja dijo que bueno. Ahí, el zorro se llevó a uno de los ahijados. Se despidieron. La gallina lagrimeaba.

- Cuídemelo, compadre. No ve que nunca han salido solo.
- No se haga problema, comadre: mañana como a esta hora estaremos de vuelta.

Se fue el chiquitito y no volvió más, porque apenas desapareció de la vista, detrás del monte, el zorro se desayunó al ahijado.

Al otro día, estuvo cateando a la comadre y cuando vio que no había problema, se le presentó.

- ¡Buenos días, comadre!
- ¡Ay! ¡Güeno día, compadre! Casi no he dormío pensando en mi chiquillo.
- ¡Pucha, comadre! ¡Sabe que no vino ese diablillo!
- Pero ¡cómo!
- ¡Es que le gustó tanto allá! ¡Se volvió loco con tanta cosa rica! ¡Qué venga uno de mis hermanitos, me dijo! Y, a eso vengo. ¡Que vengan todos y hasta mi mamá!, me encargó.
- ¡No compadre! ¡Cómo voy a ir yo pa allá! ¡No ve que tanto que hacer acá! Ma encima que mi marío me anduvo retando un poco.
- Pucha, comadre, lo siento; pero, Juanito me pidió que viniera a buscar uno de sus hermanitos - siquiera - para jugar. Mañana se los traigo a los dos ¿qué le parece?

De nuevo, la vieja se dejó convencer. Allá partió otro pollito, y de nuevo el zorro se desayunó un ahijado. Al día siguiente, volvió solo de nuevo. Cuando la vieja lo vio llegar altiro le reclamó:

- Pero, compadre. No me dijo que ahora me lo iba a traer a lo do. ¡Qué hago ahora yo! Si echo de meno a mi chiquillo…
- Mire, comadre. Comprenda usted a los ahijaditos. Con el hermanito allá, menos se quiso venir. ¡Si se lo pasan jugando! Tan contentos que están. ¡Qué vengan los demás, me pidieron.

Y de nuevo adornándole la situación. Y de nuevo a la vieja la engañaron… Hasta que se fue llevando de uno en uno a los ahijados. ¡A todos se los comió! Pero, el zorro quería más, así que cuando no quedaba ningún ahijado se le presentó de nuevo a su comadre. Ahí andaba la vieja, escarbando de pura costumbre. ¡Si no le quedaba ningún pollito! A todos se los había llevado el compadre, que allí venía de nuevo.

- ¡Toy ‘nojá, compadre! Ya se llevó a todo mi chiquillo. Y ahora no me trae ninguno, ¡cómo quiere que no enoje!
- Pero, comadre, si sus niñitos están bien; pero, son muchos; por eso la vengo a buscar para que entre los dos los traigamos sanitos y sin problemas.
- (Atontada). Ah… ¿sí? Pucha, tengo que avisarle a mi marío, puh.
- ¡Eh. Comadre! ¡Déjelo! Si no nos demoramos nada en ir y volver.

Urgida, como estaba la vieja, partió sin avisar. ¡Imagínense! Detrás del cerro, pa allá, el compadre se almorzó a la comadre. Se pegó una tremenda siesta y se puso a pensar en cómo lo haría pa conseguir al compadre.

Así anduvo, de a poco, esperando que el compadre gallo se descuidara; pero, el gallo andaba siempre atento. Hasta que un día ocurrió que se descuidó un poco y se alejó demasiado de la casa. Ahí fue que se le presentó el compadre zorro y lo arrinconó.

- ¡Cómo está, compadre!, le saludó.
- ¡Güeno día!, dijo el gallo, tratando de encontrar por donde arrancar.
- Oiga, compadre, la comadre me mandó a decirle que vaya a buscarla. No ve que ella y yo no podemos traer a todos los chiquillos.
- No, dijo el gallo. Yo tengo mucho trabajo que hacer. Además, ¿quién la mandó a ella a ir pa allá? ¡Yo no la mandé na! ¡Que se venga sola, no más!
- Pero, compadre no sea malo con la comadre. Si yo traté de convencerla; pero, los niñitos son chicos todavía…

Mientras el gallo buscaba la ocasión de escapar, el zorro se le iba acercando como tratando de convencerlo, hasta que de pronto – en un pequeño descuido – lo agarra con el hocico. El gallo sintió que hasta ahí llegaba. ¡Si andaba lejos de la casa!

Iba el zorro bien apurado con el compadre en el hocico, cuando desde una loma lo divisan unos hombres que estaban trabajando.

- ¡Miren, el zorro lleva un gallo!, dijo uno de ellos.

El zorro lo escuchó y se asustó mucho. El gallo que es gallo aprovechó pa decirle:

- Compadre, dígale: ¡qué te importa a vos!

El zorro con el apuro ni lo pensó.

- ¡Qué te importa a vos!, le gritó a los hombres.

Cuando vino a darse cuenta, el compadre gallo ya no estaba en su hocico y se puso a mirar pa todos lados, tratando de encontrarlo. Como iban junto a un mallín, de pronto se fijó que allí estaba su compadre y se lanzó de zambullida. Salió medio ahogándose con el agua que tomó y sin el compadre. Volvió a tirarse y nada.

- ¡Qué le dio por bañarse, compadre!, le gritó el gallo desde arriba.
- (El zorro mirando hacia arriba) ¡Ay, compadre! ¡Yo pensé que se estaba ahogando, por eso me tiré al agua pa salvarlo! Vamos, baje de ahí, pa que volvamos luego.

El gallo había volado hacia las ramas de un árbol, y lo que el zorro había visto era su reflejo en el agua.

- No, compadre. Mejor vaya solo. Yo me quedo aquí. Parece que usté no tiene na güena intención.
- ¡Pucha, compadre! No sea así, no ve que la comadre me mandó a buscarlo, y además que estamos demorando.
- ¡Sssht! (El gallo lo hacía callar, mientras miraba a la distancia).
- ¡Ah! ¿Qué pasa compadre?
- ¡Déje de hablar, oiga! Parece que veo algo…
- ¿Qué cosa, compadre?
- ¡Quédese callao! A ver… sí. Parece… Sí.
- ¿Qué cosa, compadre?
- Uno… dos… tres…
- ¡Qué está viendo, pues!
- Uno… dos… tres… Tres. Tres. Son tres.
- ¿Qué cosa, compadre?
- Es que… son tres perros y un hombre. Eso es lo que estoy viendo, allá a lo lejos.
- (Bajito) ¿Por dónde, compadre?
- Por allá, pues. Por el norte. ¡No ve que estoy mirando pa allá!
- (Bajito) Ah, ya. Oiga compadre, yo me voy por acá un ratito (indicando pal sur). Enseguida vuelvo.

Se fue el zorro por el sur. No había pasado más que un rato chico, cuando se escucha griterío de gente, de perros y disparos. Hasta ahí llegó el compadre zorro. Lo cazaron, y el gallo se salvó.

Epew aprendido de: Familia Raguileo Ñancupil
Saltapura Lof – IX Región – Chile
Narrador: Erwin Quintupill


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El cuento aquí expuesto lo escuché - en casa - muchas veces, en distintos momentos, a mis padres y a mis hermanos. Ahora, también voy narrándolo por los sitios en que camino. De todos los que escuché en mi infancia, en mi juventud y en mi adultez es uno de los que más quiero, porque en él están representados nuestro pueblo y el invasor.

Nosotros somos mostrados en dos expresiones: aquella – representada por la gallina – que cree en el discurso seductor y demagógico del invasor y con ello encuentra finalmente la muerte, y la otra – por el gallo – que desconfía siempre y se mantiene en una posición discordante. El invasor está representado por el zorro. El resto de la lectura y de la interpretación se la dejo a los lectores.

Por último, este es uno de los epew que espera ser presentado en el formato de libro para que las actuales y futuras generaciones de Saltapura dispongan de ellos, a falta de un fogón en torno al cual escucharlos, como sí me ocurrió a mí.