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jueves, 25 de agosto de 2016

BAY TA ÑI PEÑI KOSE



Por Erwin Quintupill

Al parecer, ninguna familia es perfecta; la mía, tampoco. Hace un par de meses, vine a saber que mi hermano José estaba aquejado de un cáncer cuando lo intervinieron de ¿uno o ambos riñones? La cuestión es que a partir de allí comenzó a dializarse. Peor aún, recién vine a saber que le anunciaron unos tres años más. A él no, claro; a su pareja. “Ya se cumplieron los tres años”, me comentó mi hermana Miriam. Y a mí me viene eso de que es habitual de que no inquiera más información aparte de la que me dan. Por eso, me entero al final, casi siempre. Es que ando amarrado a otros pensamientos. Me surge la duda… a ratos.

Aún no amanecía el martes nueve cuando me fueron a avisar. La urna con su cuerpo llegó cuando estaba amaneciendo, algo oscuro todavía. Algunos cercanos llegaron muy temprano y estuvieron ayudando hasta que se hizo de noche y mucho más: una sobrina de la Isabel – mi cuñada –, su marido y su hija.

El jueves será el entierro dijo la viuda y empezamos a movernos en función de ese día. Le ayudé con lo del fogón durante todo ese martes y la noche que vino. Cociné dos fondos de carne al jugo, uno después de otro, dos cabezas de chancho, por separado; y un fondo de carbonada. Pablo Elías – mi sobrino – me ayudó un largo rato. Los pies se me cansaron al punto de dolerme, ambos. Y, mientras tanto, no tenía bien resuelto lo de mi participación. Encargué un chancho. Pablo, el de mi sobrina Andrea, me llevó en su camioneta para buscarlo, por la mañana. Fernando y Guillermo, me acompañaron, porque les comenté que no sé agarrar un animal de esos. ¡Capaz que lo agarrara de la cola!... Era un animal hermoso, de esos que tú no quieres ver morir; pero, cuando uno de nosotros se marcha, se sacrifica lo necesario. La Isabel, mi cuñada, la viuda, echó dos cerdos pal otro mundo. Su hermano Juan le trajo un vacuno y encargó un caballo para el día final… y anduvo justo con la atención a la mucha gente que llegó.

Claro, porque nosotros hacemos de comer y convidamos a todos los que llegan. Aquellos que no entienden, ni quieren entender, comentan: ¿Para qué hacen tanta comida?... La cuestión es que después de enterrar al finado/a, comúnmente queda re poco o nada. Yo, por lo menos, ni probé del chancho. También convidamos vino o chicha. Durante la primera noche, le avisé a Isabel que repartiría vino – así se hace. Al día siguiente le llevé cinco litros para que ella disponga – así también se hace. Y para el día del entierro repartí diez litros más, junto con el asado, la ensalada y las sopaipillas que yo mismo hice[1]. Así debe ser, por varias razones: por el espíritu del que se va, por la familia, por la reciprocidad con los demás, por respeto a sí mismo, por generosidad, por ser porfiadamente mapuche y por mucho más.

En algún momento, pensé que es en esta ocasión en que el antiguo LOF se vuelve a reunir, porque somos todos una gran familia, separados territorialmente debido a la acción de la Comisión Radicadora del estado chileno, que así lo dispuso a principios del siglo pasado. Por eso, Bernardo Ñanculeo llegó con un saco de papas; mi primo Luis viajó desde Concepción, con uno de sus hijos para “entrar” y ser parte de esta ceremonia por segunda vez[2]; el sobrino Martín lo hizo desde Santiago; el sobrino Patricio de Ragintubewfv (Entre ríos), “entró” sin pedirle la ayuda a ninguna de sus hermanas y por eso cocinó él mismo. Vi llegar como dos sacos de papas más; pero, no recuerdo quienes los trajeron. Pan. Sopaipillas, yerba mate y otras cosas suele traer la gente para cooperar con la familia doliente. Mi hermana Teodora me preguntó con cuánto tenía que apoyarme. Le respondí que a mí, no; a la cuñada, sí; pues yo tenía todo resuelto.

El segundo día fue para preparar mi participación.

La jornada del entierro comienza con la ceremonia que se realiza junto a la urna, dentro de la casa. Es algo breve, en que un representante por cada línea familiar hace uso de la palabra. Solicitan permiso para retirar el cuerpo y llevarlo afuera, a un sitio amplio, en torno el cual se irán ubicando todos los que viven en Saltapura y que pueden “entrar”[3]. Los familiares directos, aunque no vivan en Saltapura, pueden/deben hacerlo. Si no lo hacen, de seguro serán material de pelambre.

Ya, el cuerpo en el campo, todos los dueños de casa o de mesa, formamos una hilera para saludar a las visitas, que se disponen de pie en los límites de ese campo ceremonial. Así como les vamos saludando, tomamos cuenta de quiénes han llegado e invitamos – a nuestra mesa – a quienes alguna vez han hecho lo mismo con uno.

La comida caliente se sirve en la mesa y luego, se les lleva, en donde se encuentren, a todos/as aquellos a quienes debo servir que están ubicados en otro lugar. Nosotros, usamos servir un plato de asado con papas y/o ensalada y pan o sopaipillas. Además, una botella de vino o a veces de chicha. Se nos va la mañana y el comienzo de la tarde en ese afán. En medio de todo se toma mate, se pellizca un pedazo de pan, se bebe todos los vasos que te brindan.

Allá por la hora acordada, se hace el zugutun, la ceremonia en que debe hablarse de la genealogía y vida del fallecido. En la actualidad, no hay buenos zugutufe, pues la gente desconoce parte del protocolo y ha olvidado algo de la historia familiar. Ya, en el cementerio, puede haber uso de la palabra por otros integrantes de la familia o amistades.

Mi hermano, tuvo la particularidad de ser querendón de niños, tanto que se hizo cargo del Bartolo, lo convirtió en sobrino nuestro, y éste chiquillo lo trata como a su padre. Bueno, ya no tan chiquillo: es papá de dos niños. (Vi a uno de ellos haciendo “puchero” por el Tata). También en su tiempo de joven y adulto jugó al fútbol, siendo dirigente del club local (Lucero y Lautaro). En los tiempos de la UP, participó activamente del Comité que se formó para canalizar las políticas de estado hacia el campo. Desde que se formó la Organización Comunitaria, bajo actual Ley Indígena se unió a ella. Obviamente, dejó uno que otro mal recuerdo; pero, de eso no hablaré en este lugar: es asunto de familia.

Nos queda ahora, en medio de la intensa lluvia, el recuerdo y las obligaciones para con quienes le sobreviven: Isabel, Anselmo y Bartolo. Supongo que todo anduvo bien con él, porque lo realizado alrededor de su cuerpo fue real y comprometido con nuestra memoria. De modo que su espíritu debe haberse ido sin más, al otro lado del mar. Por lo menos, nadie ha dicho que lo haya “sentido” por acá, no se quedó dando vueltas por nuestro rededor.

El agradecimiento es a la mucha gente que nos vino a acompañar y en particular a aquellos que colaboraron en las múltiples tareas que damos justo después de fallecer. Yo, por mi parte, debo mi gratitud especial a: mi hermano Olegario, mi cuñada Marina, mis hermanas Marta, Miriam, Teodora y Flor, mi hermano Raúl, mi prima Teresa Licanleo, mi sobrino Pablo Elías, mi sobrino Pablo, mi prima Dominga, mis sobrinos Fernando,  Guillermo, Lorenzo y Bartolo, a mi otro sobrino Gustavo y al peñi Luis.






Kvpalme de José Raguileo Ñancupil.




[1] El asado, no. Ese lo hizo Guillermo.
[2] La primera vez que entró fue para el entierro de su madre.
[3] Entrar es participar de la ceremonia con gasto de comida y bebida.

lunes, 2 de febrero de 2015

DESPEDIDA DEL LOGKO PABLO QUINTUPILL LIENLEO

Por Erwin Quintupill

Reconocido inquieto, impulsivo y gran conocedor del kvpan[1] y del tuwvn[2], Pablo Quintupill falleció en la madrugada del domingo 18, a eso de las 3 am. Wewpife[3] incomparable en la actualidad. En otro tiempo debió haber mejores.

Le conocí desde pequeño, hermano de mi madre Carmela Ñancupil Lienleo y de mi padre biológico. Allá por mil novecientos 70 y algo más, le vi hacer gijanzugun[4] con ocasión de que mi primo Herman se uniera a Marta. Después supe de él mismo que lució mejores discursos en la unión de otras parejas. Me habló de las dificultades que tiene la ocasión, dependiendo del tipo de familia de la mujer. En esas ocasiones debía hablar de las virtudes de la familia del hombre, de lo bien que habría de estar la mujer que se entregaba al mafvn[5] y a la convivencia con el hombre que había aceptado.

En el funeral de mi padre Juan B. Raguileo Lincopil realizó zugutun[6] con el tío Maximiliano Licanleo. Lo mismo hizo – junto a Benito Ñanculeo – cuando partió mi madre. Hubo otras ocasiones en que le correspondió, pues en estas casos – normalmente – hablan dos hombres mayores representantes de las dos líneas familiares de la persona fallecida.

Con ocasión del palin[7] que los sobrinos jóvenes han organizado en los últimos años, le correspondió levantar nuestra historia a través del wewpin[8], al momento de recibir a los visitantes, lo mismo que al despedirlos.

Zugunmacife[9] también de la maci[10] María de Cancura y de otras que alguna vez realizaron la ceremonia del macitun[11] entre nosotros.

Resultaba fácil escuchar de él las historias que aprendió de sus mayores, especialmente de su madre Angela Lienleo y de su tío Wete Ñancupil. Mis padres me hablaron sobre estos temas; pero, él me entregó mucha más información, lo que me permitió completar los relatos. Sobre la descendencia familiar (genealogía) era el que más sabía. Hubo una ocasión en que visité al tío Maximiliano para preguntarle sobre lo mismo y me aclaró desde el principio, “nadie sabe tanto como Pablo sobre ese asunto, tiene que visitarlo a él”.

Unos días antes de partir estuve en su casa. Estaba más delgado que nunca y me habló de su dificultad para tragar los alimentos, de los tratamientos que le habían indicado tanto maci como médico occidental. A él le costaba cumplir las instrucciones; no logró comprender que había procedimientos largos y dejaba los remedios a los pocos días, a pesar de la insistencia de la familia.

Tampoco dejó de trabajar. Hasta la víspera de sentirse de veras mal (jueves 15) estuvo rozando, preparando la leña para la temporada fría que se viene y entregado a otras tareas. Aparentemente no dejó trabajo pendiente. Esa tarde-noche tuvo el peor de sus problemas con la alimentación. Llegaron todas las hijas y todos los nietos/as. El sábado fue llevado al hospital. Allá por la medianoche estaba conectado; pero no había ninguna esperanza. Había dicho que deseaba morir en su casa; por eso, se devolvieron. Se fue en silencio; al parecer, tranquilo.

EL FUNERAL


Zugutun. Funeral de Pablo Quintupill
Saltapura, 20 de enero del 2015

Todas las ceremonias mapuche son de mucho trabajo. El eluwvn[12] no lo es menos. A esta ceremonia, en castellano le llamamos “entierro”. Se inicia con el envío de personas para que avisen a los familiares más cercanos el deceso. Estos – a su vez – lo van comunicando a los demás. La gente comienza a desplazarse hacia la casa del difunto para saludar a la familia doliente y para ofrecer su colaboración en cuanto sea necesario. Algunos llevan flores, otros velas; la mayoría, algún alimento y chicha de manzana o vino para servir, sobre todo, a quienes acompañen durante la noche. La chicha o el vino pueden ser entregados a la familia o bien ser servido por quien lo ha llevado, previo aviso a los dueños de casa.

Los hombres más jóvenes se ponen a disposición para hacer el sacrificio de los animales, la búsqueda de leña y/o agua, la preparación de los asados y la cocción de las tumbas[13] y cualquier otra diligencia que se le solicite. Las mujeres se entregan a la cocina, sin descanso.

Hay familias que no realizan esta ceremonia ni participan de ella, porque se han hecho cristianas o por chilenización. Los que seguimos en ello, sacrificamos animales (cerdos, corderos, vacunos y/o caballos). Yo decidí asar la carne en casa y por ello casi me amanecí en ello. Ya, el sol en el firmamento, cargamos la carreta con todo lo necesario y nos fuimos a la casa del tío. La mayoría ya estaba allí. Comenzábamos a instalarnos y mi prima Teresa me fue a buscar. Te estamos esperando, me dijo. Había que sacar el cuerpo del tío, su padre, desde el interior de la cocina a fogón y llevarlo hasta el espacio abierto en que todos nos estábamos apostando en la forma de un gran círculo. Se trata de una ceremonia breve. Una conversación entre representantes de las familias de las que proviene. Los demás acompañamos, rodeamos. Enseguida, se carga el cuerpo a pulso y es llevado a un lugar abierto, fuera de la casa. Para los parientes que "entramos al entierro", nos llega el momento de compartir los alimentos y la bebida que llevamos.

Poco después llegaron mis hermanos que viven en ciudades lejanas. Armamos el fuego y comenzamos a atender a las visitas, parientes de “importancia” y a aquellos que nos han atendido cuando les correspondió lo mismo en su “comunidad”. Este trabajo es largo; pero, hay tiempo para compartir breves conversaciones con los demás, para reír, para recordar, para consolar y mucho más.

En la víspera la tía me pidió que lleváramos los instrumentos musicales, wiño[14] y ropa tradicional. Por eso, mis sobrinas de vistieron casi de gala en ese día. Se trataba del entierro de un viejo, del más viejo de todos y que ejercía el cargo de logko[15] de Saltapura[16]. Ya iniciada la tarde, el primo Amador pidió que hiciéramos música alrededor del cuerpo del tío. Fue como un amulpvjv[17] colectivo e improvisado. Mientras hacíamos esto, recordé que años atrás me/nos estuvo hablando acerca de las pifvjka[18]. Me dijo que la maci del lugar realizó un viaje a Puelmapu[19] y que desde allá trajo un juego de ellas, es decir, un total de seis. Se tocan entre seis hombres, para coordinar tres sonidos diferentes, me dijo. (O sea, que la tocata de pifvjka la realizan tres dúos). Nosotros, ahora, hacíamos lo mismo para él, para que tuviera un viaje tranquilo, para que entendiera que su familia ha de estar bien y que nosotros nos quedamos en buenas condiciones. Tocamos y tocamos, mientras la lamgen “Vivi” le daba al kulxug[20] y sonaban un par de xuxuka[21] y una corneta. Un par de peñi algo mareados no se resistieron y comenzaron a danzar. Se trató del Costa y del vecino Cata. Estuvimos así cerca de una hora; quizás algo más. Descansamos un rato, retomamos las conversaciones, hasta que llegó el momento de irnos al cementerio.

Es el instante del zugutun. Fue su sobrino Amador por parte de su descendencia y otro peñi por el lado de la tía (su esposa). No estuvo a la altura de lo que realizaba el tío Pablo. Faltó la larga exposición sobre la genealogía familiar. Hubo explicaciones y recuerdos de lo que manifestó alguna vez acerca del momento que vivíamos. Después se ofreció la palabra para que otros/as familiares se expresaran también. Mi tía me había solicitado, dos noches antes, que hablara en castellano. A mí me correspondía hacer el zugutun; pero, no estoy en condiciones de reclamar ese derecho, por no dominar el mapuzugun[22]. Por eso, hablé al final, pare referirme a lo que aprendí de él: el kvpan. También hice mención a su participación en la organización comunitaria en otros tiempos (dirigente del Comité en la época de la UP[23] y de los clubes deportivos (fútbol) Galvarino y Lucero), y en el actual (logko de la comunidad), a su condición de palife y de wewpife, a su conocimiento de la historia local y a otros asuntos.


Coyke purun. Funeral de Pablo Quintupill
Saltapura, 20 de enero del 2015

Enseguida, dispusimos el coyke purun[24] de despedida. El mayor de todos fui yo; detrás de mí fue Pablo, su nieto; y después, tres sobrinos bisnietos pequeños: Mawvn, Matías y Ligkoyam. Deben ser números impares, en esta ocasión, y la danza se realiza en círculo contrario a las otras veces. Ya finalizada; viene el momento de partir. La subida hasta el alto fue a pulso. El resto del trayecto en carreta. Por la mañana, había escuchado a mi prima Viviana decir: a mi papá lo llevo en carreta[25], no en carroza.





Allá se quedó Pablo, en el sitio en que sabemos que iremos también. Le ofrendamos lo que sabemos y pudimos. No porque se tratara de una persona virtuosa en todo lo imaginable, pues cada uno de nosotros sabe que se equivocó en más de una ocasión, sino porque consideramos que los mapuche debemos ser despedidos con honores si hemos guardado aspectos importantes de nuestra tradición, es decir, con respeto hacia él (por su conocimiento), hacia su grupo familiar (esposa e hijas y descendientes) y hacia nosotros mismos.

Ahora, resta que le construyamos un ce mamvj[26].





[1] Kvpan (küpan): genealogía familiar.
[2] Tuwvn (tuwün): genealogía territorial.
[3] Wewpife (weupife): orador que conoce los diferentes estilos de discursos realizables en la cultura mapuche.
[4] Gijanzugun (gillanzugun): discurso de unión entre una mujer y un hombre. Lo realiza un adulto elegido por la familia del hombre que conoce su origen territorial y familiar, haciendo algo semejante a una defensa de sus virtudes, apelando al conocimiento de la historia local y sobre todo haciendo uso de una retórica envidiable, frente a la familia de la mujer, el día en que se realiza el mafvn.
[5] Mafvn (mafün): ceremonia de unión de una pareja.
[6] Zugutun (zugutun): discurso funerario. Se realiza al momento de levantar el cuerpo para ser llevado al cementerio.
[7] Palin (palin): Deporte tradicional que se realiza de modo ceremonial.
[8] Wewpin (weupin): discurso.
[9] Zugunmacife (zugunmachife): Asistente de maci que – en especial – se encarga de hablar con su espíritu cuando se halla en estado de kvymi (trance). Posteriormente, deberá informarle de todo lo que dijo mientras estuvo en ese estado.
[10] Maci (machi): machi.
[11] Macitun (machitun): ceremonia de sanación de una persona enferma.
[12] Eluwvn (eluwün): ceremonia funeraria.
[13] Tumbas: trozos grandes de carne cocida en agua que se sirve a los acompañantes durante el “entierro”.
[14] Wiño (wiño): chueca para jugar el palin.
[15] Logko (longko): autoridad tradicional.
[16] Saltapura: nuestra “comunidad” o Reducción como la llamaban los viejos, ubicada a 16 km al sur de Nueva Imperial, en el Gulumapu o parte oeste de nuestro Wajmapu o territorio ancestral.
[17] Amulpvjv (amulpüllü): canto y/o música dedicada al difunto para que su viaje sea realizado como se espera, sobre todo para que no se quede en el entorno.
[18] Pifvjka (pifüllka): instrumento musical de viento. Flauta confeccionada de madera y en algunos casos de hueso.
[19] Puelmapu (Puelmapu): parte este de nuestro territorio ancestral.
[20] Kulxug (kultrung): instrumento musical de percusión.
[21] Xuxuka (trutruka): instrumento musical de viento.
[22] Mapuzugun (mapuzugun, mapuchezugun, mapunchezugun, chezugun): idioma mapuche.
[23] UP: Unidad Popular. Movimiento político que llevó a la presidencia de la República de Chile a Salvador Allende.
[24] Coyke purun (choyke purun): danza del avestruz. Se realiza en varias otras ceremonias.
[25] Carreta: vehículo de dos ruedas, impulsado por una yunta de bueyes.
[26] Ce mamvj (ce mamüll): escultura funeraria de forma humana.

martes, 5 de junio de 2012

MARTA QUINTUPILL LIENLEO

Ha fallecido durante esta madrugada mi tía Marta Quintupill. Emigró muy joven a Concepción, como muchos otros. Se unió a Francisco Pichún, el recordado tío Pancho. Se instalaron en el sector de Hualpencillo y por allí nacieron mis primos/as.

Entre ambos tuvimos un acercamiento recién en los últimos años. Yo inicié mi regreso allá por el 86. Ella y el tío Pancho, también por esa época o un poco antes. No recuerdo. Se establecieron en Nueva Imperial. La recordaré por todas las veces que me solicitó la ayudara en lo del macitun, ya fuese para ella, mi tío o una de mis primas. Ella por su parte, estuvo apoyando la realización del Mingako Kultural desde su primera versión. En más de una ocasión llegó vestida de gala, y en el 2008 cuando el tema fue el VL (canto tradicional), tensa - el espíritu revuelto de emociones - nos entregó su versión de viejas canciones que guardaba.

El jueves, después del mediodía llegará al cementerio de Saltapura, al mismo lugar en el que espero estar en unos años más. Allí - hace ya tiempo - la vi conversar cantando con una parienta de Bochoco. Sí, tal como lo leen: los antiguos solían conversar entonando una melodía. No se trataba de una canción, no; era la conversación con melodía, mientras se compartía - con los fallecidos - un vaso de vino tinto o chicha.

Mis primos/as  dicidieron hacer el velatorio en su domicilio de Nueva Imperial. El próximo jueves saldrán desde allí - después del mediodía - hacia el cementerio de Saltapura.

Escribo sobre la marcha, faltando poco para iniciar la jornada laboral.






Imagen: Tía Marta en el almuerzo del 1º Mingako Kultural (2007)
Fotografía: Víctor Cifuentes.





Imagen: Tía Marta y tía Zoila, entreteniéndonos después del almuerzo. 1º Mingako Kultural (2007) 
Fotografía: Jorge Sir




Imagen: Cantando. 3º Mingako Kultural (2009)
Fotografía:  Erwin Quintupill





Imagen: tío Pablo, tía Zoila, el sobrino, tía Marta. 3º Mingako Kultural (2009)
Fotografía: Marcelo.


Imagen: acompañándonos en la visita a mi mamá, como parte de la reunión familiar que realizamos en febrero de 2011.
Fotografía: Carina Raguileo





Imagen: como público. 5º Mingako Kultural (2011)
Fotografía: Germán Correa.





Imagen: Cocinando chicharrones. Reunión familiar en mi casa. (2011)
Fotografía: Erwin Quintupill


Imagen: prima Dominga Q., tía Marta, Lorena, Silvana y prima Fresia Q.
Fotografía: Mabel Raguileo. Saltapura, febrero 2012.

jueves, 16 de julio de 2009

Falleció Marcelino Quintupil, Logko de Weycawe (Hueychahue)

Ocurrió el sábado 4 de julio, por la mañana, en el Hospital de Nueva Imperial, hasta donde había sido llevado por su familia hace dos días.

Los años pesan en el cuerpo, Marcelino. Los átomos se disgregan como partículas de polvo a través de la luz que nos llega por las rendijas de la casa. Húmedo tiempo y nubes en el firmamento. Tu partida va de boca en boca por las vegas. La resignación se cuelga de las manos. Hay animales a punto de ser sacrificados. Va la palabra por los hilos invisibles de la tecnología wigka. Surgen viajes, se apresuran las extremidades. Las aves se quedan en silencio por un instante y el mar se apacigua para recibir el wampo de tu partida.

Se va llenando tu casa, se improvisan asientos y lugares en que estar. El fuego no descansa y los vasos recorren tu entorno. Alguien duerme. Llueve sobre el tejado, por el patio corre el agua presurosa, las aves se refugian, la luna no se deja ver. Llegan tus hermanas viejas, las hijas, los hijos y los nietos. Tu hermano va y viene recordando la palabra de los antiguos. Los días transcurren, poco se duerme en la que fuera tu casa.

Último día

El patio está mojado. La colina frente a tu casa te acoge. Desde allí miraste muchas veces; por allí gatearon tus pasos primeros. Ahora esperas la partida. Hablan los menos viejos que tú. Vuelve a ser tierra el hombre de tierra. Vuelve al abrazo eterno de la madre. Pueden sacarlo… Sí. Te cargan los hijos, los sobrinos, los que alojaron y los que madrugaron. La colina te espera.

Las carretas se asoman desde los bajos. Yo inicié mi viaje esa mañana desde una ciudad lejana y llegué a tu casa con mi carne y mi vino. No voy solo. Por el camino caminaban hasta ti.

Calicen (chalichen)


Es el momento en que los integrantes del lof del fallecido saludan a los que han llegado a acompañarlos. Forman una fila y avanzan por el ruedo, en el mismo sentido en que se baila, fuego por fuego, persona por persona. En esta ocasión nos sumamos los parientes que sin pertenecer a esa comunidad decidimos “entrar con gasto” en este entierro, los más cercanos. Es nuestro modo de sumarnos y de reconocernos como familia, de rendir honores al fallecido, de reconocer a la comunidad que nos acoge. No es una obligación. Es un acto completamente voluntario en que manifestamos nuestro respeto a la familia.

Este momento tiene como función reconocer a los que han llegado e invitarlos a nuestras mesas.

Cocina

La cocina improvisada del logko de Saltapura y su esposa, nuestra tía Zoila, que nos acogen a la tía Marta y a mí, como allegados.

Los asistentes, las visitas, comparten la comida y la bebida. la conversación gira sobre variados asuntos; particularmente se habla con los que han llegado desde lejos. Así, el funeral se transforma - también - en un punto de encuentro.

Mi hermana Flor ayudándome en la cocina




Inicio del zugutun


coyke purun


coyke purun


coyke purun


Coyke purun


Inés Quintupil, tocó el kulxug para que los coyke danzaran a su hermano.

Guillermina Quintupil

Pablo Quintupill

Realizando el zugutun, en representación de la línea paterna

Javier Melipil

Se hizo cargo de realizar el zugutun, en representación de la línea materna

El regreso