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domingo, 27 de abril de 2014

DIFERENCIA ENTRE PAPA ORGÁNICA Y OTRA TRATADA CON AGROQUÍMICO

Esta Niña De 3er Grado Sorprendió A Todos Con Su Experimento Que Muestra La Diferencia Entre Lo Convencional Y Lo Orgánico

Por Hugo Moreno

Esta niña nos demuestra la gran diferencia entre los productos orgánicos y los convencionales. Es bastante impresionante. Cuando era pequeño hice ese mismo experimento, con las patatas de mi época se podía.
Si te interesa el tema puedes revisar los siguientes Libros de Comida Organica. Y en especial recomendamos La amenaza transgenica y Plantas Transgénicas: Beneficios y Riesgos


http://www.upsocl.com/medio-ambiente/esta-nina-de-3er-grado-sorprendio-a-todos-con-su-experimento-que-muestra-la-diferencia-entre-lo-convencional-y-lo-organico/#

lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Por qué necesitamos educación intercultural?



Daniela Millaleo Montano
Antecedentes
“Se incendiaban las rucas, se mataban y capturaban mujeres y niños
Se arreaban con los animales y se quemaban las sementeras.
Estamos ante una de las páginas más negras de la historia de Chile”
(José Bengoa, Historia del pueblo mapuche, siglo XIX - XX)

Estas no son las páginas negras que se enseñan en las escuelas sobre la historia de Chile, pero es una más, de las historias de masacre que enlutan las páginas orales de la historia mapuche. La cual se cuenta en la lengua de los pómulos pronunciados, de algún anciano moreno que relata epew[1] a la silenciosa  luz de un fogón en una comunidad mapuche. Son las heridas de la historia que cuenta que nunca fuimos los ganadores de las batallas contra occidente, y es más, son los retazos de las cicatrices de un pueblo asesinado por el progreso y la civilización.

Ningún historiador podría ni podrá describir tanto horror y dolor que los antiguos mapuche sufrieron durante el gran genocidio de la Araucanía (o como lo menciona la historia chilena, la pacificación de la Araucanía). Tampoco ningún sociólogo o antropólogo entenderá las fuerzas que nos llaman a seguir luchando, después de más de 500 años. Luchas con los españoles, con los criollos y ahora con el estado chileno. Antes mano de obra, después un estorbo a los intereses económicos de la época y actualmente la persecución continúa, mediante leyes impuestas en contra de nuestra cultura y nuestra resistencia. Resistencia que continua a pesar del paso de los siglos a perdernos como cultura y a perder la tierra que nos da fuerza para seguir la lucha día a día.

Nosotros los mapuche del siglo XXI, los nietos de aquellos abuelos que en los 60 migraron hacia Santiago, para salir del empobrecimiento que dejo años de usurpación a los territorios mapuche, y los hijos de estos mapuche que asentándose en las poblaciones de las periferias santiaguinas, fueron víctimas en conjunto con el poblador chileno de los asesinatos  y torturas de la dictadura militar a mediados de los años 70´ y durante todos los 80´. Somos nosotros los cuales cargamos cicatrices que no pueden ser curadas con pastillas de integración social.

La mayoría de nosotros, somos los primeros que tenemos estudios universitarios y nos atrevemos, aquí en la ciudad o en la diáspora como muchos de nosotros la llamamos, por no ser nuestro lugar de procedencia original y cultural, donde nos hemos establecido dentro de comunidades locales, y que a diario nos formamos identitariamente como mapuche, lidiando con el occidentalismo, con el capitalismo y otros males de las sociedades de consumo. Warriache[2] nos llaman, y con orgullo nos atrevemos a escribir de nosotros y de nuestro pueblo, de nuestras luchas, de la pobreza que existe en el sur, y que nuestro pueblo tan querido, que se niega a desaparecer, es por esto y mucho más que ahora nos expresamos a esbozar con gran anhelo que necesitamos educación intercultural.

¿Por qué necesitamos educación intercultural?

Durante mucho tiempo en el congreso se habló sobre una ley la cual consiste básicamente, en respetar las diferencias propias de cada ser humano y en penalizar a aquellos que no toleran estas diversidades. La primera vez que pensé en la posibilidad de la aprobación de esta ley que favorece a los derechos humanos, surgió la siguiente pregunta: ¿Por qué las autoridades de este país se cuestionan el penalizar hechos de violencia en contra de las diversidades existentes? La respuesta de inmediato surgió en mi mente. Todos somos diferentes, algunos diversas orientaciones sexuales, otros con diferentes apariencias, religión, política, etc. Y así una infinidad de manifestaciones culturales diferentes unas a otras.  El aceptar que existen diversidades, debiese ser  visto cómo algo positivo a las relaciones sociales de cada pueblo al enriquecer los acercamientos culturales entre sí.  Sin embargo a esta sociedad claramente le molesta las diferencias, al borde de llegar a matar gente que piensa diferente o es diferente.

Hace unos pocos meses repudiamos el accionar de un grupo de neo nazi, que torturaron salvajemente y asesinaron a un joven homosexual. El llamado caso Daniel Zamudio  fue el culmine de la ley anti discriminación que sacó a la mesa  los diálogos éticos sobre la tolerancia y respeto hacia las diversidades. Dialogo que otros países ya tuvieron hace muchos años atrás, dando un paso a la tolerancia de las diferencias individuales, dejando a todos los individuos en igualdad de acción sin ser discriminado ni cuestionados por este accionar.

El problema del otro:

El problema de la “otredad”[3] lo menciona claramente Claudia Zapata cuando se refiere a la concepción de Said sobre este término: “El llamado de Said es a entender la otredad no en relación con las culturas no occidentales sino como un producto de Occidente mismo: “…ver a los Otros no como algo dado ontológicamente, sino como históricamente constituidos” (Said, 1996c:58). El “otro”, sigue siendo para este país un gran problema  y su expresión más negativa que derivan a las enfermedades, propias de la actualidad tal cómo la homofobia y la xenofobia.

En el caso mapuche la “otredad”, aun imperante en las sociedades con presencia indígena, sigue involucrando a la disminución cultural de aquellos pueblos preexistentes a las colonias españolas. Y es ésta problemática que de cierto modo trata de abordar la nueva ley anti discriminación, sin embargo y como ha pasado durante hace mas de 500 años, seguimos siendo los “indios de América” invisibilizados de todas las discusiones sobre las mejoras de las condiciones culturales, económicas y sociales.

Aun el mal gobierno emplea mecanismo homogeneizadores dentro de una sociedad en el cual nuestra cosmovisión no tiene cabida, donde nuestra lengua es una forma primitiva de hablar y se nos impone otra como la adecuada. Se nos obliga a olvidar nuestra educación y se nos impone otra, con su propia historia, héroes y quehaceres. Mediante y especialmente es esta última, la forma más poderosa de genocidio cultural, la educación oficial chilena.

Historia y contextualización:

 “esta es la historia acerca de la intolerancia, acerca de una sociedad que no soporta la existencia de gente diferente. De un país español, criollo, europeo, cristiano occidental, que se dice civilizado y trata de acabar con los bárbaros, los salvajes, los hombres que deambulaba libremente por las pampas y cordilleras del sur del continente. Ellos se defendieron del salvajismo civilizado; hicieron lo que pudieron, vivieron como mejor supieron, pelearon hasta el cansancio, y terminaron por morir y ser vencidos por el progreso” (Bengoa, 1985: 5).

 A todos nos enseñan en las escuelas las intenciones que tenían los españoles al desembarcar a las tierras Americanas. Nos hablan del progreso de occidente, de barbarie y civilización, de intereses económicos y los más radicales nos hablan de la espada y la cruz. Cómo los españoles sometieron a las civilizaciones de América, imponiendo una cultura diferente y homogenizando a los pensares elevados de aquellas culturas. Que éramos primitivos y salvajes y necesitábamos educación para ser más que solo “indios”.

Es esta historia, la cual se está enseñando por estos días,  se presenta desde la emancipación de estos estados criollos y su formación como estados nacionales y nos preguntamos  ¿Qué es lo que ocurrió con  indígenas que resistieron a los ataques del colonizador y posteriormente a los que pretendían conformar estados nacionales? Lo mismo que ocurrió con los españoles invasores, pasó con criollos  chilenos que siguieron el exterminio con el eufemismo de la “pacificación de la Araucanía”[4], la cual, fue una escusa perfecta para llevar los ideales progresistas de los intelectuales europeos de la época de la ilustración y de las ideologías liberales de occidente a la barbarie local de este frio sur del mundo, a costo del genocidio de una infinidad de vidas de culturas en resistencia[5], no tan solo en el caso mapuche, sino con una infinidad de pueblos en toda la Latinoamérica colonizada.  

Si antes eran los españoles ahora son los chilenos, que tratarían de terminar con la barbarie, mediante diversas formas; una fue la muerte de aquellos que iban encontrar a la expansión de territorio y por otro lado, fue la educación mediada por la iglesia, que asumía su tarea civilizatoria imponiendo otra religión para mitigar las otras creencias “primitivas” de estos pueblos. Es decir nos homogenizaron para absorber nuestras creencias, transformándonos en todos iguales y transformarnos en chilenos.

“con el advertimiento de la República los mapuche dejaron de ser vistos como un pueblo o nación y comienzan a ser tratados como chilenos (o si se quiere ciudadanos, aunque con una ciudadanía limitada)” (Foerster; 2)

¿En la actualidad será la educación una forma actual de pacificación de la Araucanía?

Siguiendo con la historia. Estos criollos que  se formaron en Europa y tomaron ideologías occidentales, las cuales implementaron en las escuelas para lograr y así, continuar con la idea de progreso que tanto motivó al invasor europeo y en donde la identidad propia de los pueblos indígenas no tenía cabida en estas nuevas naciones, que se establecían como un nuevo espejo de occidente.  En consecuencia los pueblos precolombinos en resistencia son masacrados y homogenizados dentro de estas aulas del saber europeo y con esto opacar las propias culturas maternas indígenas .Así como lo hicieron los españoles construyendo iglesias sobre los sitios ceremoniales en América. “esta época se caracterizó por la dominación, el sometimiento y la opresión, propio de la situación de la colonialidad con la consiguiente patriarcalizacíon de las instituciones sociales, culturales y otras que derivaron en las prácticas denigrantes de racismo y discriminación entre otras” (Quenta.2010.1).

Siguiendo estos parámetros, en la actualidad es la educación la que sigue repitiendo estas formas y sigue moldeando al niño dentro de un determinado tipo de paradigma, el cual es muy diferente al paradigma indígena. En el caso local, la educación chilena es representada de la siguiente forma por Sergio Curihuentro, citando a Ricardo Hevia:

“En el desarrollo de los temas éticos no se considera explícitamente el ejercicio del pluralismo en relación a los pueblos originarios, como tampoco se alude a los derechos colectivos de estos pueblos al plantear el tema de los derechos humanos. Al abordar el desarrollo de la autoestima, los OFT se refieren a ella en términos individuales y no en cuanto a pertenecer o no a una etnia en particular” (Hevia en CNCA, 2005:104)

Queda demostrado, entonces, que a pesar de que en la actualidad la educación chilena se plantea como diversa y multicultural en la teoría, en la práctica no es así, puesto que se resume en traducir el himno nacional al mapudungun que necesariamente no es respetar la multiculturalidad, “la cual nos habla de la coexistencia o la convivencia entre culturas diferentes, o entre sujetos que pertenecen a diversas culturas”. (Schmelkes, 2011, pp.26) y es más, reproduce la acción homogeneizadora de las escuelas nacionalistas.

Entre otras la problemáticas de la escuela en el caso de la interculturalidad, la cualestudia las relaciones entre los miembros de las diferentes culturas.” (ibid)  es una problemática de estado que deriva al comportamiento social, ya que el omitir las creencias de cada pueblo, el imponer una idea entre otras, es un acto de discriminación, de violencia en derecho humano. Es un tema (aunque silencioso), una forma de genocidio cultural a estos pueblos aun preexistente y en resistencia.

Del multiculturalismo estatal al interculturalismo indígena

El problema del estado es el  siguiente:

“El reconocimiento de la multiculturalidad como característica definitoria de una nación conlleva importantes consecuencias para el gobierno y la sociedad en general, y para la educación en particular. Es el sistema educativo el que está llamando a asegurar la permanencia de esta característica multicultural de nuestros países, trabajando para fortalecer las lenguas y las culturas que definen dicha diversidad. (Schmelkes.2008:24)”

Pero esta diversidad está lejos de la diversidad de los pueblos indígenas. En estos días la multiculturalidad se resume en hablar de los pueblos originarios como folkloreo simplemente enseñar en los ramos de historia los mapuche o aymara como pueblos extintos de una historia primitiva de Chile.

Pero es otra cosa a lo que apelamos como pueblos indígenas. Es hacer una educación intercultural como un dialogo reciproco entre diferentes paradigmas.

La misma autora anteriormente citada hace la siguiente salvedad sobre la concepción de interculturalismo:

El interculturalismo (soriano, 2004) rechaza el racismo y la discriminación. Plantea la diversidad como una riqueza. Establece el respeto al otro como necesario para la identidad personal y grupal. Reconoce el valor de cada persona por el hecho de ser persona y de cada cultura por el hecho de ser cultura. Parte del derecho de cada persona y de cada cultura de de ser lo que es y de crecer desde ahí. (Schmelkes.2008:27).

Interculturalidad como derecho humano

¿Por qué no podemos exigir, nosotros, los pueblos indígenas, que dentro de la educación tradicional  se enseñe nuestra lengua materna en vez de que se  nos siga exigiendo hablar lenguas extranjeras en el marco de un mundo globalizado que educa sujetos en post de aprender para el funcionamiento de procesos económicos capitalistas?, ¿Debemos seguir permitiendo que se nos imponga una historia, una lengua o una religión que no es la propia a la cultura?, ¿Debemos seguir permitiendo al estado que nos imponga una educación que va en contra de nuestros derechos humanos, teniendo en cuenta que todo ser humano tiene derecho tener su propia cultura?

Son estos los cuestionamientos que surgen desde lo más profundo de los corazones de quienes nos sentimos parte de un pueblo originario americano. Donde muchos niños, en lo particular mapuche, aun nacen hablando la lengua materna  (mapudungun) y creciendo a la orilla de un fogón, donde posteriormente son arrancados de la educación tradicional obligados por el mal gobierno y llevados a los centros educacionales normalistas, donde se les impone otro paradigma. El choque interno de un niño al encontrarse con otra cultura sobre pasa toda investigación científica sobre educación o aprendizaje. Por una parte se les obliga a aprender bajo cánones occidentales, donde el sujeto indígena esta invisibilizado totalmente.

Esta educación estatal te impone otro lenguaje, otra historia, un desconocimiento de los apellidos propios, una forma de ver al mundo y es imperante la concepción del método científico para la explicación de los procesos de la naturaleza, donde la experiencia del sujeto indígena no es válida. Por ejemplo; se explican procesos mediantes teorías sobre las dinámicas y trasformaciones del clima, mientras al indio solo le basta sentarse en el campo o a la orilla de un rio a escuchar el lenguaje del viento, para poder entender el ciclo de las cosecha, si lloverá mañana o si viene un temblor de la tierra. Claramente nuestros procesos de entendimiento no se manifiestan dentro de un libro de ciencias naturales.

Pero así vivimos, entre dos ríos dicen los que hablan kechua, lamentablemente en un “yawar mayu” en un rio donde corre sangre[6]. Se nos enseñan que lo viejo se debe eliminar cuando nuestro culto es hacia los ancestros, se respeta a los muertos que se vuelven estrellas y a los ancianos. Se nos enseñan a ser individualistas y ¿qué pasa con nuestras comunidades a ayllus o lof? Nos enseñan a ver a la tierra como medio económico donde podemos explotar recursos naturales a diestra y siniestra. Cuando nosotros vemos a la tierra como nuestra madre.

¿Bastarían más ejemplos para poder explicar que la educación actual forma parte de la principal forma de genocidio cultural? La educación actual, sobre-pasa y va en contra de todo derecho humano a los pueblos indígenas actuales.

Necesitamos educación intercultural, en la actualidad es importante escuchar la voz de aquellos que han callado durante décadas, además porque necesitamos reconocernos como tales y no podemos seguir permitiendo que en la escuela los niños se burlen de un niño con apellido indígena.

La necesidad de la educación intercultural para las diversidades culturales traería todo un cambio en el paradigma de la sociedad en su forma de pensar. Creemos, cómo indígena que disminuirían considerablemente los rasgos racistas y xenofóbicos de esta sociedad. Porque la educación intercultural enseñaría lo negativo del racismo hacia nuestras culturas mediante el conocimiento de la cosmovisión y el porqué el mapuche se resiste a perder su tierra ancestral.

Porque se entendería nuestro lenguaje, nuestras creencias, nuestras historias, nuestras enseñanzas y la forma de entender el mundo. Porque la educación intercultural es un derecho humano que exigimos como pueblo, porque con una educación intercultural seguiríamos vivos como pueblo en resistencia, y sin ella seguimos reproduciendo el genocidio de los pueblos originarios y con eso, nuestra vía hacia la extinción.


Fuentes
·         Antileo, Enrique. 2011. Diáspora mapuche y multiculturalismo en Santiago. En: Revista Kutral, n°2. Escuela de Sociología, Universidad de Viña del Mar.
·         Claudia Zapata Silva. Edward Said y la otredad cultural. 14.01.2008. Aprobado: 29.07.2008.
·         CNCA (2005). Diversidad Cultural: el valor de la diferencia, Lom Ediciones, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago.
·         José Bengoa, historia del pueblo mapuche (siglo XIX- XX) ediciones sur colección estudios históricos, agosto 1985, Santiago, Chile.
·         Rolf Foerster G. sociedad mapuche y sociedad chilena la deuda histórica. Proyecto Fondecyt Nº 1000024.
·         Santiago Quenta .representante de Viceministerio de Descolonización. La Paz – Bolivia. La descolonización: un camino hacia un estado plurinacional. Seminario Taller “ Estrategias para una educación superior descolonizadora intra e intercultural”. Cochabamba, 18 y 19 de noviembre 2010. Mónica Navarro (Editora)
·         Sylvia Schmelkes. Multiculturalismo, educación intercultural y universidades. Universidad iberoamericana. 2008, México.




[1] Epew:  Cuentos históricos sobre el pueblo mapuche
[2] Warriache : gente de ciudad
[3] A esto habría que agregar que todas las culturas son etnocéntricas y construyen sus otros, por lo tanto, no es una innovación de Occidente.
 El factor determinante es, entonces, el prestigio
y la fuerza política de Occidente luego de los procesos coloniales. (Zapata. 2008:10. Pie de página). La otredad o el otro se manifiestan bajos los cánones occidentales en la actual sociedad.
[4] En Argentina paralelamente se desarrollaba el peor exterminio de su historia, la campaña del desierto a mando del genocida general Roca es quizás una de las mayores matanzas en contra del pueblo mapuche en el lado del Puelmapu (lado argentino del territorio mapuche).
[5] En este caso prefiero llamar “culturas en resistencia” a lo que el formalismo estatal e intelectual occidental llama como, indígenas, indios, culturas originarias etc. A nosotros que tenemos el derecho de autodefinirnos. Aunque es  preferible llamarnos como siempre nos hemos denominado como pueblos ya sea mapuche, aymara, selknan etc. Sin embargo tomo esta denominación para hegemonizar de cierto modo a estos pueblos en su totalidad.
[6] Traducción al quechua.

lunes, 12 de noviembre de 2012

YO ESTUDIANTE 2

Mi primera escuela formal

Estaba en Saltapura y pertenecía a Nolberto Licanleo, integrante de nuestro amplio grupo familiar. Él mismo era quien ejercía la dirección y las clases. Había estudiado en la Escuela Normal de Victoria, según algunas veces nos contó. Se trataba de una sala, que contaba con paredes de madera tinglada, sin forro ni cielo raso, tejado de tejas canoadas, piso de madera levantado sobre gruesos pilares de pellín. Ese espacio era toda la escuela, a la que asistíamos los niños y niñas del lugar. Durante ese año, recuerdo que hubo un par de estudiantes de origen chileno. Provenían de familias que habían sido instaladas en las inmediaciones de nuestro Saltapura por el Estado chileno; es decir, eran/son colonos; pero, de los pobres. Afortunadamente, no hay fundo alguno cerca de nosotros.

Sin embargo, la educación que se nos entregaba era la misma que la que se daba en las demás escuelas del país chileno. No había ninguna actividad relacionada con nuestro origen, nuestra realidad ni nuestras posibilidades de desarrollarnos con identidad. La escuela era ¿entonces? un lugar de desarraigo en que se enseñaba la chilenidad; en que se ensalzaba el patriotismo de los padres de la Patria chilena, haciéndosenos creer que éramos parte de ella; en que se nos mostraba a la machi como a una especialista en brujerías, mientras por las mañanas escuchábamos el tumtum de las oraciones de la que vivía en Bolil. Lautaro, Galvarino, Caupolicán aparecían como personajes míticos, desconectados de nuestra realidad, como situados en un tiempo remoto del que ya nada quedaba. Eso dictaban los programas de estudios de la época. Pero, nuestro profesor no lo hacía mejor; pues siempre se mostró convencido de que la educación debía servir para la chilenización. Él jamás ha mostrado sentirse identificado con su condición de mapuche. Él fue la primera persona a la que escuché usar el vocablo “indio” de modo jocoso y de menosprecio. Era una situación extraña, pero no cuestionada. Nuestros mayores vivían la resignación de la derrota, incapaces de cuestionar seriamente el proceso de awigkamiento que se presentaba. Reducido el espacio territorial, parecían ahogados en la necesidad de sobrevivir, sin poder explicarse el fin de los tiempos de abundancia. Estaban aplastados. El plan de los dueños del Chile en construcción había llegado a su fin y nada más les restaba continuar con la rapiña de apropiación del territorio, corridas de cerco y borracheras mediante.

De entre mis compañeros/as recuerdo a los Catrileo, Chicahual, Curiqueo, Ñanco, Collío, Pichichuinca…

En esa escuela, que ya no existe, aprendí sobre Historia de Chile y algo de Ciencias Naturales. El día en que llegué a ella, lo hice acompañado por mi primo Luis, pues él ya conocía el camino. El profesor me asignó la tarea de escribir una copia de la primera lección desde el libro que se llamaba “Al abrir la puerta”. En su portada había la imagen de un niño que entreabría una puerta. En realizar la copia eché toda la mañana y parte de la tarde.

Posteriormente, recuerdo que me asignaron la tarea de ayudar a mis compañeros que no habían aprendido a leer. Así, me convertí en el ayudante y enseñaba a los demás a unir las letras para formar las palabras. Trabajábamos con el silabario del “OJO” y después con el “LEA”. A mí me resultaba atractivo hacerlo.

Durante los recreos había algunas actividades por hacer. Un grupo de niñas se turnaban para hacer el almuerzo. Había alimentos donados por la “Alianza para el progreso” un programa de gobierno, proveniente de Estados Unidos. Había aceite en lata, polenta, porotos, leche, fideos y no recuerdo más. Tiempo después nos llegaron galletas, quáker. Los niños nos encargábamos de buscar algo de leña, la que sacábamos de los bosques cercanos. Tomábamos el agua desde un pozo que estaba a pocos metros, en el patio, y cubierto con unos pocos tablones. Los baldes que usábamos eran de tarros. En el pozo vivía una familia de sapos que era motivo de algunos de nuestros juegos.

Nos entreteníamos con juegos de esa época. Jugábamos al tejo uniendo monedas de cobre, al corderito sale a tu puerta, al luche, al trompo, a las escondidas, a “navegar” montados en troncos en el mallín que teníamos a un costado, a las bolitas, a andar al apa, a la culebra, a saltar la cuerda, etc.

jueves, 18 de octubre de 2012

YO, ESTUDIANTE 1


Imagen: Yo, más o menos, a los cuatro años de edad, en el patio de la casa. Me acompañan "Goliat" y "Toki".
Fotografía: Debió tomarla mi hermana Teodora.

Les paso a relatar de modo resumido el sistema educacional mapuche y chileno que he conocido como estudiante.

Ingresé al mencionado sistema chileno a la edad de seis años, a principios de 1965, sabiendo leer y escribir en castellano y habilitado para sumar y restar con un par de dígitos, pero cantidades pequeñas. Sin embargo, antes voy a referirme a mis primeros aprendizajes “escolares”, debidos a mamá, papá y hermanos que estaban conmigo en ese entonces. De entre los últimos, la más entusiasta fue mi hermana Miriam que iniciando su adolescencia hizo sus primeros ejercicios de maestra conmigo y que desafortunadamente no llevó a término. Se trata – pienso – del sistema escolar mapuche o lo que restaba de él, aunque en mi caso fue mixto o – si se permite – sincrético.

Me habían hecho llegar un silabario (el del “ojo”) durante ese verano y, naturalmente, comencé a impacientar a todos con eso de que quería saber lo que allí se decía. Rápidamente, me pusieron frente a la primera lección. También tuve cuadernos y lápiz de mina y goma de borrar. Cuando esta última se terminaba o se extraviaba servían las migas de pan.

No sé cuántos días habré demorado en deletrear eso del “o-j-o o-jo…” Le puse empeño. Motivación no me faltó nunca: la familia y yo mismo nos encargábamos de eso. Cada vez que demostraba un nuevo aprendizaje, por pequeño que fuera, mamá hacía un alboroto; papá, un poco menos. Él, con su tono pausado y relajado, se encargaba de verificar tanta maravilla que mamá anunciaba en tanto él aparecía por la puerta oscura de nuestra ruka. Eso comúnmente era entrando la noche. Él tomaba el libro y me pedía que deletreara, o que escribiera alguna palabra simple, al comienzo. Siempre se ubicaba en uno de mis costados. Se mostraba real y serenamente asombrado frente a mis aprendizajes. Con su voz suave, profunda y grave. “¡Vaya, vaya! Es verdad lo que dice esta vieja. Yo pensé que estaba mintiendo”. Y poniéndose chocho: “No, pues; si mi hijo sabe escribir ya”. Luego venía una pausa, porque había que comer los alimentos que mamá preparaba para todos.

Después de ensayar varias veces la demostración, papá me hacía pasar a la próxima lección. Me iba guiando, mientras los demás estaban pendientes de todo y en la medida que podían también participaban. Lentamente, me fueron mostrando las diferentes letras del abecedario español. Lentamente me fueron indicando cómo sonaban y también trataron de hacer explicable eso de la c, s y z que suenan iguales. En medio de todo ello, comentaban otras situaciones relacionadas directa o indirectamente con el asunto que nos ocupaba. Comúnmente – calculo – demoraban una hora y algo más en atender mis avances. Mi hermana Miriam se las arreglaba para incorporar lo que ella había aprendido en la escuela.

Durante el día había momentos en que mi hermana me asignaba tareas menores, como escribir palabras, hacer un dibujo alusivo o leer párrafos breves. Mamá estaba siempre cerca vigilando, no se perdía nada de mi proceso, de modo que cuando papá se asomaba por la puerta, soltaba el empacho de todo lo guardado.

Así fue mi primera experiencia escolar, de la mano de papá y mamá y de la familia. Cada logro mío se transformaba en una fiesta: los ojos de mamá brillaban y su risa era cantarina, como el sonido de las aguas que corren por chorrillos entre los bosques; papá mostraba su amplia, sonora y pausada risa, se volvía tierno. Mi hermanos/as celebraban. Fui privilegiado, pues de ahí en adelante me dediqué a perseguir cuanto escaso papel escrito se asomaba a mis ojos, me pasaba las tardes de lluvia encerrado junto a los pocos libros que había en casa (traídos por mis hermanos desde su experiencia escolar: textos de lectura, la mayoría[1]). Esperaba el momento en que papá regresara del pueblo para apropiarme de las hojas de diario con que en ese tiempo envolvían las compras. También me atraían las figuras que ilustraban las lecturas y las fotografías de los diarios.

Poco después vinieron los números y los cuadernos cuadriculados que me parecieron extraordinarios en su estampa reticular. Era una maravilla ordenarlos por cuadritos, escribir los guiones separadores, escribir del uno al diez y después hasta el cien. Saber que había números más grandes me produjo mucho asombro –era una forma de decir “muchos” de modo más específico–, y me enseñaron a relacionarlos con lo que había en mi entorno, incluso con el dinero que papá y mamá solían manejar. Al mismo tiempo me dediqué a insistir en que me enseñaran a “leer” los del gran reloj blanco[2] que solía descansar sobre un velador hecho por mi hermano Olegario, que estaba en Santiago. Aprendí a sumar y a restar, todo en casa.

Capítulo aparte fueron los relatos tradicionales. Con ellos sí que aprendí una enormidad. Básicamente valores y principios y la historia de mi lof, aunque esto era más complejo, me costaba retener tanta información respecto del tuwvn. Los juegos y adivinanzas también resultaron ser motivos de aprendizaje. Las conversaciones de adultos que escuchaba y que después me explicaban, igual. Podría decirse que había “asignaturas”. Me colocaban frente a ellas de modo sistemático; pero, de modo diferente a como lo hace el sistema educacional chileno. Así como las cosas, procesos y sucesos iban apareciendo me iban instruyendo al respecto. En un instante eran los animales; en otro, los vegetales, los fenómenos físicos, las relaciones familiares, la producción para el sustento familiar, las herramientas, las costumbres, los chilenos, etc. Todo esto –lo último– ocurrió desde que tengo memoria. Era exactamente el modo en que tradicionalmente se educaba en la vida[3] y se sigue educando, al menos en nuestros primeros años.

Comentario

Lo interesante de este relato tiene que ver con la forma en que mis padres me presentaron la experiencia del aprendizaje permanente. Podemos decir que ellos utilizaron estrategias propias de lo que hoy en pedagogía se conoce como constructivismo, en que los estudiantes son constructores de sus aprendizajes. De ahí, entonces que logro percibir que la formación tradicional mapuche ocupaba este modo de enseñar. El objetivo último era la formación de un kimce (hombre o mujer) que se desarrollaba en íntimo y comprometido contacto con su entorno, en el que tanto las personas como lo demás tenían el mismo nivel de importancia. ¿De qué otro modo se puede llegar a ser un kimce reconocido, sino interactuando y llegando a conocer la totalidad del entorno.

Mi partida hacia la ciudad para continuar estudios formales truncó este proceso. Acá no pude aprender, por ejemplo, a predecir el tiempo como lo hacía mi padre, quien era capaz de percibir una serie de signos en la atmósfera y en los seres que indicaban lo que habría de ocurrir. Sin embargo, se me abrieron otras posibilidades de aprendizaje, cuestión que abordaré en una próxima entrega; aunque antes me referiré a mi primera escuela formal en Saltapura.


[1] Había también algunos de historia y matemáticas que me resultaban algo complejos. Los de historia sagrada – que regalaba la iglesia católica – me atraían por sus dibujos; pero, su contenido no fueron para nada llamativos. Estos últimos eran como cuentos; pero, nada de interesantes como los que me relataban en la familia y que hablaban de nosotros.
[2] Se trataba de un reloj despertador de unos 10 cm de diámetro, de carcaza blanca y un botón de color rojo para apagar la campanilla. La cuerda era como la de algunos juguetes, de metal y con forma de mariposa.
[3] El acompañamiento de una persona mayor, calificadamente experimentada, era determinante para la formación de un kimce (kimwenxu o kimzomo), nuestro propósito último como integrante de la comunidad mapuche.