miércoles, 11 de marzo de 2015

SALTAPURA EN LLAMAS

SALTAPURA EN LLAMAS[1]

TRES LOF ARDEN DEJANDO GRANDES PÉRDIDAS



Por Erwin Quintupill
Fotografías: Erwin Quintupill



La destrucción fue/es grande. Fuimos arrasados. Todo quedó trastocado, excepto las casas que no se quemaron. Era poco más de las cuatro de la tarde, bajo un sol abrasador, cuando Guillermo me avisó que “hay un incendio” en la lejanía. Está llegando mucho pulchén[2] comenta. Salgo hacia lo alto y veo una columna gris clara. No es tan lejos y no ha llovido desde diciembre. Está todo seco, demasiado seco. Casi todas las familias están siendo abastecidas de agua, desde la Municipalidad. Esa mañana todos habíamos comentado lo extraño de la brisa, de la temperatura. Ahora el aire se llena de restos de hojas quemadas que el viento trae. Me inquieto. Suena el teléfono. Es un sobrino que desde Nueva Imperial me pregunta por el incendio. “No es aquí; pero, está cerca – le respondo –; además, el viento sopla hacia nosotros”. Así me entero de que es bombero.



Bajo a la casa, me coloco zapatos y subo a la de mi primo Herman. Allí la gente está definitivamente preocupada. Increíblemente, ya está muy cerca y han pasado menos de diez minutos. Puedo ver que de la plantación de pinos de Víctor Reyes sale un humo espeso. Marco y Fernando van y vienen, se detienen, observan y continúan. Mi primera intención fue ir hasta el lugar, para ayudar. Sin embargo, ahora estoy fotografiando la proximidad del incendio… De pronto, una lengua de fuego se levanta hacia el firmamento. Todos exclamamos lo que se nos vino a la cabeza. Por encima de los pinos, muy altos, ¡cuántos metros estaba alcanzando esa locura! Era como la lucha de Xeg Xeg contra Kay Kay… El cielo se oscurece; es posible mirar al Sol: un disco rojizo indicando eso de las cuatro y media, más o menos.





Cuando vi que la parte alta de la colina del frente, justo allí donde vive Francisco Canales, se llenaba de llamas, no pude contenerme y corrí hacia la casa, a todo cuanto mis piernas artrósicas me dieron. Mi hermana había ido al pueblo y el bus ya estaba regresando. Mis sobrinas estaban atendiendo la visita de funcionarios del Injuv, por eso del baño seco. Sólo atiné a tomar mis documentos, la computadora con que escribo, una parca por si al regreso la casa no estuviera y una toalla que mojé abundantemente, mientras colocaba las cadenas a Piciwenvy y Pezan. Mis sobrinas habían llegado y hacían lo mismo. Guillermo preparaba herramientas para salir a ayudar. Las mujeres de ciudad no pueden hacer mucho en este caso y mi Loreto ya huía con su hija de dos años y unas pocas cosas sobre la carretilla. ¡Vamos rápido! ¡Vamos! ¡Vamos! Angélica daba vueltas y vueltas. Carina, muy compungida, cargaba su mochila.

Subimos al alto, cuando el humo nos rodeaba. En eso vimos el fuego a corta distancia, a apenas unos cien metros de la casa. Mis perros quietos a mi lado y mis sobrinas subiendo con dificultad hacia la colina. Las vi usar el teléfono y me di cuenta que no lograban comunicarse. ¡A salir de aquí! ¡Al camino! ¡Salgamos! ¡Salgamos! Ya en el camino, el fuego avanzaba por el cerco de pica pica. ¡Mierda, todo está seco! Y mis sobrinas no van a llegar al portón. Les grito que avancen hacia la otra esquina. Por allí el cerco es débil y podemos romperlo para que salgan. Veo a mi cuñada Marta que va con sus perros y una bolsa. Sus hijos la acompañan. El pequeño Matías estaba siendo rescatado por Chemo de a caballo. ¡Llévatelo! ¡Después vamos a buscarlo!

Sigo por el camino, en dirección oeste. Aparecen camionetas con personas de Nohualhue que vienen a ayudar. Se regresan. El fuego es enorme. Y así nos fuimos alejando. Las muchachas lloraban. La carretilla con que huía Loreto estaba volcada a la salida y no sabíamos hacia dónde había partido. Mi niña no es tonta pensaba, sabe cómo alejarse; pero, llamaba y volvía a llamar a su teléfono sin tener respuesta. Guillermo regresaba de su vano intento por ayudar y gritaba todo cuanto podía el nombre de mi niña. Volvía al sitio del fuego y retrocedía, siguiéndonos. Los demás también gritábamos; pero, nadie nos escuchaba. Los que venían en dirección contraria no la habían visto.



Ya en el bajo, cerca del paradero de micro, vi que junto a la casa de Luisa había fuego. El humo lo oscurecía todo. Apareció el sobrino Alvaro que llegaba desde el pueblo. En ese momento, Loreto me llama al teléfono y sé que está en casa de José, que la había recogido en el camino. Hay mucha gente que decididamente ingresa a la zona que se está quemando. Mientras, llamo y llamo a todos cuantos puedan saber del bus que venía a Saltapura, para saber de mi hermana. Nos fuimos a la cancha del Galvarino. De pronto, en una loma contigua veo humo, saliendo desde los pastizales. El camión repartidor de agua está allí también; pero, reaccionan un poco tarde. El fuego avanza como el agua por la pradera; llega al camino, quemando los matorrales y veo lenguas de fuego que se apoderan de los del frente. De allí, sigue su loca carrera en dirección al estero, al pitranto[3] y las casas de la Clementina, mi prima Norma, el peruano, Guillermo. El sobrino Álvaro, en short y sudadora, impulsivamente se apodera de la maguera del camión y va mojando los pastizales en un vano intento por detener el incendio que – literalmente – nos llega desde las alturas. Le escucho llamar al alcalde y al mismo tiempo quiere llegar al interior de Saltapura, en donde vive su abuela. La tía Raquel, en silla de ruedas, está allí. Nadie sabe cómo llegó. La cuidan mis sobrinas y otras gentes que han llegado. Don Benjamín, el vecino, parece un niño abandonado. En un momento cargan con todos ellos en uno de los vehículos y los alejan hacia el norte. Yo decido seguirlos. En eso, se acerca el ruido de la sirena. Los bomberos de Nueva Imperial han llegado e ingresan a nuestro territorio. Poco antes habían llegado dos helicópteros.






Mientras me alejo, miro en dirección a mi Saltapura y sólo veo humo; la silueta de sus colinas es difusa, los bosques se queman. Seguramente, nuestras casas ya no están y pronto ocurrirá lo mismo con las de más acá. Marta me ha pasado a una de sus perras que va obediente junto a mí y los dos míos. Por el camino, se me perdió el Kona y el Choco se regresó, sin hacer caso a los gritos que le quisieron regresar. Los demás animales domésticos quedaron a su suerte. Sólo vi que Fernando abría la tranca de un potrero, para que sus vacunos salieran al camino; pero, nunca vi el camino que tomaron. Después supe que estuvieron hasta en nuestra quinta. Las ovejas, los chanchos, los pollos, los gatos todos supieron arrancar y sobrevivieron. Los vacunos bramaban; los demás, huían en silencio. Días después, el vecino Cata contaba que vio ratones y conejos huir despavoridos, algunos quemándose.



Desde lo alto de una colina, en Reyke, vi como el fuego arrasaba con más del 50% de Saltapura. Los helicópteros iban y regresaban. Dejaban caer su carga de esperanza una y otra vez. Aparecieron otros de carabineros surcando el aire, seguramente reportando la situación por los sitios en que el fuego ya había pasado. A ratos, se perdían tras las nubes de humo insistente. Ahora ardía la parte baja de Millacoy. El fuego había llegado desde Bolonto. Un extraño viento puelche lo llevó hasta nosotros. Pasó una camioneta de la prensa. Me encontré con Pablo que en moto había entrado al lugar y me dio a saber que la casa estaba allí. Decidí volver cuando la tarde ya se iba. Por el teléfono mi Loreto me informaba que ya estaba de regreso, que volviera.

La casa de Luisa estaba en pie. Los vecinos lograron salvarla. El paisaje era negro. Sólo cenizas y esqueletos de vegetación. El local de la Escuela también estaba y la casa de Benjamín. Sólo unos pocos cercos permanecían levantados, aunque profundamente quemados. Nuestra casa, vieja, desvencijada, estaba allí; pero, a su alrededor todo estaba destruido, teñido de un negro intenso, como la noche que empezaba a cobijarnos, y nosotros sintiéndonos inmensamente desolados. La quinta estaba quemada. Las manzanas pendían achicharradas. Llegaron los bomberos – me cuentan –, ellos salvaron la casa. Pero, la de Víctor, la de Pancho y la de Alejandro ya no están. El fuego entró por el este y por el sur, dejando un pequeño espacio sin quemar; justo en donde se encuentran las casas de Herman, la de mi hermano José y la nuestra. Menos mal que llegaron los bomberos y mucha otra gente de Quilaco, de Hueychahue. Entre todos detuvieron las llamas. La casa del vecino Cata, la salvaron los de Hueychahue y el Pablo Elías. Las historias comienzan a cruzarse, mientras cargamos agua en baldes, para apagar las empalizadas, los troncos  y parte del bosque que sigue ardiendo, ahora en calma. Me introduzco al sitio en que dejamos las cenizas de mi amiga Erna y encuentro el roble de Laurel intacto. Sus cenizas están allí y a su alrededor todo está quemado. Siento que el calor ingresa hasta mis pies. El suelo está caliente. Hay sólo cenizas, unos pocos árboles en pie y un intenso olor a vegetal carbonizado que semanas después seguirá allí.






Esa noche, casi nos amanecimos atentos a cada brote de fuego que se iniciaba. Llegó gente de Nohualhue, en una camioneta, cargando agua que habían tomado de una vertiente del cerro. Los bomberos seguían vigilando por los caminos, los camiones aljibes con agua de río nos abastecían y también la lanzaban en los cercos que permanecían ardiendo. El viento ahora soplaba peligrosamente. Como a las dos de la mañana, hubo fuego intenso junto a la casa de Benjamín y mucha gente que – vaya uno a saber de dónde salía – lo apaciguó. Me fui, por el camino, para vigilar, y me encuentro con mis primas Teresa y Elsa y sobrinas/o que venían a saber de nosotros. En medio de la noche y con muchos fuegos pequeños prendiéndose por todas partes, estuvimos conversando nuestras impresiones. Junto a ellos iba un perro grande y hermoso. Es de la Luisa me informan. Hay muchas camionetas circulando y el perro se acerca a ellas, en busca de su dueña.





El viejo roble de laurel que conocí desde niño, yacía en el suelo, junto a su ropa de enredaderas de kowvj (cogüil). Quebrado en tres partes, se consumía. Parecía un sueño y no realidad. Hacia el sur se veían llamas quemando un pino y matorrales. Fui al cementerio, solo. La puerta y la caseta de entrada estaban quemadas. Recorrí las tumbas y estaban intactas. Nuestros muertos descansaban. Cuando comuniqué este hecho al día siguiente, tuve un suspiro de conformidad por respuesta.

Al día siguiente, de nuevo estuvimos ocupados apagando los rebrotes y comentando el modo en que cada uno lo vivió, de cómo llegó tanta gente a ayudarnos, de que nada se perdió. Por ejemplo, en el apuro, Guillermo dejó la motosierra en el camino de entrada. Esa misma tarde, llegó alguien de Quilaco, cargándola. Fernando vio que de una camioneta roja se bajaron para cargar la carretilla que Loreto dejó en el camino. Al día siguiente, la carretilla estaba en casa. Cuando pregunté quién la trajo, me respondieron: los de la camioneta roja la dejaron allá arriba, en la casa de mi primo, y no preguntaron quieres eran.




Entre otras historias cruzadas: muchos parientes que se hallan en Nueva Imperial viajaron en lo que pudieron. Por el camino, nos encontrábamos, nos abrazábamos y nos conformábamos con estar. Algunas lloraron, porque en ese momento no sabían que su casa estaba sana, y cuando huyeron vieron el fuego muy cerca de ella. Lino me dice que aguantó todo, hasta que llegó a la entrada y vio el viejo laurel en el suelo, quemándose, junto a su envoltura de kowvj. “En ese momento, no me aguanté – me cuenta – y me puse llorar. ¡Era mucho!”. “Terminar así – me comenta su pareja – ¡quemado!”. Siento que hay algo en común y hablamos del escaso bosque nativo tan dañado. Decimos que la asistencia estatal seguramente no lo considerará y acordamos ponernos a trabajar para conseguir recursos. La idea es iniciar un plan de reforestación y cerrarlo. El poco pitranto que había en nuestra casa desapareció, les comento. Del Rono para allá, es lo mismo, toda la vegetación del estero está quemada. Kowvj mawiza, ¿cómo estará?. Por la tarde, vimos que está casi todo quemado. Queremos que esos árboles y arbustos vuelvan a estar con nosotros, laureles, hualles, boldos, arrayanes, michayes, quilas, koliwes, pataguas, copihues, kilos, kulles, pitras, canelos, hongos, olivillos, maitenes, mañíos, desconocidos y demases. Queremos que los animales silvestres vuelvan, porque en los días siguientes muchos de ellos no lo habían hecho. Me encontré con ratones fallecidos en el intento de escapar y una perdiz chamuscada, quieta en su muerte alada. Imagino que se ahogó, porque su plumaje está casi intacto. Yo vi unas lagartijas y una culebra en la plantación de atrás, me dice Fernando. Afortunadamente, el fuego avanzó con mucha rapidez, de modo que los animales que se escondieron bajo el suelo sobrevivieron. Creemos que será posible, porque la gente se mostró solidaria de verdad. Hubo tanta generosidad compartida en esa noche, particularmente. Y en los días siguientes también, especialmente con los que perdieron su casa.




Por la tarde, visitamos a Pancho. Había allí mucha gente construyendo una mediagua. El concierto de los martillos era esperanzador, definitivamente. De la casa de muchos años no quedaba más que escombros. Milagrosamente, el galpón estaba intacto. Me lo apagaron gente de por allá, me cuenta Pancho, porque él atinó nada más que a salir y llevar a su pareja a un sitio en que el fuego no les alcanzara. Los dos estamos viejos, se disculpa. Me ha venido a ver mucha gente y me han traído de todo, agrega. Pero, comenta que la asistencia estatal ha sido lenta, cuestión que corroboro dos semanas después. En la última visita, me dice que le urge recibir una mediagua desde la Municipalidad, porque la rancha que levantaron los vecinos se construyó con lo que él tenía y lo que regaló la gente. Es insuficiente, es precaria la construcción. Esperamos que pronto – quizás en un mes más – lleguen las primeras lluvias. Ojalá. Así se apagarán los troncos y las raíces que siguen quemándose por debajo del suelo.

***

El primer martes de marzo hubo reunión ordinaria en la comunidad. Vino gente de la Conadi, un concejal, uno de Indap y otros más. Informaron que movilizarán recursos para asistir la reposición de cercos y bodegas, principalmente. También, para paliar la crisis del agua. Se mencionaron ideas para construir un tranque comunitario, etc. Con fondos de emergencia, el municipio entregó fardos de paja, al día siguiente; pero, a los animales mayoritariamente no les satisface. Acordamos levantar un catastro de todas las pérdidas, porque el realizado por las funcionarias del PDTI fue parcial. Ellas recorrieron las casas, al día siguiente, pero la gente estaba muy choqueada y omitió información relevante, como quintas, bosque nativo y chacras. También conversamos de cómo proceder en caso de que la catástrofe se repitiera. La organización no estaba preparada. No formamos un comité en forma inmediata, por ejemplo. Todo fue impulsivo. De esta tragedia tenemos que aprender.

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Finalmente, informo que la reconstrucción es una tarea que será lenta. Cuando llegue el momento de levantar los cercos – una vez que haya llovido y los suelos estén blandos – requeriremos de gente que pueda colaborar haciendo hoyos para estacar, y para estirar las mallas y alambres. Suponemos que llevará todo el otoño y parte del invierno. Tendremos que hacer un gran malaltun (mingako de cerco) que, predio por predio, vaya dejando las cosas como estaban. Lo mismo habremos de hacer para reponer el bosque nativo que perdimos[4]. Nosotros, en casa, veremos si podemos repoblar de manzanas la quinta que construyeron papá y mamá al momento de iniciar su vida juntos. Por ahora, veo como agonizan los árboles que mi padre plantó. Mamá me contó alguna vez que se dedicaron a hacer almácigos de las diferentes variedades que encontraron, que las criaron y a los años instalaron la preciada quinta. De allí nos proveímos de chicha y orejones. En el último tiempo – además – se vendían algunos sacos. El año pasado, se hizo xafkintu de manzanas por papas. Este año no habrá chicha queridos borrachines. Habrá que ingeniárselas para brindar por la poca vida que nos queda.

De momento, espero que, de entre quienes leen este blog, algunos acudan al llamado de mingako si así ocurre, ya que en una de esas, con la gente de acá baste.




































[1] El incendio ocurrió la tarde del 25 de febrero. Se dice que se inició en el sector de Pilolcura, Bolonto, introduciéndose a Saltapura. Lo detuvieron en Millacoy. Era un día caluroso, despejado, seco.
[2] pulchén: restos de hojas calcinados que son llevados por el viento.
[3] Pitranto: Chilenismo para denominar un conjunto de pixa (pitras), árboles que crecen en los esteros y mallines (lagunas temporales).
[4] Actualmente hay muy poco bosque nativo en Saltapura; sólo algunas familias los conservan; nosotros, entre ellas.

lunes, 9 de marzo de 2015

9º Mingako: Búsqueda de leña










Fotografías: Erwin Quintupill y Eduardo Cabello

9º MINGAKO KULTURAL: NOTA FINAL



Ya han transcurrido un par de semanas desde que finalizaran las actividades. Ahora queda la deuda de realizar lo que faltó. Es necesario capacitarse en el desarrollo de capacidades manuales, si se quiere permanecer en el campo y de ese modo ocupar el tiempo que otras actividades nos dejan, particularmente en los lluviosos días que vendrán.

Fotografía: Carina Raguileo

 El sábado 14 fue la jornada final. Asistieron un pequeño grupo de personas como es usual. (Lo más que ha llegado a haber es – quizás – unas treinta a cuarenta personas.


Fotografía: Jorge Sir

Lo primero fue presentar el problema del agua, cada día más crítico. Nosotros, por ejemplo, estamos cerca de quedarnos con el pozo seco. (En este momento estamos siendo abastecidos por la Municipalidad). Entre lo conversado quedó claro que:

-         es un problema que afecta a la mayoría,
-         va en aumento,
-         algunas personas creen que el programa de agua potable rural lo resolverá todo,
-         otros piensan que no, porque las napas están siendo afectadas por igual en diferentes partes del territorio,
-         no existe la intención declarada de utilizar el agua racionalmente.

Fabián Lira, quien fuera el instructor en la construcción del baño seco de la Asociación Xafazkintun, realizó la presentación del mismo, como una forma de ahorrar cantidades importantes de agua. La gente escuchó y visitó el baño, ubicado en el mismo lugar en que se realizó el acto artístico y cultural. Observaron sus componentes. Se les explicó su modo de operar y las ventajas que presenta a mediano plazo y después en forma definitiva. El público siguió con atención a Fabián.



Fotografía: Angélica Raguileo


Fotografía: Angélica Raguileo


Fotografía: Carina Raguileo


Fotografía: Carina Raguileo


Fotografía: Carina Raguileo

Posteriormente, realizó una demostración acerca de cómo utilizar envases plásticos, para optimizar el agua de riego.

Terminada la participación de Fabián, vimos “Agua de Luma”[1], un documental de unos 25 minutos de duración, que muestra testimonios de diferentes peñi y lamgen de nueve localidades de la zona de Lumaco, respecto de los efectos que padecen debido a la escasez de agua: Un relato dramático; pero, necesario, ya que la situación se comienza a replicar en Saltapura y sus alrededores.

***

No tenía considerado leer poemas míos es esta ocasión; pero, LUANKO no llegó a la hora de inicio y por más que le llamaba a su teléfono… no tuve respuesta. Hube de improvisar. De ellos, les comparto “Sobre cosas cotidianas”. Léalo en http://poesiamapuche.blogspot.com/2015/03/sobre-cosas-cotidianas.html


Fotografía: Angélica Raguileo

Posteriormente, vimos el documental “Tregül purun”[2], una realización de Carlos Coche y otros dos peñi. Se trata de la danza que realizan en la zona precordillerana de Cunco, con ocasión del gijatun. Creo que es influencia pewence, porque la he visto en la zona de Lonquimay, en Quinquén y en al Alto Bío Bío. En el mismo documental un peñi dice que habría llegado desde Puel Mapu. En toda esa zona, los hombres son protagonistas principales durante la realización del gijatun.

De cada familia salen cinco hombres a danzar – niños y adultos –. Los logko y algunos adultos hacen la música, y las mujeres le cantan a cada uno de los danzantes. (Son cinco toquidos diferentes).

***

Finalizábamos la presentación del video, cuando llegó el peñi LUANKO, de modo que habiendo hecho algunos comentarios sobre la danza nos fuimos a su presentación. Presentó sus tres discos: “Yo soy Luanko”, “A pies pelados” y “Tradición oral”. Interpretó siete canciones que el público siguió con atención. A mí – en particular – la que más me impresionó fue “Ya no queda agua”. También incluyó “Rap de la Tierra”, “Sáquennos”, “A pies pelados” y otras.


 Fotografía: Angélica Raguileo


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Carina Raguileo

En la parte final, Martín Raguileo hizo la presentación de dos juegos infantiles tradicionales. Sin embargo, participamos todos. Nadie se quiso restar. Jugaron niños y adultos, hombres y mujeres. El primero se trata de lanzar boleadoras a unos koliwe ensartados en el suelo y posteriormente a una persona que simula ser un coyke[3]. El segundo, consiste en que las personas forman un círculo estrecho, en cuyo interior se ubican dos de los participantes. Ambos deben estar vendados. Una de las personas dice “mau” y la otra responde “millan”. Millan debe encontrar a Mau. Quienes están formando el ruedo, dirán “faw”, cada vez que Mau los toca. De ese modo, Millan sabrá en donde se encuentra.


Fotografía: Carina Raguileo


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Jorge Sir


Fotografía: Angélica Raguileo


Fotografía: Angélica Raguileo


Después nos fuimos a casa y compartimos comida y chicha. Fue una entretenida conversación, al igual que en años anteriores. Con  el peñi Luanko y su familia hablamos de muchos asuntos: de nosotros mismos, de nuestros mayores, de las dificultades, de las alegrías, etc. El resto de la gente se dedicó a lo mismo.

Agradecimientos a:

Mis amigos Jorge, Isabel, Eduardo y Alicia, porque me ayudaron en todo.
Fernando Raguileo, por el afiche y todo lo demás.
Mi familia, por su disposición.
Teresa (presidenta de la organización comunitaria), por conseguir la amplificación.
Luanko por compartirnos lo que sabe hacer y su pensamiento.
Olga por la serigrafía y más.
Martín Raguileo, por los juegos.
Michel por venir, sin conocernos y por buscar leña.
Carlos Coche por el video “Tregül purun”.
Fabian Lira por su entusiasmo, por el baño seco y la demostración sobre como utilizar los envases plásticos para optimizar el riego.
Quienes trajeron mate, pan, keke y no recuerdo que más, para compartir durante la realización del acto.
Mi lamgen Erika, por visitarnos.
Olegario, Marina y Marta Canales por jugar como niños, junto a los niños.
Los niños y niñas por su participación.
El dueño de la micro, por la publicidad.

¿Se me olvida alguien? Seguro. Un abrazo para ellos/as.

Comentario final: El tono de esta nota me ha resultado árido. Me disculpo; pero es reciente el fallecimiento de mi amiga Erna (días antes del Mingako) y un incendio que arrasó con algunas casas, los pastos, los cercos, el bosque nativo, animales silvestres  y algunas plantaciones. Ya escribiré sobre ello. (Todos estos días, he estado llevando agua al bosque para apagar los troncos y raíces viejas que no paran de quemarse).



[1] Realización de Julio Parra, Gabriel Oviedo, Hugo Oviedo y Nicolás Venegas. (Disponible en Youtube).
[2] Xegvl purun (tregül purun): Danza de hombres con ocasión del gijatun en la zona pewence y precordillerana.
[3] Coyke: avestruz o ñandú.

miércoles, 11 de febrero de 2015

9º MINGAKO KULTURAL (3ª NOTA)



El miércoles 3, por la tarde se realizó la primera actividad de este Mingako. Asistieron: Carina, Martín, Fernando, Salvador, Onésima, Carlos y yo. Todos bajo la mirada atenta de Olga.

Cada participante realizó las siguientes tareas:

ü      Un dibujo (para estampar).
ü      Calcar el dibujo a papel diamante.
ü      Colocar tela a un bastidor.
ü      Aplicar emulsión.
ü      Aplicar luz al bastidor, bajo la que situó el papel diamante con el dibujo.
ü      Aplicar agua a presión, para retirar restos de emulsión.
ü      Estampar trozo de género y/u hoja de papel.

El más destacado, en mi opinión, fue Salvador. Con 12 años, demostró creatividad y un pulso envidiable.

El grupo prometió reunirse de nuevo, el viernes 13 – en la víspera de la actividad de cierre – para estampar varios dibujos, y con ellos hacer la escenografía, para el acto del sábado. Si es posible, se estamparán otras cosas. Será el modo de dar a conocer los resultados del Taller.

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Fernando ideó un afiche – pa variar – muy bueno el que también pensamos estampar, para que quien quiera se lo lleve de recuerdo.

ü      (Las fotografías las quedo debiendo).

ü      El taller de mosaico con cerámicas queda pendiente. (El negocio en donde se compra el material está cerrado hasta marzo).

ü      El taller de artesanías con madera nativa reciclada queda pendiente. (La fecha se dará a conocer oportunamente).

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El programa del acto final, también ha experimentado algunos cambios, las que se concentrarán en el sábado 14, a partir de las 15 horas, en el local de la Asociación Xafazkintun (Ex escuela de Saltapura).



15.00 horas                LA CRISIS DEL AGUA (conversación)
                                  
ü      Presentación de baño seco (Fernando Raguileo).
ü      Video: “Lumaco”.
ü      Taller. (Fabián Lira).

Hablaremos del problema de escasez de agua en esta temporada, sus posibles causas y soluciones.

16.30 horas                ACTO ARTÍSTICO

ü      Video: Xegvl purun (La danzad del treile). Presenta Carlos Coche
ü      Poesía
ü      LUANKO (hip hop mapuche)

17.30 horas                JUEGOS INFANTILES MAPUCHE

                                   Conduce Martín Raguileo




Muy importante: Quienes viajen a Saltapura, avisen. De ese modo, podré planificar mejor la alimentación y alojamientos.

Traer comida (coordinar conmigo), carpa y saco de dormir y bebestibles. (El pueblo más cercano está a 16 km y no hay locomoción).

Mi fono es 77965113.

El horario de la locomoción está publicado en este mismo blog. (Ver 2ª nota).


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Dedico esta novena versión a mi amiga Erna Matus, por lo luchadora que ha sido desde que la conozco, y por su actual pelea cotidiana en contra una enfermedad de carajo.

NOTA FINAL

Esta nota fue escrita el lunes por la tarde. Ayer, a poco más de las 17.00 horas se fue mi amiga Erna.El 18 de enero pasado conversamos. Me dijo que deseaba que una parte de sus cenizas quedaran en Saltapura, porque en ese lugar había sido muy feliz... Sus hijos me dieron a saber que pronto viajarán para hacer realidad el deseo de su mamá...

Mientras tanto sigo en las tareas de mi 9º Mingako... No viajo a Concepción. Está conversado... La vida continúa como estaba planeada...

A mi amiga, la espero aquí... para acogerla y a su familia, darle la alegría que antes ella disfrutó.



Erna y Moli. 7º Mingako.
Fotografía: David y Justine


Erna. 7º Mingako.
Fotografía: David y Justine


7º Mingako
Foto: Carina