"Y veras como quieren en Chile al amigo cuando es forastero.. siempre que sea Europeo, que sea rubiecito y que traiga dinero"
domingo, 17 de noviembre de 2013
VEA, COMO EN CHILE: AMAMOS AL GRINGO Y ODIAMOS A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS.
Este video es un experimento interesante, como para compartirlo. Da para conversar y reflexionar.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
Fragmento de entrevista realizada a Jacques Chonchol, ministro de Agricultura de Salvador Allende.
Jacques Chonchol
Fotografía: Punto Final, junio 2000.
…
También
tuvimos una experiencia muy bonita con el pueblo mapuche, porque luego de que
salió Allende, en diciembre vinieron unas comunidades y lo convidaron a Temuco.
Habría unas 10 ó 15 mil personas en el Estadio Municipal. Allende estaba en
primera fila, yo al lado de él y ellos le empiezan a plantear todos sus
problemas. Sobre todo tenían una preocupación por las tierras usurpadas que le
habían dado en la época de la Pacificación de la Araucanía, pero que después
habían perdido por engaños. Entonces le propusieron a Allende dos cosas: que
querían una Ley Indígena y que se hiciera lo más posible por recuperar las
tierras despojadas. Él se da vuelta y me dice voy a tomar el proyecto de Ley
Indígena, lo voy a hacer estudiar y lo voy a mandar al Parlamento, pero la Ley
de Reforma Agraria no dice nada sobre la situación indígena. Una solución es
que te vengas con el Ministerio de Agricultura a Temuco, y al comienzo apliquen
la Ley de Reforma Agraria y cada vez que haya un terreno expropiable indígena,
se lo devolvamos a ellos. Eran órdenes superiores con las que yo por supuesto
estaba de acuerdo, así que en enero de 1971 trasladamos todo el Ministerio de
Agricultura, con jefes de servicio, subsecretarios y nos instalamos en Temuco.
Por esa vía logramos devolver unas 150 mil hectáreas.
El
Desconcierto Nº 14, septiembre 2013.
YO ESTUDIANTE 3
Lo que les comparto fue escrito en 2009. He venido subiendo fragmentos y esta es la tercera parte: corresponde a mi llegada a la ciudad.
En la ciudad
Marzo de 1969
En
marzo de 1969 me trasladaron a vivir a la comuna de Talcahuano, porque allá se
encontraban mis padres biológicos, quienes habían manifestado hacerse cargo de
mi formación de allí en adelante. Ingresé a un colegio de niños en que la
situación era la misma, salvo que mi profesora jefe (María Isabel Lara) supo
situar mi condición ante el curso que me recibió curioso. No recuerdo las
palabras que pronunció. Creo que habló de los primeros habitantes, de la “resistencia
araucana” y cosas por el estilo. Todo ello, porque sorprendió a uno de los
integrantes del curso haciéndome motivo de entretención. Fue la primera y
última vez que alguien me llamó indio. Posteriormente, yo mismo me autodefino
como tal, como una forma de revertir el sentido. Sí, soy mapuche, soy indio, no
chileno. Un “indio de carajo”, como decía (¿o dirá aún)?) mi primer profesor.
En ese
colegio, ubicado en la actual comuna de Hualpen, éramos solo niños. Es la única
vez que viví esa situación anómala de vivir separado de las mujeres. En
Saltapura estábamos todos juntos y en muchas ocasiones compartíamos los juegos.
Allí
comencé con mis problemas de inserción social. Hice un par de amistades; pero,
no llegué a ser parte de un grupo. No me iba bien ni mal. Me hice del montón.
No conocía la ciudad ni me animaba a explorarla.
Llegué
a vivir con mi madre biológica. Lo hacíamos en una mediagua, ubicada justo al
lado de un galpón-bodega en donde se guardaban los materiales de construcción
de la población que se construía, por medio del sistema de autoconstrucción. A
unas dos cuadras estaba la calle Colón y por el otro lado el aeródromo de
Hualpencillo. Desde allí veía salir y llegar pequeños aviones. A la distancia
se veían los inmensos hangares; pero, jamás me aventuré por allí. La pista de
aterrizaje estaba en el centro de un terreno eriazo, cubierto de pasto de color
claro y matas de chochos, a unos cien metros de las pocas mediaguas levantadas
allí.
Las
demás familias, unas diez más o menos, eran de aquellas que no tenían en donde
vivir y temporalmente – mientras se construían sus futuros hogares – fueron
autorizadas para vivir en las inmediaciones. Había poca gente por allí. El
colegio – en la Población Armando
Alarcón del Canto – no estaba tan lejos, aunque de eso me di cuenta mucho
tiempo después. Lo entretenido del lugar es que no había mucha gente y de poco
ruido. Me la pasaba leyendo o escuchando música en una vieja radio de tubos que
nos facilitó un vecino que no disponía de luz eléctrica.
La enseñanza media
Después
vino la enseñanza media, en un Liceo fiscal, ubicado en el sector Las Salinas,
cuyo cerco estaba prácticamente todo en el suelo. Aún así, tengo la impresión
de que no estaba tan mal, porque mis compañeros/as de 4º medio quedaron todos
aceptados en la universidad, excepto uno. Eso sí, quienes no estaban motivados
para estudiar, simplemente se iban hacia la parte trasera, en donde no había
obstáculo alguno que impidiera correrse de clases.
Julio de 1973
De esa
época, recuerdo a los profesores Pérez (María y David). Ambos enseñaban
matemática. Cuando María debió dejar la jefatura de nuestro curso, se las
arregló para heredársela a su hermano. Con él tuvimos nuestro mejor paseo de
estudiantes, acampando a las orillas de un río en Diuquín (cerca de Laja).
También recuerdo al profesor Sadi Mora, un hombre serio (por el cual algunas
compañeras se derretían), porque en una ocasión nos llevó a la Laguna Grande de
San Pedro, y exploramos junto a él los pantanos de sus alrededores. Nos hizo
tomar muestras de agua. Lo mejor vino después, porque habilitó parte de unos
talleres que casi no se usaban como sala de estudios. Allí con un par de lupas
y unas pocas cápsulas Petri descubrimos la regeneración de las planarias. Fue
alucinante, ya que al momento de los recreos nos íbamos a ese lugar. Raro, ¿no?
Lo que quiero dar a notar es que el Liceo estaba mal habilitado, pero que
algunos profesores/as –creativamente– se las arreglaron para lograr
aprendizajes significativos en nosotros. “El que quiere, puede”, dicen por ahí;
además, la mayoría de mi curso era inquieto por aprender.
El
primer profesor de música que tuve fue todo un estímulo. Nos hizo cantar en
coro y cuando nos escuchamos, inflamos el pecho como pavos enamorados. Con él
hice mi primer trabajo de investigación. Con él conocí las “Coplas al viento”
de los Quelentaro. En su clase supe que “Imagine” de John Lennon podíamos
considerarla una canción de protesta social, según la presentación de una
compañera. Igualmente recuerdo a la profesora de Ciencias Naturales,
participando en una marcha en la calle Colón, organizada en apoyo al gobierno
de la Unidad Popular. Debió ser en 1973. Nunca más supe de ella. Fue la primera
vez que vi a una profesora en una manifestación callejera.
Allí
tampoco hice amigos íntimos. Me relacionaba más con unos que con otros; pero,
la mayor parte estaba conmigo mismo. Conversaba con mis compañeros/as, cuando
estábamos de a dos. En grupo, tomaba palco y hablaba poco. Sin embargo, siempre
sentí que era parte del curso, tanto en lo positivo como en lo demás. En primer
año, hice de delegado del curso durante una convención que se realizó con
participantes de todos los cursos. Se trataba de un asunto político. Yo casi no
participé, no tenía experiencia, así que escuchaba y anotaba acerca de las
discusiones que se dieron. Así pude informar a mi curso sobre lo que allí se
debatía. Éramos muy pequeños: teníamos apenas 14 años, la mayoría.
Después
ya no me hice notar por nada; pero, cuando hubo alguna maldad colectiva como el
“día de la greda” o el “de la torta”, aunque no fui protagonista principal, me
sentí responsable de la embarrada porque había disfrutado de la barrabasada; de
modo que al momento de poner la cara no dude ni un instante en colocarme junto
a “los culpables”.
La
mayoría éramos hijos de familias pobres y de clase media empobrecida. Sólo en
3º año se nos unieron una pareja de hermanos cuyos padres tenían un ingreso superior;
pero que no fueron un problema. Recuerdo que al ingresar al 1º año, nos
aplicaron una prueba. Por lo que recuerdo, creo que se trató de un test de
inteligencia. De acuerdo a los resultados construyeron los cursos. Así se formó
el 111, los más selectos. Nosotros no lo supimos; pero captábamos que algo
había. Nos caracterizó el hecho de que jamás nos obligaron a estudiar, lo
hacíamos por iniciativa personal. Éramos de los que nos quedábamos trabajando
las tareas durante el recreo, de aquellos que se organizaban para conseguir
propósitos como un “reinado” y trabajábamos físicamente como limpiando el
jardín del liceo para reunir puntaje. Antes de ingresar a clases – por las
mañanas – era común vernos “tomándonos la lección” de la evaluación que
tendríamos durante esa jornada. De igual manera, había mucha inquietud por
otros asuntos y protagonizamos muchas maldades de adolescentes inocentes. Fue
el mejor curso que he tenido.
Para
finalizar repetiré que nuestros profesores/as fueron de todo: desde aquel que
desarrolló estrategias constructivistas sin que el discurso aquel existiera,
sino porque llegó a pensar que haciéndonos interactuar con los contenidos
aprenderíamos más fácilmente, hasta aquellos que nos dictaban TODO. Fuimos un
experimento mal pensado – creo yo – porque si bien algunos profesores después
dijeron que nunca antes ni después hubo un curso “once” como del que fui parte,
sé que pudimos ser mejores. A mí me hubiera sido de mucho más provecho otra
forma de organización del trabajo. Eso me hubiera permitido desarrollar
aprendizajes de mejor calidad. Que no me hubieran dictado la mayor parte de los
contenidos, sino que me hubieran enseñado a buscar la información necesaria,
que me hubieran relacionado la matemática con la vida cotidiana, más análisis
de textos simples antes de colocarme ante un ensayo de Unamuno que me dejó
hecho pasta, ni hablar del Inglés… Imagino que la causa de todo aquello fue una
mala administración y los vaivenes políticos de la época.
Curso 411, año 1975.
Fotografía: El Diario Color.
martes, 5 de noviembre de 2013
1º DE NOVIEMBRE
Si bien se trata de una festividad religiosa católica, los mapuche hemos adoptado esta fecha para visitar nuestros muertos. Con el tiempo las actividades han tenido modificaciones; por ejemplo:
- En los años de mi infancia, la gente solía trasladarse hasta el cementerio en carreta, llevando lo necesario para hacer fuego y cocinar en las afueras del recinto. Por la mañana, los hombres visitaban las tumbas, se quedaban allí compartiendo con los demás, en torno a una botella de vino o de chicha de manzana, la que se brindaba a los muertos. la costumbre era/es visitar a los familiares y amigos y tomarse una botella en el nombre de ellos. Las mujeres hacían una visita breve para dejar flores, porque luego se regresaban a cocinar el almuerzo. A eso del mediodía, todos almorzaban. Por la tarde era el momento en que todos compartían junto a los idos.
- En la actualidad, la gente llega preferentemente en vehículos motorizados y casi nadie hace almuerzo, aunque llevan comida. Se sigue llevando trago para compartir. Los adornos también han tenido cambios. Antiguamente, la mayor parte de la gente confeccionaba coronas de papel. Ahora, sólo unos pocos conservan esa costumbre, pues la mayoría -desgraciadamente- adquieren flores de plástico y las mezclan con las naturales.
A continuación, expongo imágenes de las coronas de papel que llegaron, porque son mis favoritas.
También, una de flores naturales (copos) y otras de papel celofán y plástico.
Finalmente, la pieza en telar que confeccioné para mis padres. No le tomé fotografía antes de colocarlo, por eso las imágenes son regulares.
Fotografías: Erwin Quintupill
Saltapura, 1 de noviembre de 2013
Etiquetas:
Imágenes de Saltapura,
Telar,
Wixal
miércoles, 30 de octubre de 2013
TRANGOL – La Recuperación – Documental (2013)
Publicado en 30 de octubre de 2013de adkimvn
Por ADKIMVN
SINOPSIS
Con la invasión del estado chileno al Wallmapu, el territorio al sur del Bio Bio fue violentamente despojado. Durante la reforma agraria implementada por el gobierno de Salvador Allende, se pretendió devolver parte del territorio a sus legítimos habitantes, sin embargo, la dictadura militar golpearía nuevamente al pueblo Mapuche. Aun así, hoy la comunidad de Trangol continúa firmemente con el proceso de recuperación territorial.
Con la invasión del estado chileno al Wallmapu, el territorio al sur del Bio Bio fue violentamente despojado. Durante la reforma agraria implementada por el gobierno de Salvador Allende, se pretendió devolver parte del territorio a sus legítimos habitantes, sin embargo, la dictadura militar golpearía nuevamente al pueblo Mapuche. Aun así, hoy la comunidad de Trangol continúa firmemente con el proceso de recuperación territorial.
CRÉDITOS
Relatos: Juan Huenchullan – Francisca Llanca – Isaias Colihuinca, Werken (vocero).
Realización: Gerardo Berrocal S.
Producción: Gerardo Berrocal S. – Jaime Huenchullan C. – Rodrigo Huenchullan C.
Posproducción: Gerardo Berrocal S. – Millarrewe Huilcaman P.
Documentos de Archivo: Martín Correa C.
Relatos: Juan Huenchullan – Francisca Llanca – Isaias Colihuinca, Werken (vocero).
Realización: Gerardo Berrocal S.
Producción: Gerardo Berrocal S. – Jaime Huenchullan C. – Rodrigo Huenchullan C.
Posproducción: Gerardo Berrocal S. – Millarrewe Huilcaman P.
Documentos de Archivo: Martín Correa C.
FICHA TÉCNICA
Género: Documental
Duración: 18,52 Minutos
Año: 2013
Idioma: Castellano
Formato Origen: HDV
Género: Documental
Duración: 18,52 Minutos
Año: 2013
Idioma: Castellano
Formato Origen: HDV
UNA PRODUCCIÓN DE
ADKIMVN – Cine y Comunicación Mapuche
ADKIMVN – Cine y Comunicación Mapuche
EN COLABORACIÓN CON
Comunidad Autónoma Temucuicui
Comunidad Domingo Trangol
Comunidad Autónoma Temucuicui
Comunidad Domingo Trangol
viernes, 18 de octubre de 2013
CHEWKEPVLLV – Recuperación Territorial en el Aylla Rewe Budi – Documental (2013)
Por ADKIMVN
SINOPSIS
El Aylla Rewe Budi es la forma de organización territorial Mapuche Lafkenche del territorio comprendido entre los ríos Traitraiko y Tolten. Tras la irrupción del estado chileno en Wallmapu (Nación Mapuche), este territorio fue dividido y entregado a colonos. La iglesia católica tomó parte en la repartición y se instaló sobre tierras sagradas que cobijan los espíritus de los ancestros, en un Eltvn Mapuche (cementerio).
CRÉDITOS
Relatos: Ángela Painefil – Silvia Ancan – Mauricio Painefil – Jorge Calfuqueo (Lonko comunidad Llaguepulli – Aylla Rewe Budi).
Realización: Gerardo Berrocal S.
Producción – Cámara: Gerardo Berrocal S. – Juan Rain B.
Posproducción – Traducción: Gerardo Berrocal S. – Millarrewe Huilcaman P.
FICHA TÉCNICA
Género: Documental
Duración: 28,36 Minutos
Año: 2013
Idioma: Castellano – Mapudungun
Subtítulos: Castellano
Formato Origen: HDV
Una producción de ADKIMVN – Cine y Comunicación Mapuche
http://adkimvn.wordpress.com/
Fuente:
http://adkimvn.wordpress.com/2013/10/11/chewkepvllv-recuperacion-territorial-en-el-aylla-rewe-budi-documental-2013/
Relatos: Ángela Painefil – Silvia Ancan – Mauricio Painefil – Jorge Calfuqueo (Lonko comunidad Llaguepulli – Aylla Rewe Budi).
Realización: Gerardo Berrocal S.
Producción – Cámara: Gerardo Berrocal S. – Juan Rain B.
Posproducción – Traducción: Gerardo Berrocal S. – Millarrewe Huilcaman P.
Género: Documental
Duración: 28,36 Minutos
Año: 2013
Idioma: Castellano – Mapudungun
Subtítulos: Castellano
Formato Origen: HDV
http://adkimvn.wordpress.com/
martes, 15 de octubre de 2013
DISEÑO EN ÑIMIÑ
Estoy trabajando en una pieza que tiene como destino situarse en la tumba de mis padres. ¿Por qué? Porque mi madre sabía de ñimiñ y sólo tejía para el grupo familiar. Entonces, ahora que ya he caminado bastante tiempo en esto de explorar el mundo del ñimiñ, he decidido trabajar un homenaje a ellos dos, pues tanto les debo. Anteriormente, ya les hice otro homenaje, en el 2011, y se trató de reunir a mis hermanos para compartir una jornada de fiesta en la casa de todos, allá en Saltapura. Fue mi forma de decirles, soy hermano de ustedes porque nuestro padres lo quisieron.
Las imágenes fueron tomadas con una cámara común, no profesional, y son un fragmento de una pieza que tendrá aproximadamente 30 cm x 90 cm. Repito, la estoy confeccionando.
Las flores las hacía mi madre. La única vez que la vi en ello, fue cuando hizo una manta para mi hermana, en la década del 70. Ese objeto ya no existe; pero, yo lo recuerdo.
Las imágenes fueron tomadas con una cámara común, no profesional, y son un fragmento de una pieza que tendrá aproximadamente 30 cm x 90 cm. Repito, la estoy confeccionando.
Las flores las hacía mi madre. La única vez que la vi en ello, fue cuando hizo una manta para mi hermana, en la década del 70. Ese objeto ya no existe; pero, yo lo recuerdo.
domingo, 25 de agosto de 2013
RECITAL
POEMAS
RELATOS TRADICIONALES
CONVERSACIÓN
San Pedro de la Paz queda al sur de Concepción (Octava Región).
Dibujo: Fernando Raguileo
Diseño del afiche: Marcelo Flores Quintupill
domingo, 18 de agosto de 2013
RACISMO Y JUSTICIA CHILENA
POR Comunidad de Historia Mapuche
Nuestro küme mogen
(vida buena), modelo de vida mapuche, supone desarrollar, alcanzar y mantener
un equilibrio y bienestar a nivel individual y colectivo en las diversas
esferas de nuestro ser: espiritual, sicológica, biológica y comunitaria.
Constituye un ideal que no siempre se puede lograr, más aún cuando a raíz de nuestra
condición de pueblo subordinado y colonizado, existen determinantes sociales,
culturales, estructurales e históricos que conllevan un weza mogen (mala vida). En estas condiciones, se torna complejo y
hostil vivir de acuerdo a valores y principios propiamente mapuche, a raíz de
los estigmas racistas con que la mayoría de éstos son representados, debido a
los quiebres y desarraigos con nuestra territorialidad producto del despojo
histórico y actual, los que también han conllevado al desmembramiento familiar
y comunitario.
Desde una perspectiva mapuche profunda, los lugares y
espacios son determinantes para la existencia humana. Conocer sus ciclos y sus
potencialidades energéticas es de fundamental importancia. Bien lo han venido
practicando nuestros ancestros y nuestras familias, quienes sabían dónde
instalarse para vivir, sembrar, intercambiar, efectuar ceremonias y reunirse. Hoy
en día, pasar a llevar los espacios, sobre todo aquellos más delicados y
dotados de ciertas potencialidades energéticas, de uso medicinal y religioso,
implica una transgresión grave (yafkan),
que al no ser remediada conlleva serios desequilibrios a la persona, la familia
e incluso a la comunidad en su conjunto. La manifestación de estos
desequilibrios se expresa generalmente en términos de mapu kuxan (enfermedad provocada por las fuerzas espirituales que
habitan en el territorio).
Los desequilibrios que acarrea el mapu kuxan son diversos y pueden somatizarse a través del decaimiento,
somnolencia, ansiedad, la pérdida de la visión, fuertes dolores abdominales, fiebres
o trastornos del sueño. Síntomas que se exacerban con el consumo de alcohol u
otras drogas, pudiendo generar severos cuadros de depresión, sicosis, paranoia
y violencia. Las personas que poseen un mapu
kuxan habitualmente escuchan voces, tienen visiones, pierden la memoria, presentan
convulsiones y taquicardia. Estos síntomas pueden ser permanentes, pero también
manifestarse durante lapsus de tiempo interrumpidos. Las consecuencias son
múltiples, pues traen consigo el deterioro de las relaciones sociales, la perdida
de la capacidad de sociabilidad y en los casos más extremos el suicidio o el homicidio.
Frente a esto la medicina mapuche brinda la posibilidad de tratamientos largos,
centrados en la persona, pero haciendo partícipe al grupo familiar en su
conjunto, como también a una parte de la comunidad.
Es en este marco de análisis sociocultural mapuche que nos
interesa contribuir con una breve reflexión del caso de femicidio cometido en
la región de la Araucanía por Moises Maliqueo Quidel, a propósito del abordaje
que la justicia chilena ha efectuado recientemente. Maliqueo Quidel es mapuche
oriundo del territorio de Xuf Xuf, quien asesinó a su pareja Rosario Sandoval
Mariano de 50 años de edad en Julio del año 2012. Nuestro interés no es
justificar el asesinato o la violencia intrafamiliar mapuche desde argumentos
culturalistas e invocando el Convenio 169, pues estamos lejos de posicionarnos
desde allí en este lamentable y doloroso caso. Por el contrario, nos abocamos a
evidenciar la naturaleza racista y colonialista de la justicia chilena,
expresada en el tratamiento del femicidio. Al observar y analizar el juicio, lo
que queda en evidencia es la vitalidad y reproducción de una superioridad
racista del derecho positivo que ha sido avalado por la opinión de psiquiatras.
En los cuales se evidencia la ausencia de formación en el sistema médico
mapuche o la salud intercultural, desechando de plano cualquier argumentación sociocultural
que posibilite una comprensión, evaluación y juicio en términos más justos y
atendiendo a la complejidad de las variables y determinantes que inciden en lo
sucedido y las implicancias que esto puede conllevar a mediano y largo plazo.
Desde el punto de vista del especialista en salud
mapuche, machi, a quien se solicitó una
evaluación desde Tribunales, Maliqueo es un kuxanche
(persona enferma). En el diagnóstico le fueron detectadas dos enfermedades: un re kuxan (enfermedad de origen
biológico) y un mapu kuxan que se
genera básicamente por “energías que existen en la tierra, se acercan a la
persona y comienzan a debilitar su espíritu” (entrevista TV2 Víctor Caniullan,
09/08/2013) afectando el cuerpo, el comportamiento y la integridad del enfermo.
Contrario a este examen, los peritos psiquiatras emiten un diagnostico que
señala que el acusado no padece de enfermedad mental alguna que le impida tener
conciencia de lo que hace. Este último diagnóstico es el que finalmente ha sido
validado en tribunales, en desmedro del efectuado por el especialista mapuche. Al
respecto, también el fiscal Pino sostuvo enfáticamente en entrevista al Diario
Austral de Temuco: “Nosotros creemos que podemos acreditar que mediante la prueba
que cuenta el Ministerio público, especialmente con el peritaje psiquiátrico
que se le realizó al imputado, de que él no se encontraba en ninguna de esas
condiciones” (09/08/2013).
El hecho descrito demuestra una vez más un abierto
racismo institucional hacia los mapuche, como hacia nuestro conocimiento médico.
Poniendo al descubierto la violencia simbólica que hace parte en el actuar de
las instituciones estatales y donde se reproduce una relación de
dominación-subordinación intelectual, jurídica y política contextualizada en
una situación de subordinación histórica que permea la globalidad de las
relaciones en que se inscriben e interactúan las personas mapuche. La práctica de la violencia no sólo se
visibiliza en actos materiales, sino también en ejercicios ideológicos encarnados
en la institucionalidad pública chilena y manifiestos en diferentes actos de
negación, marginación, desacreditación, ridiculización, demonización de
prácticas, conocimientos y creencias.
La presencia del racismo colonial en tribunales de
justicia chilenos son públicamente conocidas y documentadas, y en la actualidad
se expresan abiertamente tanto en la criminalización de la protesta social, como
en el tratamiento de diversas causas judiciales que involucran a personas mapuche.
Se trata de un racismo que se expresa desde la aplicación de leyes de excepción
que no son aplicadas a otros “ciudadanos chilenos”, en la ausencia de un debido
proceso en causas que se enmarcan en la protesta social, hasta en la
cotidianeidad de las salas de tribunales donde la corporalidad y la gestualidad
se muestran decidoras de condenas previas a las sentencias. El tono fuerte y
prepotente, la interrupción, el trato hostil, las miradas, como también la
desestimación a priori de cualquier argumentación que permita comprender y
evaluar las causas desde una perspectiva mapuche o intercultural.
De la misma forma en que lo son el afecto o la
solidaridad, la violencia también es parte de la vida comunitaria mapuche. Las
determinantes son diversas, sin embargo un elemento estructural es el trauma
colonial e histórico que produjo la subordinación mapuche al Estado, vinculado
al racismo, el despojo, el desmembramiento familiar, el empobrecimiento, la
marginalidad, la introyección de sentimientos de inferioridad en diversas
generaciones mapuche producto de la discriminación cotidiana y que decantan en
el consumo de alcohol y otras drogas como formas para evadir los sentimientos
de angustia y descompresión social, etc. El abordaje de esta realidad es un
desafío pendiente para los y las mapuche, que nos interpela a desarrollar un
proceso de descolonización desde la cotidianeidad de nuestras prácticas, pero
que se torna complejo debido a que en no pocas ocasiones la intervención y
tratamiento que realizan instituciones estatales en su propósito de “ejercer
justicia” y “protección”, deviene en la reproducción de la violencia en el
ámbito cotidiano debido a la ignorancia con que a veces operan sus
especialistas.
En algunos países de América latina se está avanzando en
la recreación y revitalización del derecho propio de los pueblos indígenas, haciendo
uso del Convenio 169 de la OIT y abriendo espacios para la utilización de
categorías y el ejercicio de justicia desde los propios sistemas normativos
indígenas que se reactualizan y articulan bajo formas de interlegalidad con el sistema
hegemónico del Estado. Estas experiencias y procesos sin duda están llenas de
contradicciones, que provienen del estatus subalterno que aún mantienen los
sistemas normativos y de justicia indígena en relación al estatal hegemónico;
como también del rediseño neoliberal del Estado donde los pueblos indígenas y
la sociedad civil se ven obligados a asumir responsabilidades que antes lo eran
de las instituciones estatales, mientras sus prácticas culturales y territorios
se transforman en mercancías que deben insertarse en los mercados nacionales y
globales. No obstante lo anterior, experiencias y procesos como éstos en Chile
ni siquiera son objeto de debate, lo cual se torna preocupante no sólo por
razones de reivindicación de derechos colectivos indígenas, sino también por
las posibilidades que un debate en esta línea podría abrir para el abordaje de problemas
que se viven en las familias y comunidades indígenas en contextos urbanos y
rurales, como son la violencia intrafamiliar o patriarcal. El Convenio 169 o la
Declaración ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas proporcionan un
marco jurídico para el reconocimiento de las prácticas, conocimientos y
sistemas normativos indígenas, sin embargo en la justicia chilena prevalece la
superioridad colonialista del derecho positivo, y la disposición racista de no
pocos jueces como se evidencia en el caso del juicio a Maliqueo cuando se
inferioriza la labor de los especialistas indígenas y por consiguiente se
subalterniza el conocimiento médico mapuche.
Debemos recordar que las enfermedades, su
conceptualización, análisis y abordaje son constructos sociales, por tanto
difieren de una sociedad a otra, al tiempo que están permeadas por relaciones históricas
y de poder que explican el por qué se legitiman unos abordajes respecto de
otros. Lo cual se deja entrever en el abordaje racista institucional de los
tribunales en este caso, donde se evalúa con preceptos teóricos hegemónicos
situaciones de origen socioespiritual y de determinación distinta.
Todo indica que, como se ilustra en este caso, la
apertura de espacios para la expresión de consideraciones socioculturales a
través de la participación de especialistas mapuche en los juicios o de
peritajes culturales elaborados por antropólogos, se encuentra lejos de tener
una incidencia significativa en la comprensión de las causas y las sentencias. Lo
que demuestra cómo la interculturalidad funcional que ponen en marcha los
poderes del Estado, no es más que el reacomodo del viejo racismo colonial que
hoy en día se reactualiza mediante el reconocimiento superficial de la
diferencia cultural, cosificándola y folclorizándola para ser nuevamente
inferiorizada frente a la supremacía de los sistemas médicos, jurídicos y de
conocimientos hegemónicos.
Por tanto, no se trata de justificar los actos de
violencia intrafamiliar o el femicidio al intentar explicar y comprender éstos hechos
desde el ámbito sociocultural mapuche y las relaciones de racismo y poder
vigentes en Chile. Por el contrario, se trata de enfatizar en la necesidad de que
existan garantías de una comprensión y evaluación de estos problemas desde la
perspectiva de los Pueblos Indígenas, entregando explicaciones sobre el origen
de estos hechos, y por sobre todo un tratamiento preventivo de los mismos mediante
la revitalización de espacios propios de justicia indígena o desde una institucionalidad
responsable con enfoque intercultural, en contraposición a los abordajes
racistas y etnocéntricos que prevalecen hoy en día. En este caso, como en
otros, es necesario que se integre al conjunto de los involucrados, que se desarrolle un análisis desde el
contexto y modelos teóricos diversos, teniendo en cuenta que el tratamiento de
la violencia y el femicidio requiere de un involucramiento y una sensibilidad
mayor de los hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, desde los actores
mapuche y desde la sociedad chilena en general.
Lo resultante o sumatoria de estas prácticas dañinas van
generando una acumulación de situaciones de rabia, impotencia y vergüenza que
tarde o temprano desencadenan otros episodios de mayor violencia social, crisis
de identidad, alcoholismo, suicidio, marginalidad y vulneración, los cuales se
hace necesario abordar en profundidad.
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