martes, 19 de junio de 2012

KVYVMTU


(Zoila Huilipan. Saltapura, 16 de abril de 1995)

También le llaman kvyvmtu cuando se casó la hija. Ya está un año o medio año allá y la mamá o tía, cualquier familia mayor, llevan. Hacen saco de sopaipilla. Antes había saco de cáñamo. Ése, costurado. ¡Un saco de sopaipilla! Llenaban, ése. Dicen que se juntaban mujeres de tres casas, cuatro casas, familiares. Por ejemplo, si yo voy a hacer kvyvmtu conseguiría la Sofía, la Rosita[1], así. Entonces, en una casa se junta. (En) olla de ese porte dicen que hacen sopaipilla las mujeres. ¡Quintales de harina! Hacen masa. Terminó éste, hacen el otro. Una lata de manteca altiro. Veinte kilos por lo menos.

Y ahí se costuró un saco de sopaipilla y se mata un cordero, de lo mejor cordero, y se lleva allá. Ese es kvyvmtu; kofkentuku, se llama. Ese kvyvmtu pal gapiñ. Entonces, cuando llega allá… Por ejemplo, yo sé quiénes es que ayudaron aquí. Por lo menos, cuando a mí me hicieron casamiento, ayudó mi xafkiñ Carmela. La Dominga[2] dio plata por mí. Entonces, eso yo tengo derecho de darle. Así, cvni[3], le dicen, o kvbko[4]. Hay que darle un kvbko de sopaipilla a la Carmela, un kvbko a la Dominga, (y) así.

A mí me hicieron kvyvmtu; pero, yo no di, puh. Es verdad ése, hijo. Cuando yo me casé, a lo poco tiempo vino mi tía Micaela, hermana de mi mamá. Mi mamá no me hizo esa cosa de kvyvmtu, sino que mi tía. Mi mamá no podía hacer eso, así que mi tía sacó la cara por su hermana. Mi mamá siempre más humilde: no había hecho manteca, no mataba xapeltu[5]. Y, entonces, mi tía preparó eso. Trajo un saco de sopaipilla; pero, sopaipilla de este porte, puh; así. ¡Qué buena costumbre! ¡Tan bonita costumbre! Y trajo un cordero muerto. ¡Linda carne! ¡Tremendo cordero! Llegó aquí. Y un chauchito de harina[6]: una bolsa de harina con harta linaza.

Entonces, yo lo que hice (fue) mandé a buscar mi cuñada: la Carmela con su marido y mi cuñá Dominga con su marido. Todos se juntaron esa vez aquí. Vino mi tía, mi mamá y un mozo de carretero. Entonces, nosotros no hallábamos cómo responder aquí. Aquí, ni la Mamita[7] sabía responder esa cosa, que (es) lo que había que hacer (a) esa visita. Y llegaron una tarde, y yo iba a hacer comida, así no más, simple, pa la visita. Y mi tía, me dijo: Así no se hace, me dijo. Haga cazuela, altiro, no más, y mande a buscar su cuñada. Su jaja, le dicen. Mandé a buscarlo. Esa vez la Silvia estaba aquí. Yo no tenía hija grande todavía. Estaba sola. La Silvia estaba aquí, la hija de Pablo. Entonces, yo la mandé esa tarde. Como esta hora sería. “Dile a su tía Carmela que venga con su esposo. Igual, la tía Dominga”. Y al otro día llegaron tempranito, todos. Así que los juntamos. Y en la noche, mandamos a buscar a Eugenio también, pa mandarlo a Imperial, pa que vaya a buscar vino. Así que Eugenio salió con noche, a caballo, a comprar el vino. (A) las doce, no más, ya estaba aquí.

Se hizo la fiesta. ¡Tomatera toda la tarde! ¡Hasta la noche! Entonces, como llegó esa carne, (un) cordero entero, al otro día, teníamos que hacer apol[8], nosotros. También hicimos, así que había dos corderos muertos pa toda la familia. Asado, hacíamos. ¡Como son los hombres cuando están tomando! ¡Métale comer y tomar! ¡Cantaron! Mi tía Micaela, de contenta. Mi tía Micaela se había opuesto (a mi casamiento). No lo querían a… Pablo, y (a) la familia de aquí.


[1] Sofía y Rosita: Sobrinas políticas de la informante.
[2] Carmela y Dominga: Cuñadas, hermanas de su marido.
[3] Cvni: Chini, cesto bajo, hecho con tallo de copihue.
[4] Kvbko: Quilco, cesto alto, hecho con tallo de copihue.
[5] Xapeltu: Chancho engordado.
[6] Se refiere a harina tostada.
[7] Mamita: Suegra de la informante.
[8] Apol: Comida a base de interiores de un cordero, que se aliña al momento de matar el animal, sin desangrarlo.

martes, 12 de junio de 2012

¿ELECTOR?


Estaba en los 30 cuando devino aquello del “regreso a la democracia”. Los acontecimientos me sobrepasaron y me quedé con la idea de que se aprovechaban de mí una vez más; que se aprovechaban de nosotros – aquellos que con más o menos riesgo habíamos estado en la resistencia a la dictadura feroz. Me dije, para mí mismo, ¿estos nos devolverán lo perdido?, ¿serán estos retornados de última hora y estos aparecidos de la nada quienes construirán un país más justo en donde los indígenas podamos desarrollarnos sin ser direccionados desde el poder central?, ¿serán estos quienes reivindicarán dignamente a nuestros compañeros y compañeras caídos/as? En ese momento recordaba a Carlos, un joven regresado desde el exilio que perdió la vida en Quinteros; recordaba a Víctor, el que un día golpeó la puerta de la casa en que vivía, y sus ojos tranquilos al preguntar por con quien yo compartía mis días en ese tiempo. (Víctor fue muerto en un asalto de la DINA a la casa en que se refugiaba). Recordaba a mi lamgen Silvia Calfulen, finalizando sus días soñadores, compartidos nuestros sueños, en un acto de recuperación. ¿Serán estos, me decía, quienes construyan la justicia social tan anhelada no sólo por nosotros sino por todos los habitantes de este patético país?

En esos días vi el desborde de la población esperanzada. No tenían por qué sentir y/o pensar lo mismo que yo. No todos salimos con nuestro miedo a ganarnos un espacio. Muchos se quedaron y observaron expectantes. Así es la naturaleza humana, de mamíferos al fin. Por otra parte, ¿qué oportunidades ha tenido la población de desarrollar una conciencia crítica, con un sistema educacional mezquino, ideado para producir alienamiento en lugar de autonomía. Por eso, me fui a cualquier parte. No voté por Aylwin, ni por Frei, ni por Lagos, ni por Bachelet, ni por ninguno de los candidatos aparentemente alternativos.

Todo aquello comenzó para mí mientras se aproximaba la realización del plebiscito del 88. Al día siguiente de esa jornada de octubre, presencié una escena repetida hasta el cansancio; pero, en esta ocasión quien la protagonizaba era un joven militante de la alegría que todos/as se preparaban a recibir. Le había visto en los meses anteriores, ir y venir entusiasmado, entregando su entusiasmo juvenil en la campaña. (Él contaba con más de 20 años en ese entonces). Supe que militaba en uno de los partidos que sabía fue parte de la conspiración golpista. Bueno, habían pasado tantos años, y para ese entonces, este muchacho era apenas un crío que iniciaba su existencia. De ese hecho surgió un poema que es más una crónica que lo que pretende. No me alcanza a gustar; pero, lo dejé como quedó.

El muchacho progresista leyendo el diario comentó:
¿Por qué no pondrán gentes?
¡Ponen puros indios!

Las mujeres en la foto
viejas mujeres con rostro de tierra
emitían el sufragio en Imperial.

¡Se olvidó!
¡En la letra de su discurso estuvimos tantas veces...!
Y olvidó.
En la numerosa multitud cotidiana de Temuco
no nos vieron.

Por la puerta abierta del bar
entró el frío de la mañana
y sonreí...
calladamente
sin hallar qué responder
al muchacho progresista que leyendo el diario comentó.

22.10.88

Ahora, estamos todos en la lista de electores. Estoy pensando en concurrir al registro electoral para manifestar mi voluntad de no participar, a menos que luego – ya – se muestre en algún sitio una alternativa, probablemente no ganadora; pero digna, y con la que los mapuche podamos negociar. Mientras tanto sigo preparando mi regreso definitivo a mi lof; ya ha pasado mucho tiempo y no quiero seguir disculpándome con mis antepasados.

PD: ¿Alguien ha pensado que los partidos políticos chilenos, una organización para chilenos, son representativos de las aspiraciones de los pueblos originarios que quedamos en el interior de las fronteras chilenas? Yo, no.

PEGAS


Pega es un concepto tomado teóricamente del estudio del folklore tradicional chileno. Allí aprendí esta palabra.

Las pegas son una fórmula discursiva que pretende dejar en ridículo o avergonzar a otro, o por lo menos en situación de desmedro. Colocan en alerta nuestra atención. Digo esto porque el lenguaje infantil está pleno de gestos que nos hacen suponer la venida de una pega. En esos años, las pegas nos entretienen, nos maltratan, nos avergüenzan; son parte de la entretención; pero, hay ocasiones en que pueden ser parte de una pelea verbal entre niños.

Como característica principal podemos mencionar su valor estético, por cuanto se estructura en estrofas, diálogos completos e incompletos, dramatización. Lea los siguientes ejemplos, aprendidos en mi Saltapura a mi hermana Flor Raguileo. Nos criamos juntos. Ella me lleva unos pocos años. Juntos íbamos al cuidado de los chanchos y de las ovejas. Como yo era/soy menor fui su material para decirme algunas de estas pegas. Ella se entretenía; sin embargo, todo ocurría – generalmente – en un ambiente de fraternidad, de modo que nunca llegamos a pelearnos. Por lo menos, no recuerdo que ella alguna vez me haya golpeado o me haya utilizado de modo cruel para su entretención.

Estos textos no son mapuche; pero, los doy a conocer porque han sido significativos en nuestro desarrollo, porque si ingresaron a nuestro territorio se debe a que en algún aspecto nos representan; en otras palabras, los considero un préstamo cultural. La fecha definitiva de su recolección es la que indico; pero, los conozco desde niño.

1

-          ¿Te veo la suerte?
-          Ya.
-          (Simulando leer las líneas de la mano):
Por aquí viene,
por aquí va.
Por aquí llega
la cachetá. (Le propina una cachetada en la mejilla).

Informante: Flor Raguileo. Saltapura, 7 de septiembre de 1987

2

Para burlarse de otro/a:

Me da risa
ver un tonto en camisa.

Informante: Flor Raguileo. Saltapura, 7 de septiembre de 1987


-          ¿Te digo una adivinanza?
-          Ya.
-          ¡Chúpale el poto a la gansa!

Informante: Flor Raguileo. Saltapura, 5 de junio de 1988

3

Despedidas burlescas:

Hasta mañana,
poto ‘e callana.

Hasta luego,
poto ‘e fuego.

Hasta más rato,
poto ‘e lagarto.

Informante: Flor Raguileo. Saltapura, junio de 1987

4

Burla para el que ignora algo:

No sabe, no sabe.
Tiene que aprender.
Orejas de burro
le vamos a poner.

Informante: Flor Raguileo. Saltapura, 5 de junio de 1988

MICROCUENTO


“El Ciudadano” organizó un concurso de microcuentos llamado “Protesta en 100 palabras”. Los trabajos ganadores (1º y 2º lugar y menciones honrosas) se publicaron en el Nº 124 (primera quincena de mayo). De entre ellos, hay una creación de Williams Caamaño Cumiquir, de Curarrehue. Aquí les va:

BOSQUES PARA CHILE

Plantaciones de pinos y eucaliptos en formación militar y a paso regular invaden el gülumapu, como extranjeros ocupan y destruyen los territorios en que por milenios habitaron los árboles nativos de la zona, entre las quebradas grupos de (árboles) nativos reducidos o en reducción, se alzan con el puño en alto, gritando al viento que siguen aquí, resistiendo, luchando por vivir, que la guerra aún no termina, aunque por ahora pareciera que nos van ganando. Lejanas están las montañas de Curarrehue, donde las plantaciones extranjeras, son sólo puestos de adelantadas guarniciones, temerosas de salir de sus murallas.

En: El Ciudadano Nº 124, primera quincena de mayo, 2012.

martes, 5 de junio de 2012

MARTA QUINTUPILL LIENLEO

Ha fallecido durante esta madrugada mi tía Marta Quintupill. Emigró muy joven a Concepción, como muchos otros. Se unió a Francisco Pichún, el recordado tío Pancho. Se instalaron en el sector de Hualpencillo y por allí nacieron mis primos/as.

Entre ambos tuvimos un acercamiento recién en los últimos años. Yo inicié mi regreso allá por el 86. Ella y el tío Pancho, también por esa época o un poco antes. No recuerdo. Se establecieron en Nueva Imperial. La recordaré por todas las veces que me solicitó la ayudara en lo del macitun, ya fuese para ella, mi tío o una de mis primas. Ella por su parte, estuvo apoyando la realización del Mingako Kultural desde su primera versión. En más de una ocasión llegó vestida de gala, y en el 2008 cuando el tema fue el VL (canto tradicional), tensa - el espíritu revuelto de emociones - nos entregó su versión de viejas canciones que guardaba.

El jueves, después del mediodía llegará al cementerio de Saltapura, al mismo lugar en el que espero estar en unos años más. Allí - hace ya tiempo - la vi conversar cantando con una parienta de Bochoco. Sí, tal como lo leen: los antiguos solían conversar entonando una melodía. No se trataba de una canción, no; era la conversación con melodía, mientras se compartía - con los fallecidos - un vaso de vino tinto o chicha.

Mis primos/as  dicidieron hacer el velatorio en su domicilio de Nueva Imperial. El próximo jueves saldrán desde allí - después del mediodía - hacia el cementerio de Saltapura.

Escribo sobre la marcha, faltando poco para iniciar la jornada laboral.






Imagen: Tía Marta en el almuerzo del 1º Mingako Kultural (2007)
Fotografía: Víctor Cifuentes.





Imagen: Tía Marta y tía Zoila, entreteniéndonos después del almuerzo. 1º Mingako Kultural (2007) 
Fotografía: Jorge Sir




Imagen: Cantando. 3º Mingako Kultural (2009)
Fotografía:  Erwin Quintupill





Imagen: tío Pablo, tía Zoila, el sobrino, tía Marta. 3º Mingako Kultural (2009)
Fotografía: Marcelo.


Imagen: acompañándonos en la visita a mi mamá, como parte de la reunión familiar que realizamos en febrero de 2011.
Fotografía: Carina Raguileo





Imagen: como público. 5º Mingako Kultural (2011)
Fotografía: Germán Correa.





Imagen: Cocinando chicharrones. Reunión familiar en mi casa. (2011)
Fotografía: Erwin Quintupill


Imagen: prima Dominga Q., tía Marta, Lorena, Silvana y prima Fresia Q.
Fotografía: Mabel Raguileo. Saltapura, febrero 2012.

lunes, 28 de mayo de 2012

MAMÁ, PAPÁ, LA UP Y PATRICIO AYLWIN






Imagen: Camino a casa.
Fotografía: Probablemente de mi hermana Miriam. Podemos ver de izquierda a derecha a: mi tío Martín Raguileo, mi papá Juan Raguileo, mi primo Luis Raguileo (niño) y el tío Bernardo Bello. Regresan de Nueva Imperial y cargan garrafas de vino para la celebración del triunfo de Allende. Saltapura, septiembre 1970.

Fue en los días previos a la elección de Patricio Aylwin. Mi madre me confió que votaría por él. Yo no compartía su posición[1]; pero, en estos casos procuro ser asertivo, sobre todo tratándose de ella. En ese momento la acompañaba papá, y estaba claro que tenían un acuerdo. (Esta pareja sin ser perfecta, tenían como costumbre discutir sus decisiones: conversaban, manifestaban su opinión personal, recordaban la de otros – cercanos o lejanos –, exponían sus dudas. Imagino que no siempre tomaban decisiones enseguida. Más de una vez vi a uno y a otro mostrarse molesto por lo que decía su pareja. Si llegaban a sentirse molestos, eran un chiste. En otras palabras: la pensaban).


Pero, mi madre agregó un comentario, transformando el momento en una de las tantas lecciones que de ellos recibí. “Vamos a votar por Aylwin, porque no hay otro. No hay que olvidarse que él apoyó el Golpe, él estuvo de acuerdo y después apareció con los militares”.

No podría asegurar que ellos hayan sido militantes de la UP o de Allende. Fueron más bien sus simpatizantes. En ello pusieron sus esperanzas de viejos mapuce. Se alegraron con el triunfo del 4 de septiembre de 1970 y lo celebraron. La celebración la organizaron con otros parientes y vecinos bajo el digüewero del alto. Y se mantuvieron así, esperanzados, mientras vieron los avances que se iban produciendo: por primera vez hubo a disposición de nuestro lof y de los de alrededor un tractor con un operario, enviados por el gobierno[2]. ¡Esta sí que es ayuda!, dijeron los viejos y dedicaron el tiempo que ahora les “sobraba” a componer los cercos, a preparar leña con anticipación, a limpiar las semillas, a cumplir las tareas del comité, a construir lazos, a reparar las herramientas, a atender la huerta de la “vieja”, a construir utensilios de madera o de otro material para la casa, etc, etc. Algunos se tiraron las orejas, es cierto. Entre nosotros, también los hay; pero, no abundan.

Yo presencié parte de ese proceso. Solía salir al frente de la casa o subía al alto y desde allí tocaba al kujkuj (kullkull) avisando que la reunión comenzaría en una hora más, cuando era más chico; un día llegué de la ciudad y me encontré con el encargado del tractor; en el verano del 72 vi la llegada sorpresiva de una máquina “cosechera” o “automotriz”[3]. Saltapura se revolucionó. Los viejos andaban contentos, y nosotros también. Hasta aquellos que no habían votado por Allende – sus opositores – se mostraban satisfechos.

Hubo otras acciones del gobierno que no comprendí del todo. Hacían llegar a los comités algunos libros para promover la lectura y el pensamiento socialista[4]. Entiendo la intención de hacer proselitismo; pero, se trataba de comunidades mapuce en las que el nivel de alfabetización en castellano era bajo; y, bueno… de otra cosmovisión; por lo tanto, no pertinente. (Pienso que el impacto de tal acción debió ser muy bajo e incluso nulo en varios lugares). Si como antecedente se hubiera considerado nuestra historia política y cultural, probablemente la acción habría sido diferente. Aún así, el gobierno de la UP consiguió la adhesión de importantes grupos de mapuce organizados desde distintos lugares.

Ignoro si Saltapura envió representantes al Congreso realizado en Temuco en tiempos de la UP, para la preparación de la Ley Indígena. Parece que no. Yo, ya había emigrado y mi contacto se remitía a las vacaciones y a las cartas.

Mis padres fallecieron en 1995. Ambos habían sobrepasado los 80 años, según su carnet de identidad, o sea que para 1990 ellos ya eran ancianos y kimce (hace mucho).

¿A quién puede sorprender que militantes de la DC se expresen negativamente de la experiencia de la UP? Ellos siempre fueron una parte importante de la derecha chilena. Eso también lo aprendí en Saltapura, sobre todo en la campaña del 64’, aunque para esa fecha sólo tenía seis años; pero, estaba atento a los escritos[5], a las noticias que daban por la radio y a los comentarios que surgían desde la organización.

Por nuestra parte, no se trata de ser allendistas o “upelientos”, sino que simplemente de dar testimonio de cómo han ocurrido las cosas, de quiénes son quienes. La primera vez que grupos de mapuce organizados fueron considerados como protagonistas en la proposición de una ley que nos afectaría directamente fue en los tiempos de Allende y su UP[6]. La segunda vez, fue en los tiempos de Aylwin y su CEPI que después fue CONADI… y ya sabemos lo que ello ha significado. Desde un principio fue el organismo que el estado derechoso creo para intentar resolver los múltiples problemas que le ocasiona nuestra existencia.


[1] Yo venía del activismo callejero de los 80’ y no me inscribí para votar, pues consideré que lo menos peor, no era suficiente. Me imaginé un futuro menos siniestro que el que había conocido; pero, oscuro y desesperanzador.
[2] El año pasado (2011) me sorprendí con la noticia que el gobierno derechista había invertido en la adquisición de maquinaria agrícola y que había celebrado una ceremonia de entrega a dirigentes de varios lof de la Región (IX). ¿La derecha de Piñera haciendo lo mismo que la UP?
[3] Se trata de aquellas que cortan el trigo, lo ingresan a su interior y lo trillan. Por la parte posterior va saliendo la paja, y por un costado, los granos. Hasta entonces, debíamos cortar a mano (con hechona) o con espigadora (una pesada máquina impulsada por dos yuntas de bueyes).
[4] Se trató de clásicos de la literatura nacional y mundial y de textos que promovían el socialismo.
[5] Aprendí a leer y a escribir en casa. Mis padres y mi hermana Miriam se hicieron cargo de ello, en 1964.
[6] Si lo hicieron bien, regular, mal o de otro modo, es tema de estudio. Yo, doy testimonio de lo que vi, siendo adolescente.

miércoles, 16 de mayo de 2012

DARÍO MELIÑIR (MELIGVRV) DE QUINQUÉN


Me llamó ayer mi amigo Jorge Sir, para comunicarme que ha fallecido el peñi Darío Meliñir, de Quinquén. Aunque él no es de Saltapura, aunque nunca estuvo por acá, quiero compartir mi impresión acerca de este kimce.





Imagen: don darío Meliñir y su familia, frente a la escuela de Quinquén.
Fotografía: Jorge Sir (tambien en la imagen).
 
Lo conocí a él y a parte de su familia, allá por el 96’; pero, no fue sino hasta el 2008, en que me alojó en su casa y fui invitado a estar con su familia mientras se realizaba el gijatun comunitario, que compartí más cercanamente con él. Ese día, don Darío me solicitó que en la jornada siguiente le ayudara y fuera parte del grupo danzante familiar; pero, ese momento no llegó, seguramente porque habrá encontrado o llegado algún familiar o amistad más cercana para completar la cantidad de hombres a danzar[1].


Don Darío puede ser visto, así como también a otros integrantes de su comunidad, en más de un documental realizado en las últimas dos décadas, pues este grupo de hermanos pewenche se hicieron conocidos internacionalmente por su resistencia y decisión a permanecer en su territorio. Lo defendieron contra los intereses del latifundista vecino. Finalmente, lograron que el gobierno de Aylwin se comprometiera a mediar y a adquirir el territorio reclamado. Quienes no conozcan antecedentes sobre este conflicto, ingresen la palabra Quinquén en un buscador de Internet o visiten la zona de Lonquimay, al sur. Allí está Quinquén. Si llegan hasta ellos, podrán ver el bosque de araucarias incendiado por el latifundista con el propósito de expulsarlos, de hacerles desistir en su empeño.

Una vez me contaron que cuando se desató el incendio que avanzaba hacia sus casas, ellos se fueron al gijatuwe y se lanzaron a orar (gijatukar, dicen), invocaron a todas la fuerzas de la naturaleza y finalmente el fuego se detuvo. Otro misterio más que no necesita explicación.

Ignoro lo que hay más allá de la vida; pero, de haber algo – don Darío – nos encontraremos para compartir nuestras experiencias y profundizar nuestros conocimientos. Nos queda la gratitud de tu familia amplia, porque fuiste parte de la lucha activa, allá en tu territorio lejano, en tiempos difíciles.

Un abrazo a don Ricardo Meliñir (logko) y a toda su gente,


Imagen: Darío Meliñir. Fotograma tomado del documental "El Despojo" (Dauno Tótoro, 2003).

Don Darío en “El Despojo”, documental dirigido por Dauno Tótoro (2003).

“¿Cómo nacieron los mapuche? ¿De dónde salieron los mapuche? Dicen que se apareció - como que aparece aquí en la montaña, aquí en el campo – ese hombre. Y ¿cómo será?, dije yo; pero, más no se sabe eso. Según se dice, Dios lo hizo y lo dejó en tal parte, y quedó. De ahí vienen los mapuche”.


“Cuando vino Colón, recién. Ahí empezaron las guerras; pero, la última guerra, dicen, que vino de la Argentina, de allá venían matando mapuche. Según cuentan que el presidente argentino quería matar a todos, no dejar ningún mapuche[2]. Así que los mapuche tuvieron que correrse pa’ acá, pa’ Chile”.


“Dicen que después cuando se fueron… dicen que se fueron por acá… disparando. Todos los que alcanzaron a matar, mataron: niños, mujeres… Esa gente venían de la Argentina.

“Dicen que la mamá le pidió un caballo a un hombre que se llamaba Relmu. (Relmu significa en castellano arco iris). Allá, dicen que el hombre tenía caballos. Dicen que la última plata que tenía mi abuela, su xapelakuca, su xarilogko, que usaban antiguamente los mapuche… Dicen que (con) lo último que le quedaba, le fue a pedir un caballo, por eso. Le dieron un caballo, y en ese caballo vinieron en su kutama sus niños. Y él venía a pie, y la señora en su caballo y en su kutama los niños”.


Imagen: Darío Meliñir. Fotograma tomado del documental "El Despojo" (Dauno Tótoro, 2003).

Estos textos los he transcrito desde el documental “El Despojo”, de Dauno Tótoro. Me impresiona que los mayores sean tan semejantes, aún habiendo crecido en lugares distantes y aún sin haberse conocido. Me impresiona su sabiduría. Acá en Saltapura, mi padre, mis tíos tenían conversaciones del mismo tipo.

En este mismo documental, don Ricardo Meliñir, logko de Quinquén habla de los salamanqueros, relato que también he escuchado en mi lof de origen. Se dice por ejemplo, que Rupaybew y Ligkobew – hermanos de mi tatarabuelo Martín Catrileo – eran salamanqueros, weycafe especialmente entrenados para la guerra. Así como don Ricardo menciona, se dice que la tía tatarabuela Rupaybew era capaz de luchar cuerpo a cuerpo con más de un hombre, que estuvo al mando de un grupo de weycafe jóvenes, etc; en definitiva que eran extremadamente hábiles en el enfrentamiento y que en su preparación habrían adquirido ciertos poderes desconocidos por los comunes, pues ellos sobrevivían fácilmente a las lesiones de la guerra.


Si hay algo más allá de la vida, peñi Darío, ¡que te encuentres con los salamanqueros!
Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh……!!!!


[1] En Quinquén, zona mapuce pewenche, en el gijatun danzan los hombres. Un grupo de cinco de ellos – por cada grupo familiar participante – ingresan al gijatuwe. Son hombres adultos mayores, jóvenes y niños en edad preescolar. Las mujeres acompañan desde el exterior, realizando un canto por cada danzante, mientras el logko y sus ayudantes (todos hombres) van dirigiendo la ceremonia.
[2] Se refiere a la Campaña del Desierto organizada por el gobierno argentino que se propuso el exterminio de los mapuce que vivían en el territorio que ellos nos usurparon al otro lado de la cordillera, mientras a este otro lado el gobierno chileno actuaba de un modo similar. Nuestra gente cercana o viviendo a en la cordillera – al lado este – debieron huir hacia este otro lado para evitar la masacre que se avecinaba. Lo hicieron del modo que don Darío nos cuenta.