jueves, 24 de marzo de 2016

MUESTRA CULTURAL

Se realizó el 20 de febrero; pero, se hace necesario escribir e informar sobre ello, sobre todo a los ausentes de Saltapura.

Todo comenzó en una conversación informal, durante un almuerzo, allá por fines de enero, después de haber esquilado las ovejas de la tía Zoila. Yo no estuve allí; pero, me contaron… Unos días después me invitaron a una reunión en que se estaba organizando la actividad. Se la tomaron en serio y se mostraban entusiasmados. Me contaron que personas de Nohualhue, Hueychahue y Quilaco se habían enterado y se mostraban interesadas en participar. Pero, ¿de qué se trataba? De mostrar lo que se produce entre nosotros. Hasta un nombre le habían encontrado: “Faw che ñi kvzaw” (El trabajo de la gente de aquí). “No importa que vendamos poco o hasta que no vendamos. Sólo queremos darnos a conocer”, escuché como comentario principal. Se proponía de todo: artesanías, verduras, frutas, comidas, mermeladas, bebidas artesanales, etc. La idea es que no hubiera productos de fábrica, ni comidas típicamente chilenas. “Queremos que se destaque lo mapuche”. “Las empanadas se venden; pero, no las queremos en esta muestra”.

Se escribieron cartas a la Municipalidad, a medios de comunicación con el propósito de encontrar apoyo en infraestructura y publicidad. Y se logró. Circunstancialmente, el municipio local se encontraba preparando un mes de celebración del aniversario de la ciudad de Nueva Imperial. Y tranzaron. Se aceptó ser incluidos en el programa a cambio de stand, sillas, carpas, escenario, publicidad y amplificación.

En esa reunión – a la que asistí – se propuso que hubiera un show con personas de acá. Se nombró a algunas personas que cantan y se armó una propuesta. Acepté que me incluyeran. “Leeré algunos poemas y… está bien, también cantaré un par de rancheras”.

Fernando Raguileo, el presidente de la Asociación Xafazkintun se llevó gran parte del peso de las gestiones.

Desde la municipalidad entregaron un lienzo, el que fue puesto en el camino principal, ese que lleva hacia Teodoro Schmidt, allí en el paradero de micro. Pero, las letras eran pequeñas. Lo único que los conductores de vehículo podrían leer era “Muestra Cultural”. Así que, por el otro lado, se pintó lo mismo, más la fecha, el día y la hora. Con materiales propios se confeccionaron otros carteles de grandes dimensiones y fueron puestos en el mismo lugar, para que viajantes de cualquier dirección pudieran leerlos sin dificultad, indicando que todo ocurriría a sólo 100 metros de allí. Loreto confeccionó banderines para marcar el camino a la sede de Xafazkintun (el lugar en que se desarrolló esta 1ª Muestra). Se repartieron carteles por los caminos y en las dos micros que circulan por el lugar. Se gestionó un perifoneo por las comunidades vecinas en la víspera. Mi hermana Miriam creo que fue la responsable, recurriendo a un senador. Hubo quienes trajeron herramientas para cortar el pasto, y hubo un día en que estuvimos rozando y hermoseando algunos árboles existentes en el predio. Se hizo aseo general.

El día 19 llegaron parte de la infraestructura facilitada por el municipio. Lo demás fue traído a la mañana siguiente. A eso de las 10 de la mañana del 20 de febrero, había en el lugar un pequeño grupo de expositores esperando el momento de comenzar a armar su stand. Yo, llevé mis asuntos en una carretilla, pues vivimos cerca. Como a las 11 horas estaba todo listo, incluido un espacio en que se atendería a los más pequeños que pintaron y jugaron.





Se tramitó la posibilidad de un presentador que no funcionó y me habían solicitado como segunda opción. Así que tuve que hacerme la idea y comencé a organizar el programa con la ayuda del incansable Fernando. Algunas mujeres comenzaban a cocinar. Loreto andaba en eso de redactar e imprimir una hoja en que figuraba el nombre del expositor/a, lo que mostraba y su lugar de procedencia. ¡Empezó a llegar público! Me quedé sorprendido. Pensé, por un momento que esa gente se iría luego y no volverían; pero, no fue así. Después de recorrer los stands, se sentaron en las mesas, bajo el inmenso toldo y se pusieron a conversar. La cerveza artesanal comenzó a ser solicitada. También las sopaipillas y otros asuntos. Entonces, subí al escenario y comencé por saludar, dar una breve explicación, agradecer la asistencia, comentar que habría almuerzos para que compraran y les avisé que tendrían música en vivo.

Como a la una de la tarde, anuncié al líder de la comisión organizadora. Fernando fue breve en su saludo y en explicar los objetivos y el programa. Luego se vino el primer número musical. La prima Nora Quintupill le pidió a Guillermo que le acompañara con la guitarra. Ensayaron un poco y dijeron ¡listo!. Ella cantó una canción de Los Vásquez y enseguida una versión en mapuzugun de una canción popular, traducida por ella misma. ¡Tremenda sorpresa! Nora posee una voz cálida, joven aún, realiza unas inflexiones que parece que hubiera estudiado algo de canto; pero, no, no es así. Gustó mucho.


La idea original era que hubiera un par de canciones a esa hora y que el show se haría allá por las seis de la tarde, para con ello cerrar. Pero, las cosas se fueron dando de otro modo, porque un rato más tarde – habiendo harto público dando vueltas por el espacio – la sobrina Rayen que había estado ensayando un poco con Juan Llanquileo, para que le acompañara en guitarra, se subió al escenario y cantó canciones de Manuel García. Aunque nos conocemos todos, no dejaba de sorprenderme, porque Juan en otro tiempo solía tocar el acordeón junto a su hermano Roberto y cantaban música mexicana. Desde hace unos años, me contaron sólo cantaba en la iglesia a la que asiste, y en casa también; pero, no en fiestas.



Un furgón, puesto por el municipio hizo el recorrido desde Nueva Imperial hasta Saltapura. Y en él llegaron varias personas, para quedarse, pues se regresó a eso de las siete de la tarde. Hasta de Temuco llegaron un par de amistades.


La cuestión no paró. Cada cierto tiempo, leía – por parlante – los nombres de los expositores, sus productos y de dónde son.

(EN UNA PRÓXIMA ENTREGA DARÉ A CONOCER EL NOMBRE DE TODOS LOS EXPOSITORES Y EL DETALLE DE LO QUE MOSTRARON)

Fue el momento, también en que debí anunciar al alcalde. Hizo un breve saludo, sin exponer ningún otro asunto. Después le vi conversando con varios, visitando los stands hasta que… dicen que se fue. Entre tanta gente, el momento pasó desapercibido.

Se organizó una muestra breve y sencilla de coyke purun (danza del avestruz) con jóvenes y niños, y otra de palin. Hasta que me llegó el momento. Así lo anuncié. No soy cantante; pero, esta muestra la levantamos entre todos y hacemos lo que podemos con el entusiasmo que se nos ha contagiado. No soy parte de la Comisión organizadora, sino un colaborador más. Feliz de lo que está ocurriendo, porque hace diez años inicié la realización de un mingako cultural, para provocar alguna acción, y ahora la estoy viendo. Canté un par de rancheras y una canción que aprendí de mamá, o sea, kiñe vl (una canción mapuche). Improvisé, porque ni guitarra andaba trayendo, así que me conseguí una, y por señas Guillermo me ayudó con la letra de una canción que tendía a olvidárseme. Salió todo bien.

La gente almorzó. Hubo asado de cerdo, cazuela de pollo de campo, chicharrones con papas, ensaladas, pan de horno, tortillas y sopaipillas. Se acabó todo, me contaron. A ratos, tomábamos mate o alguna otra bebida y… mucha conversación.

Fue el momento de los Llanquileo. Roberto me dijo que se llaman “Los rivales de Nohualhue”; pero, se me olvidaba. Cantaron algo del repertorio de Los Rancheros del Sur, algunas cumbias viejas y otras canciones. La cosa se puso buena y sugerí al público que bailaran. Les conté que mi mamá nos hacía bailar de la nada, en otros tiempos, allá en nuestra casa. ¡Cómo se van a perder esta música tan bonita!... No pasó nada, así que le pedí a mi hermana que bailáramos a un costado. Eso fue el detonante. Luego aparecieron tres parejas… y otras, y otras… “Los rivales…” no se hicieron de rogar y siguieron dándole a su repertorio de torneos de fútbol de otro tiempo… ¡Era una fiesta!


Como en algún momento se levantó viento, había varios vasos de plástico y otras porquerías en el suelo. Por eso, me dirigí al respetable, para explicarle la situación y solicitarle que colaboraran en dejar limpio. Al momento de despedirnos, la gente se fue rápido. Hubo despedidas, rostros alegres y satisfechos… El personal de la municipalidad llegó para desarmar y lo hizo con la ayuda de algunos locales… Lo bueno fue que al mirar el sitio en que estaba todo, no había basura por ningún lado. ¡Todo funcionó, demasiado bien!


En la reunión de evaluación, realizada unos días después, hubo sólo palabras de satisfacción y el manifiesto deseo de que se repita en el próximo verano. Se destacó que se dio un ambiente familiar, de encuentro, de conversación, la música y el hecho de que todo lo mostrado fuera hecho por nosotros mismos y de que se gestionó en tan solo un mes. También se contó que de entre el público hubo muchos que quedaron bien impresionados por el lugar, lo encontraron bonito, acogedor. ¡Ah! La mayoría dijo que vendió suficiente y más de lo esperado.

Ahora a esperar el próximo verano, en febrero, porque la Muestra llegó para quedarse. Quedan todos invitados…
















lunes, 22 de febrero de 2016

MI ÚLTIMO MINGAKO





Las narraciones
Al igual que en años anteriores, la realización del Mingako Kultural estuvo plena de sucesos imprevistos. Es lo usual. Por defecto profesional, cuando comencé esta aventura, intenté planificar hasta el último detalle; pero, debí aprender a improvisar sobre la marcha.

El principal objetivo, como mencioné en la convocatoria, fue acercar a los más pequeños a la oralidad, especialmente a la historia: la nuestra. Como era de esperar, los adultos no colaboran con entusiasmo. Sin embargo, hay un sector más joven y algunos mayores que lo entienden distinto y se suman alegres a este tipo de trabajo, conectado a la memoria ancestral.

Los días 2 y 3 de febrero nos reunimos, en el local de la Asociación Xafazkintun, un grupo de cuatro niños/as (Koyam, Mawvn, Ayileo y Kalfuray). Hubo más invitados; pero, por diferentes motivos no llegaron. La principal narradora no estuvo porque la máquina cosechera llegaría esa tarde para trillar la avena, y… claro – es comprensible –, en esos casos hay que dedicarse por completo. Lo más triste es que al día siguiente enfermó. De modo que debí enfrentar la situación casi solo.

El principal relato terminó siendo aquel del malón entre las gentes de Wigkul y nuestros antepasados, allá por fines del siglo XIX. Ese hecho dio origen a algunos nombres de localidades como Nowalwe (Nihualhue), Reqce (Reyque), Weycawe (Hueychahue) y Wixamalal (Huitramalal). Probablemente, el nombre de nuestra “comunidad” – Saltapura – también surgió de ese acontecimiento. En esa narración, que todos los adultos conocen de modo fragmentado, igualmente se puede observar cómo operaba el principio de justicia en nuestro antiguo lof. Asimismo, el sistema de “casamiento” por el que las mujeres se trasladaban al lof el hombre, y muchos otros asuntos.

Miriam y Norma Raguileo contaron su experiencia como profesoras del lugar y recordaron también lo del malón, algo de lo acontecido a principio de los 70 y asuntos de familia. Otro tema que se conversó fue la descendencia del viejo Ñagkulew (Ñanculeo) de la cual todos somos parte.

Al final de cada jornada, los niños/as dibujaron algunas escenas. Vivi, la mamá de Koyam, también se entusiasmó. Por mi parte, les sugerí otras que me parecen de importancia. Después los trabajos fueron entregados a Fernando Raguileo, para que elaborara la propuesta, a través de una composición en que él pusiera su parte. Le sugerí que incorporara la imagen del fogón, y con eso quedó todo resuelto.

Taller de mosaicos en cerámica
Mi amigo Eduardo Cabello quedó en deuda en el Mingako del 2015. Un par de semanas antes me llamó para proponerme que lo hiciéramos en esta ocasión si era posible. Se realizó el día jueves 4 y participaron Patricio Melipil, Fernando Raguileo, Isidora Soto Raguileo, Constanza Torres Raguileo, Carina Raguileo y yo.

Resultó relativamente sencillo. Eduardo aportó las herramientas y los materiales, de  modo que debíamos asistir sólo con las ganas de aprender. En un trozo de trupan de 20 cm x 20 cm, pegamos palitos de maqueta en el borde, usando cola fría para madera. Enseguida, cada uno dibujó algo simple. Eduardo nos mostró el uso de las herramientas para romper la cerámica (para mosaico) y fuimos pegando los trozos para rellenar la imagen. Posteriormente, aprendimos a mezclar el fragüe con agua y a esparcirlo – con una espátula – sobre el trabajo terminado. Finalmente, con un trapo fuimos sacando el exceso hasta quedar el mosaico terminado.

Ese día me las di de cocinero, además de aprendiz. Almorzamos juntos, y ya a media tarde todo había finalizado. Hubo vivita de algunos familiares y compartimos unos cuantos deliciosos mate.

El mural
Una parte del financiamiento fue mío; pero, también hubo un par de aportes muy significativos de un par de amigos que me pidieron el anonimato. El muro es de 2,5 m x 3,3 m. Adquirí 5 litros de látex (negro, blanco, rojo, amarillo y azul), también algunas brochas de 3, 2 y 1 pulgadas. Eduardo aportó varios pinceles. Con fondos de botellas plásticas confeccioné los mezcladores.

En la noche de la víspera proyectamos la imagen sobre el muro y con tiza de color delineamos todos los trazos. Fue simple, un trabajo de una media hora y no más. Bebimos una cerveza y nos fuimos a la casa.



La composición es de Fernando Raguileo y los diseños mayoritariamente de los peques que participaron. Trabajaron Constanza, Isidora, Matías, Mawvn. Todos dirigidos por Camila Collipal quien primero nos mostró una breve reseña histórica del mural en diapositivas power point; después pidió que dibujaran una rosa cromática para mostrar los colores primarios y sus mezclas que se enfrían en un sentido y en el contrario, se tornan cálidos. Fue una introducción breve y precisa. Posteriormente, se fueron al muro para decidir los colores a usar.

De ahí en adelante fue pintar y pintar. Ya encaminado el asunto nos fuimos al almuerzo, hecho por mi amigo Jorge Sir y mi cuñada Marina, y con la ayuda de algunos más. En el intertanto llegó de visita el peñi y pariente José Curillán… Y, de nuevo a la pintura. Los niños/as mostraron cansancio, menos Matías que había viajado a Santiago y regresado recién esa mañana. Él mostró un entusiasmo especial, hasta que el sueño y el cansancio lo vencieron. Fue entonces que los adultos nos dimos a la pega de terminar los detalles. Participaron la misma Camila, Fernando, Cristian Collipal, Eduardo y yo, mientras los demás conversaban sobre el malón y otros asuntos, y otros registraban el momento. Terminamos cuando el sol se aproximaba al horizonte oeste.









Independientemente de todo aquello que pudo ser y no fue, me quedo con la sensación de haber cumplido bien lo cometido. Satisfecho. Y puedo visitar a papá y a mamá (en el cementerio) para contarles que estoy en lo que conversamos allá por mis primeros tiempos: esa promesa de dedicarme a aportar al desarrollo de todos nosotros, los mapuche, de un modo simple y “lejos de las portadas”.

Pude darme cuenta que los pequeños, efectivamente, desconocen/ían nuestra historia local. Sin lugar a dudas que el hacerlo, contribuye a fortalecer su identidad y la posibilidad de construir un proyecto de vida afín con nuestra realidad, si es que lo consiguen. Allí está el mural que construimos colectivamente, para que otros se pregunten y lo continúen a su manera.

En unos días más, el 20 de febrero, se realizará en ese mismo lugar la 1ª Muestra Cultural de productos del lugar. Se trata de una iniciativa de varias personas, lideradas por gente de la Xafazkintun que esperan gustosos mostrar lo que hacen (artesanías, comidas, bebidas y otros asuntos). Ninguno de ellos piensa que venderá grandes cantidades, sino que lo que les moviliza es darse a conocer. La Comisión organizadora ha conversado con el municipio local y ha conseguido un aporte en infraestructura importante (varios stand, publicidad y amplificación). Cuando partí con lo del Mingako Kultural, allá por julio del 2007, tenía la idea de provocar a los más cercanos, de modo que en algún momento se atrevieran a gestionar cosas de manera autónoma y ya está ocurriendo, por esa razón llego hasta aquí, y me dedicaré a otro tipo de proyectos. Ya estoy en ello.

Agradecimientos especiales 10º Mingako Kultural: Fernando Raguileo, Camila Collipal, Eduardo Cabello, Marina Reyes y Jorge Sir.

Mi agradecimiento a todos/as los que participaron y colaboraron en las diez versiones, especialmente a los de la primera etapa (Víctor Cifuentes, Cristian Antillanca, Fernando Raguileo, Lino Raguileo, Loreto Raguileo, Flor Raguileo, Pablo Quintupill, los de casa (son varios) y Agustín Yávar…

También a Jorge Sir, Eduardo Cabello, Alicia Foxley, Alfredo Seguel, Zoila Huilipan, José Carihuentro, Guillermina Quintupill, Marta Quintupill, Martiliano Llanquileo, María Melipil, Fabián Marin, Martín Raguileo, Organización Comunitaria de Saltapura, Organización Comunitaria de Millacoy, Asociación Indígena Xafazkintun de Saltapura…

Entre los invitados especiales, mi agradecimiento a los peñi y lamgen Chicha con Harina, Luanko, Jaqueline Lagos, Roxana Miranda, Luis Cifuentes, Cristian Lagos, Ana y Pablo, Rayeh Kvyeh, Hogar Weliwen, Hogar Pelontuwe, Colelo, Salvador Mariman, Carla Guaquin, Alan Paillan, Taller David Cayuqueo, Mauro Rojas, Grupo La Zaranda, Cecilia Caniuman, Marjorie Huaiqui, Olga (La Garza), Fabián Lira, Carlos Coche, Pedro Cural, Daniel Huencho, Washington Canales, Marina Reyes, David, Dominga Quintupill, José Raguileo, Herman Torres, Oscar Nahuelhual, Jake Rekedal, Marcelo Azúa, Genoveva Reuca, Mabel Raguileo, Carina Raguileo, Pato Melillanca, Guillermo Jaque, Juana Ñanculeo, Isabel Espinoza, Margarita Raguileo y varios/as más…También a los dirigentes locales Teresa Licanleo y Juan Paillafil.




Este blog seguirá abierto para contar sobre otros asuntos relacionados con Saltapura y sus alrededores.

lunes, 11 de enero de 2016

10º MINGAKO KULTURAL: HISTORIA LOCAL Y UN MURAL PARA SALTAPURA


Zoila Huilipan
1° Mingako Kultural (2007)

Todo tiene un principio y un final. El mingako kultural que vengo realizando desde 2007 termina su ciclo de diez años pensado en ese entonces.

Mi principal preocupación ha sido aportar al desarrollo comunitario de diversos modos. Me declaro provocador, porque mi intención es realizar acciones que muestren una realidad posible de cambiar, de la que la gente se haga cargo, a partir de su propia historia y con sus recursos que, en mi opinión, no son pocos, dada la creatividad con que surgen las respuestas. En mi Saltapura de infancia y de todos mis tiempos existe la necesidad de provocar cambios.

Poco antes de partir a la ciudad del norte, mi papá habló conmigo acerca de las conveniencias de partir. En su opinión, lograr un nivel superior de educación era de fundamental importancia. Tenía que ver con eso de alcanzar el grado de kimce, una persona conocedora de todo lo necesario para desenvolverse en su medio. Agregó en algún instante que cuando yo fuera grande podría aportar al mejoramiento de la situación, y no dijo la de la familia, pues yo entendí que se trataba de todos. Por ese y otros asuntos relacionados a mi primera existencia junto a mis papás tuve siempre clara la hermosura de ser mapuche. Después vine a entender la diferencia con los otros, particularmente cuando me aprendí a mirar en el espejo y vi un rostro blanco, como el de aquellos por los que sentía temor cuando pequeño. Seguramente, por haber escuchado relatos de malones del ejército chileno en perjuicio de nuestros abuelos. Por eso me integré al Centro Cultural Mapuche, allá en Concepción, cuando tenía aproximadamente unos 20 años.

No es fácil ser un provocador responsable. Son muchos los factores a considerar. Y aquí va mi último mingako cultural, al menos por ahora.

En esta última versión tengo la intención de lanzar al viento las semillas más importantes en nuestro medio, aún hoy en día, a pesar de todo lo demás.

Fundamentos
La práctica cotidiana de conversación entre adultos y niños/as se está perdiendo, principalmente porque ese proceso está siendo trasladado a la escuela chilena y por distractores como la televisión.

Tradicionalmente los adultos solían contar epew y otros tipos de relatos a los niños en las horas de la noche, después de guardar los animales y haber trabajado en faenas productivas durante el día. De todos modos, en otros momentos del día solía ocurrir dicha transferencia ya sea a cargo de los abuelos o algún otro adulto significativo. De acuerdo a las pautas de crianza, este era el modo tradicional en que los niños aprendían lo fundamental desde las generaciones mayores para desarrollarse en el colectivo.

Otro aspecto de importancia fundamental es que durante esas sesiones de conversación o narraciones, se daba también el gvlamtuwun. Es este el momento en que los mayores “aconsejan” a los menores, dándoles a saber las pautas de comportamiento que le conducirían a ser una persona satisfactoriamente integrada en la comunidad, a través del ejercicio de uno o más roles.

La escuela chilena y los medios de comunicación, especialmente la televisión, desde que llegara la electricidad, han contribuido a un proceso de abandono de las prácticas mencionadas, de modo que se ve afectado el de formación de los niños/as mapuche. (Cada día su formación es más semejante a la de los niños no mapuche. Se observa un proceso de homogenización).

Desde esa situación es que propongo la realización de la actividad, con el propósito de acercar los niños a los fundamentos del ser mapuche.

Metodología a desarrollar
-        Realización de sesiones de conversación y relatos entre niños mapuche[1] y adultos residentes en Saltapura lof. La cantidad de sesiones no está definida. Habrá especial énfasis en relatos de historia local.
-        Los niños/as dibujan escenas de los relatos escuchados.
-        Uno adulto o más, con conocimientos en digitalización de imágenes y de diseño o composición realizarán propuestas para la confección del mural.
-        Los niños/as deciden el diseño a transformar en mural y justifican su decisión.
-        Realización de un mural en una de las paredes de la Asociación Xafazkintun de Saltapura[2].

Costo estimado
$ 100.000= (incluye gastos parciales de alimentación).

Dimensiones del mural
3,30 m x 2,50 m

Responsables
Dirección y coordinación: Erwin Quintupill
Dirección Técnica en la confección del mural: Camila Collipal.
Propuesta de diseño mural: Fernando Raguileo y quien quiera compartir la responsabilidad.
Otros responsables: adultos conocedores de la historia (narradores).

Invitación
  1. A todas las personas que quieran aportar con recursos económicos, necesarios para la compra de pinturas, otros materiales y herramientas, deben dirigirse a quintupillerwin@gmail.com o al fono 77965113. En esa ocasión les indicaré el modo de hacerlo[3].
  2. A todos/as que deseen asistir para aprender y para aportar con sus experiencias.
  3. A los/as artistas – especialmente mapuche – que quieran aportar siendo parte de la actividad final.
  4. A personas conocedoras de juegos tradicionales mapuche para que puedan enseñarlos a todos los asistentes.

Fecha de realización
-        Confección del mural: sábado 6 de febrero (jornada completa).
-        Gvxam niños/as y adultos: días anteriores (a confirmar), por la tarde.

Consultas
De preferencia a la dirección y teléfono mencionados más arriba. También mensajes internos en cuenta Facebook (Erwin Quint).

Invitación especial
A todos/as los que aportaron en los mingako anteriores.

Un abrazo de Erwin.

Enero de 2016.



Luis Cifuentes y Cristian Antillanca
1° Mingako Kultural (2007)


Víctor Cifuentes
1° Mingako Kultural (2007)


[1] Se invitará a todos los niños que residen en Saltapura y sus alrededores. Se aceptará  también la participación de niños de otras comunidades, ya sean urbanas o rurales.
[2] El mural mostrará escenas diversas correspondientes a la historia del lugar, principalmente.
[3] Una vez finalizada la actividad se dará cuenta de los resultados, las impresiones. También una cuenta de ingresos y gastos.

jueves, 3 de diciembre de 2015

EL CEMAVJ DE PABLO QUINTUPILL, EL LOGKO



Por Erwin Quintupill

Hay un nuevo cemamvj en el cementerio de Saltapura. Esto sobrepasa, en parte, mis expectativas, pues desde hace tiempo estaba con la idea de que volviéramos a verlos, no como decoración de una plaza, parque u otro sitio público.

Hace muchos años los peñi Cristian Collipal y José Ancán fueron los responsables de los que están en el Cerro Ñielol. Para ese tiempo y los venideros estuvo/está bien. Se trata de un espacio ampliamente visitado por personas que visitan esa ciudad y desde allí puede ocurrir una aproximación hacia nuestra realidad. No se trata de hacer algún tipo de proselitismo, no. Se trata de abrir espacios entre tanta negación. Sin embargo, ya es tiempo de que se ubiquen en el sitio que corresponde: los cementerios, ta ñi pu eltun.

Hace un año atrás instalamos el primero en la tumba de Anselmo Raguileo. Ahora hemos hecho lo mismo en la de Pablo Quintupill Lienleo. Porque ambos lo ameritaban.

Durante los días 17, 18, 24 y 25 de octubre nos dimos a la tarea de este segundo cemamvj, en el contexto de una escuela-taller, organizada por la Asociación Indígena Xafazkintun y con recursos aportados por el INJUV. Acudieron algunos peñi de Temuco y de por acá.

Durante el trabajo fuimos conociendo algunos antecedentes acerca de este tipo de escultura. Invitamos al peñi Cristian Collipal quien llegó el sábado 24. La tía Zoila Huilipan, viuda de Pablo Quintupill, nos contó que cuando era niña vio en el cementerio de su lof dos esculturas: un cemamvj y un rewe. El último era la tumba de una machi. Respecto del primero, dice que su papá y abuela le comentaron que solía hacerse a una persona que se hubiera destacado por haberse desempeñado en algún rol específico, sobre todo si se trataba de alguna autoridad. La prima Teresa, contó que andando por un poco más al sur de aquí, en unos lof vecinos, divisó un conjunto de árboles situados de un modo particular. Le informaron que se trataba de un cementerio antiguo. “Ponían un árbol en el lugar en que era sepultada la persona. Incluso, había una reja con un árbol adentro”. “Así era, agrega la tía Zoila, sólo a la gente importante le hacían cemavj”.

Hubo un instante que la tía Zoila comentó que había estado muy preocupada por la decisión de involucrarse en hacer un cemamvj para su marido. “A lo mejor, se va a enojar. A lo mejor, no está de acuerdo, pensaba. No hallaba qué hacer. A lo mejor, he tomado una mala decisión. Pero, un día soñé que tenía una lana negra, bien bonita. Entonces, le puse la lana al lado, así, en el pecho y pal hombro. Le dije, te verías bonito con una chomba de este color. Él me respondió que sí. Hágalo no más, me dijo; pero, hágalo luego. Así me dijo, en el sueño. Y ahí me dije, estoy bien entonces. Le va a agradar”.

A punta de mate, pan amasado, tortillas, sopaipillas y ricos almuerzos, las jornadas transcurrieron tranquilas y animosas. El sábado 24, la tía Zoila le habló a Cristian pidiéndole que se quedara, para que guiara la ceremonia del día siguiente. El peñi no se hizo de rogar. Ya el domingo, por la mañana, mientras se le daba los últimos arreglos al cemamvj, Cristian comenzó con el kulxug y me pidió que le ayudara con el otro que había. Cuando todo estuvo listo, el kulxug pasó a otra mano y nos dispusimos con las pifvjka a acompañar la ceremonia, previo a levantarlo y llevarlo al cementerio. Pablo (nieto) y Nora (hija) fueron los ñankan. Carina – la cocinera – vistió de gala. Los hombres nos pusimos nuestro xarilogko… Emotivo el momento.

Con el firmamento muy nublado llegamos al cementerio. Había unas cuantas personas limpiando las tumbas de sus parientes. Estábamos a una semana del 1º de noviembre. “Falta una placa, comentaron”. Pablo (el nieto), dijo que la haría con un resto de tronco que sobró. “Para el próximo fin de semana estará listo”. Y, ¿la cruz? pregunté “inocentemente”. Hay que sacarla, dijo Teresa (hija). Sería una contradicción, agregó.

Y allí está Pablo Quintupill, el último logko de Saltapura, con un hermoso cemamvj, como lo indicó su esposa, vestido con xarilogko y su wiño.


























































Fotografías: Juan, Eduardo, Fernando, Erwin y alguien más.
Saltapura, octubre de 2015.